viernes, 12 de agosto de 2011

NUEVO - Obsesionados con el sexo - Cap. 1


¡Hola! Aquí estoy de nuevo, con una nueva historia.
Los personajes son los mismo (viva el Frerard xD) y es la última historia sobre ellos que escribiré en un tiempo. Tengo nuevas ideas pero ya no serán sobre ellos.
Espero que las que leísteis mis fics anteriores no me hayais abandonado y leais este también.
Y que me comenteis que os parece, como siempre xD


Le dedico este capítulo a la grandiosa y genial Sara Chemical Dream. Muchas gracias por tus comentarios y tu apoyo. Ya te dije que eres mi lectora favorita :)

Pero a las demás os quiero igual, que lo sepais ^^



Y sin más, aquí va el primer capítulo.


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Capítulo 1



"Oh, mierda, otra vez no..." pensaba Gerard mientras estaba en clase.
Había dejado volar su pervertida imaginación y ahora tenía un problema dentro de su pantalón. Y no era la primera vez que le ocurría.

Gerard Way es un chico de 19 años que solo tiene una cosa en la cabeza: SEXO. No es que sea un salido, simplemente AMA el sexo y no puede evitarlo.

Way pidió permiso para salir de clase y se dirigió al baño rápidamente para solucionar las cosas. Entró a toda velocidad sin fijarse ni si quiera si había alguien más allí dentro y abrió la puerta de uno de los cubículos. Pero no se imaginaba lo que encontraría dentro.

Allí había un chico un poco más bajo que él apoyado contra la pared, con los ojos cerrados y la mano dentro de su pantalón, gimiendo como un loco.

El chico era Frank Iero, de 18 años.

Gerard se quedó paralizado hasta que notó que su pantalón cada vez le apretaba más y más.

G- Mierda... -Murmuró antes de darse la vuelta para ir a otro cubículo.

El otro chico le escuchó y abrió los ojos justo a tiempo para verlo marcharse. Terminó con lo que estaba haciendo y salió de cubículo. Se acercó al lavabo a lavarse las manos, avergonzado porque le habían pillado, cuando comenzó a escuchar gemidos débiles de donde el otro chico se había metido. Los sonidos aumentaban y cada vez eran más desesperados, hasta que escuchó un último grito y todo quedó en silencio excepto por el sonido de la ropa al colocarse.

Frank se apoyó contra el lavamanos y esperó a que el otro chico saliese. Éste salió, se lavó las manos y se giró hacia Frank.

-Ey tío, perdona por interrumpirte antes. -Le dijo mientras reía.

Frank sonrió de medio lado- No te preocupes. Casi me has ayudado a llegar y todo.

G- ¿Eres un pervertido no? -Dijo Way levantando una ceja.

F- Mm.. Tal vez un poco. -Frank amplió su sonrisa- Frank Iero -Añadió tendiendo una mano al otro.

G- Gerard Way. Y también soy un poco pervertido.

Los dos se echaron a reír. Salieron del baño y decidieron que no les apetecía volver a clase así que se dirigieron al patio donde nadie los viese y se tumbaron en el césped mientras charlaban.

G- Así que en vez de estar en clase te vas al baño a pajearte ¿eh? -Bromeó Gerard.

F- Algo así... -Dijo mientras reía- Y por lo que he oído allí dentro, tu igual... -Le guiñó un ojo- Nah, en serio, es que hay veces que no puedo aguantarme, esté donde esté. Ya te he dicho que soy un poco pervertido.

G- Vaya, por fin encuentro a alguien como yo -Se carcajeaba Gerard.

Estuvieron hablando durante el resto de clases y descubrieron que realmente eran muy parecidos. Los dos estaban obsesionados con todo lo que estuviese relacionado con el sexo y no le hacían ascos a nada. Les daba igual donde, cuando y como.

Cuando terminaron las clases salieron del recinto para irse cada uno a su casa.

G- Oye, ¿quieres venir a mi casa a ver unas películas? -Le preguntó Gerard a Frank.

F- ¿Películas? ¿De qué tipo? Espero que sean las que me imagino... -Frank miró al otro de forma traviesa.

G- Justo esas, nene. -Le guiñó un ojo y se encaminaron a casa de Gerard.

Llegaron, Gerard saludó a su madre Donna y subieron a su cuarto, pero por el camino se encontraron con su hermano.

-Ey, Gerard, ¿quién es él?

G- Hola Mikey. Él es Frank.

Los dos se estrecharon la mano.

M- Y ¿qué vais a hacer?

G- Vamos a ver unas películas...

M- Ui Frank, ten cuidado porque mi hermano es un salido. A saber qué películas te pone.

F- No te preocupes Mikey. Seguro que no pone nada que no me guste... -Dijo Frank dirigiendo una mirada cómplice a Gerard.

G- Bueno Mikey, nos vamos a mi cuarto, no molestes anda.

Frank se despidió de Mikey y entró a la habitación de Gerard detrás de él. Se quedó quieto mirando la habitación, asombrado.

G- ¿Qué esperabas? ¿Una habitación llena de artilugios sexuales, fotos y revistas porno o cosas así? -Preguntó Gerard riendo por la cara que tenía Iero- Aunque bueno, esas cosas las tengo, pero escondidas. No quiero que mis padres piensen que soy un depravado.

Frank rió- No, no es eso. Es que tu habitación es casi idéntica a la mía... Tenemos un par de posters iguales, como ese de los Misfits. Y el de Iron Maiden. Parece que no solo somos igual de salidos, sino que nos gusta la misma música. -Comentó riendo.

G- Vaya, parecemos almas gemelas -Gerard levantó las cejas- Bueno, ¿vemos las películas?

Frank sonrió con lascivia y se tiró en la cama de Gerard, con la espalda apoyada en la pared y de frente a la televisión. Gerard rebuscó en un armario y sacó una caja perfectamente camuflada repleta de películas.

G- Elige: Hetero, gays, lesbianas, porno bisexual, hentai, sexo duro, orgías, bondage, dogging, sadomasoquista... (1)

F- Vale, vale, vale. Me ha quedado claro que tienes de todo -Le interrumpió Frank sin para de reír- Las orgías me gustan.

G- Debí imaginarlo -Gerard se dirigió a la televisión, puso la película y se giró hacia Frank- Lo siento pero yo para ver estas cosas estoy más cómodo sin pantalones. -Y dicho esto se los desabrochó y se los sacó de un tirón.

Frank se quedó atontado mirando a Gerard, quien ya tenía una ligera erección que se notaba en sus boxer. Cuando Gerard se dio cuenta de lo que miraba, dejó escapar una risilla y se acomodó al lado de Frank, en la misma postura que él.

G- No te molesta ¿no? -Preguntó.

F- No, claro, no hay problema. Yo en mi casa hago lo mismo...

G- Puedes quitarte los pantalones si quieres. Para estar más cómodo, digo. Solo estamos los dos.

F- No, da igual, estoy bien así. -Dijo mientras le sonreía.

G- Okay, pongamos la película y disfrutemos. -Los dos sonreían.

Comenzó la película y al poco rato estaban los dos más que empalmados. Gerard se acariciaba sobre el boxer, intentando disimular un poco. Y a Frank le molestaba el pantalón. MUCHO. Así que de repente se puso en pie y se lo quitó corriendo, volviendo a sentarse, mucho más cómodo.

G- Ya te lo dije. -Bromeó Gerard sin dejar de mirar la película.

Way seguía sobándose sobre la tela y se le escapó un gemido, lo que hizo que Frank se calentase más de lo que ya estaba y no pudo aguantar más, por lo que metió su mano bajo el boxer y comenzó a masturbarse rápido y fuerte, intentando no gemir muy alto, pues estaban Donna y Mikey.

F- Mmm, joder.. -Jadeaba Frank mordiéndose el labio.

Gerard dejó de lado la tela de su boxer y metió su mano bajo ésta, agarrándose duro, pero moviéndose más despacio, gimiendo tanto o más que Frank.

Continuaron así largo rato y cuando la película estaba por terminar se corrieron en sus manos, quedando exhaustos.

F- Oh, dios, eso ha sido bueno, nene... -Comentó Frank con la voz agitada.

G- MUY bueno. Y tener a alguien al lado haciendo lo mismo lo hace más excitante... -Rió.

Gerard cogió una caja de pañuelos que tenía preparada para casos como este en la mesita de noche y se la tendió a Frank para que se limpiase. Se limpiaron y se tumbaron en la cama un rato hasta que su respiración se normalizó.

F- Bueno, ha sido un placer pero creo que ya es tarde, es hora de irme a casa. -Frank se levantó y se puso el pantalón mientras que Gerard no podía evitar mirarle.

F- Gerard, te estoy hablando. -Frank agitaba una mano frente a la cara del otro.

G- Perdona, estaba pensando en... Da igual. ¿Qué decías?

F- Que si nos vemos mañana en el instituto.

G- ¡Claro! Allí nos veremos. Venga, te acompaño a la puerta. -Se levantó de la cama y se puso una sudadera.

F- ¿Vas a salir así, en boxer? ¿Qué va a pensar tu familia que hicimos? -Dijo Frank riendo.

G- Que piensen lo que quieran. -Respondió encogiéndose de hombros y salió del cuarto, con Frank siguiéndole.

En el camino se cruzaron con Donna, que al ver a Gerard le regaló una mirada interrogante, pero su hijo pasó completamente y siguió caminando hasta la puerta, donde se despidió de Frank.

Un solo día de conocerse, y ya estaban seguros de que esa amistad no se rompería fácilmente.



Continuará...



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(1) Aquí os dejo la definición de unas palabras (tipos de porno exactamente xD), por si no sabeis lo que son:

Hentai: Manga porno
Bondage:
arte de atar a otra persona, dentro de un ámbito erótico, ya sea en su totalidad o parte del cuerpo.
Dogging: Sexo al aire libre

sábado, 6 de agosto de 2011

This is the best day ever - Cap. Especial (parte 2)

ADVERTENCIA: Alto contenido sexual, no apto paracardíacos. Se recomienda leer con un vaso de agua al lado.

¡Disfrutad!


Anteriormente...


-¿Y ahora dónde vamos? -Preguntó Gerard antes de arrancar.
-Mm, no sé.. ¿Dónde quieres ir? ¿Te apetece tomar algo?
-¿Y si vamos a tomar un café? -Preguntó Gerard con emoción, por lo que Frank rió por lo bajo.
-Qué predecible eres, nene. Vamos entonces, yo conduzco ahora ¿si?
-Está bien.
Lo que Gerard no se imaginaba es que aún le quedaban más sorpresas por descubrir...
 


Capítulo especial (segunda parte)
 


Frank arrancó el coche e inició el camino hacia el café donde los dos pasaban horas y horas charlando y en alguna que otra ocasión en situaciones comprometidas en el baño del local.
Cuando llegaron, Frank paró en la puerta.
-Adelántate, nene. Voy a aparcar y vengo. Pídeme lo de siempre. -Le guiñó el ojo y arrancó de nuevo mientras Gerard entraba al café.
-Hola Kate, ¿qué hay? -Saludó a la camarera.
-Hola Gerard, ¿qué vas a tomar?
-Lo de siempre. Café doble y café con una gota de leche para Frank, ya sabes como le gusta.
-Ok, ahora mismo te lo sirvo, siéntate. -Sonrió y comenzó a preparar el pedido.
-Gracias. -Fue hacia la mesa de siempre.
-¡Por cierto, espera! -Kate entró al almacén y regresó con un maletín- Toma, esto es para ti. Lo dejaron aquí ayer.
-¿Para mí?
La camarera asintió con la cabeza mientras y Gerard cogió el paquete antes de que volviese a su trabajo. Se sentó y dejó el maletín sobre la mesa para esperar a Frank.
Pasó un cuarto de hora y Frank aún no llegaba, así que Gerard decidió abrir el maletín antes de morir de curiosidad.
Se trataba de un maletín negro con los bordes dorados y dos broches del mismo color. Lo abrió y se encontró con todo lo que una persona que se dedica a la pintura necesita: carboncillos, pinceles, tubos de pintura, lápices, tinta, plumillas...
Y entre todo ello, un pequeño pedazo de papel con una perfecta letra totalmente reconocible por Gerard que decía:


"Con esto he cumplido uno de tus deseos. Ahora te toca a ti cumplir uno de los míos."

En ese momento, mientras Gerard leía la nota, Frank se sentaba a su lado.
-Pensé que no lo abrirías nunca. -Gerard pegó un brinco, pues estaba tan absorto con su regalo que no se había enterado de que estaba a su lado.
-Joder, me asustaste. -Le recriminó, llevándose una mano al pecho.
-¿Te hago este pedazo de regalo y tú me regañas por asustarte? -Preguntó cruzándose de brazos y recostándose en el respaldo de la silla.
-Perdona mi amor, pero estaba tan distraído mirando esto... Joder, cuánto te amo, Frankie.
-¿Te gustó entonces? -Volvió a incorporarse con una sonrisa en su rostro sabiendo que había acertado con su regalo.
-Dios, claro que me gusta. Pero Frank, no tenías que regalarme todo esto. Con el disco de Misfits me había valido para, mm... todo un mes. -Le dijo mientras reía, haciendo reír también a Frank.
-Es que este regalo es para los dos. Ya has leído la nota, ahora te toca a ti cumplir mi deseo y para eso necesitas el maletín.
-¿Y cuál es tu deseo?
-Quiero que me pintes -Hizo una pausa y se acercó al oído del otro para susurrar- Desnudo.
Cuando se separó para mirarle a los ojos se mordió el labio. Gerard sonreía y se pasaba la lengua por los labios, haciendo que Frank muriera por besarlo.
-Cumpliré tu deseo con mucho gusto. Pero tenemos que ir a mi casa, porque allí tengo...
-No te preocupes por eso. -Le cortó- Ya lo tengo todo preparado. -Le guiñó un ojo y dedicaron los siguientes minutos a besarse.

Cuando tomaron sus cafés y le agradecieron a Kate todo lo que había hecho, fueron a por el coche.
-Imagino que conduces tú... -Tanteó Gerard.
-Sí, solo yo sé dónde vamos.
Ya en el coche, Frank iba conduciendo cuando sintió la mano de Gerard sobre su muslo derecho, moviéndose sugerentemente de arriba a abajo.
-Gee, si sigues así no llegaremos al vivos. Soltaré el volante y me lanzaré encima de ti. -Le advirtió, haciéndole reír.
-Es que... Tengo hambre. -Se quejó.
-¿Qué quieres cenar? -Preguntó mirando su reloj.
-A ti.
Frank apartó los ojos de la carretera y los centró en Gerard, que tenía la vista pegada en él y se mordía el labio.
-Ya me comiste antes, ahora me toca a mí comerte a ti. -Le lanzó un beso y volvió a mirar al frente.
-¡Pero yo quiero repetir! -Dijo haciendo un puchero.
-Bueno, ya veremos. De momento ponte el pañuelo en los ojos otra vez. ¡Y no hagas trampas, que te conozco Gerard Way!
El aludido estalló en risas y se ató el pañuelo.
-Ya está.
-¿Seguro que no ves nada? -Cuestionó, pasando una mano frente a su cara.
Gerard ladeó la cabeza en negativa y Frank tomó su mano.
-Bien. Ya casi llegamos. -Le informó mientras acariciaba el dorso de su mano.
A los pocos minutos llegaron a la puerta de un conocidísimo y elegante hotel de la zona. Frank bajó por su lado y se acercó al de Gerard para ayudarle a salir y guiarle al interior mientras el aparcacoches se llevaba el auto.
-Ya hemos llegado, Gee.
-¿Dónde estamos? -Preguntó antes de intentar destaparse los ojos.
-Eso aún no puedo decírtelo. -Le respondió impidiendo que se destapara- Yo te guío, espérame un momento.
Frank se acercó a recepción, habló con el hombre que estaba allí y volvió a por Gerard con la llave de una habitación.
Le guió hasta el ascensor y subieron, quedando de frente a la puerta, Frank abrazando a Gerard desde la espalda y dándole besitos en el cuello que le hacían suspirar.
Después de un rato que hizo pensar a Gerard que habían subido bastantes pisos, el ascensor se detuvo y Frank le empujó fuera.
Le dirigió hasta la puerta, abrió y le hizo pasar hasta llegar al centro de la habitación, donde le quitó la venda y se alejó, dejándole contemplar el lugar.
La poca luz que había provenía de una veintena de velas distribuidas por la habitación y todo lo que dejaba ver era de color blanco: las cortinas, la alfombra de piel, las sábanas de algodón que cubrían la enorme cama...
Junto a la cama había una cubitera con una botella de champán recubierta de hielos y un par de copas de cristal.
Gerard aspiró el dulce aroma de los aceites que invadía la habitación.
Justo en ese momento llegó Frank a su lado, cargando un caballete con un lienzo, el cual dejó al lado del mayor antes de acercarse a él despacio.
Pasó una mano por su pelo mientras Gerard cerraba los ojos ante el contacto, sin quitar la sonrisa de su rostro. La otra mano la pasó por su cintura y le atrajo hasta él para quedar pegados y acercarse a sus labios sin juntarlos por completo, provocando a ver quien caía antes en la tentación.
Y finalmente fue Gerard quien cayó, lanzándose de lleno al interior de la boca del otro, colando su lengua hasta lo más profundo y sujetándose con sus manos del culo de Frank, apretándole más a él y dejándole notar su creciente dureza.
Cuando Frank notó que si seguían no habría vuelta atrás, se separó un poco, escondiendo el rostro en la curva del cuello del mayor y susurró contra su piel:
-Recuerda que tenemos un trato. Primero mi deseo.
Y dicho esto acercó el maletín que había subido Gerard al lado del caballete y se colocó en frente.
-¿Dónde y cómo quiere el artista que me ponga? -Preguntó mientras desabrochaba su chaqueta y se la quitaba, dejándola caer en el suelo.
Gerard se lo pensó sin dejar de mirar cómo se desnudaba y cogió una butaca y la puso frente al lienzo.
Cuando la colocó, se acercó a Frank, que ya tenía el torso descubierto y se había descalzado.
-¿Necesita el modelo ayuda para desvestirse?
-Por favor. -Contestó con tono inocente pero un brillo de lascivia en la mirada.
Gerard acercó sus manos al cierre del pantalón de Frank y, mordiéndose los labios, lo abrió y deslizó la prenda hasta el suelo, donde el otro terminó de sacársela con los pies.
A continuación, Gerard acarició la cintura del menor con las yemas de sus dedos haciéndole estremecer. Pero cuando sujetó la goma de su boxer se detuvo.
-Me gusta más que te los quites tú para ver cómo lo haces y te quedas desnudo frente a mí. -Pasó su lengua por los labios del otro y se alejó lo justo para que pudiese desnudarse.
Y eso hizo, tal y como sabía que a Gerard le gustaba, despacio, sin dejar de mirarle.
Comenzó deslizando los lados del boxer y cuando llegó a la altura de su hombría se dio la vuelta, quedando de espaldas al mayor.
Terminó de bajarse la prenda y cuando se agachó para sacársela, Gerard le sujetó de la cintura desde atrás, rozando el bulto de su pantalón con el trasero desnudo de Frank.
-Te has dado la vuelta, eso no vale. -Susurró sobre su oído y le mordió la oreja.
Frank se incorporó riendo.
-Haberme desnudado tú. -Se giró para quedar frente a frente y le besó levemente.
Gerard le apretó las nalgas y le mordió el labio inferior antes de separarse.
-Siéntate aquí. Pon los brazos en los reposabrazos. Flexiona la pierna izquierda y súbela en la butaca. Y la otra sobre el suelo, estirada. -Frank fue haciendo todo lo que le decía.
Cuando estuvo preparado, Gerard se colocó detrás del caballete y comenzó con su dibujo a carboncillo.
De vez en cuando se miraban a los ojos y sonreían.
Way tuvo que desabrocharse el pantalón para que dejase de molestarle y eso calentó a Frank.
-Nene, si te empalmas tengo que cambiar el dibujo. -Comentó con una risilla.
-¿Y por qué no mejor me pintas empalmado? Para que vean lo que me provocas...
-Em... -Gerard lo pensó sin dejar de mirar cómo el otro pasaba su lengua por sus labios de forma sensual- Está bien, pero entonces empálmate del todo, no a medias. -Aceptó riendo de nuevo.
-Tú eres el que puede conseguirlo más rápido... -Dejó caer Frank y Gerard se acercó al él.
Acercó su nariz a su cabello y aspiró su aroma mientras pasaba la mano derecha por la pierna flexionada del otro y después por su abdomen y su pecho.
-Mmm, creo que hay una forma mejor y más efectiva. -Comentó para sí mismo.
Y dicho esto, se arrodilló frente a Frank, que seguía en la misma postura y le miraba atento a todo lo que hacía.
Gerard se coló entre sus piernas y se acercó a su entrepierna, aspirando su aroma igual que había hecho antes con el cabello. Sólo con eso, el miembro del otro aumentó de tamaño, haciendo sonreír a Gerard al verlo.
-Gerard, eres un madito pervertido por olerme ahí. -Le regañó mordiéndose la lengua, y la respuesta de Gerard fue una mirada traviesa y una lamida desde la base hasta el final de su hombría, irguiéndola por completo con esa única caricia.
-Sabía que sería más fácil así. -Rió por el color rojo que había subido a las mejillas de Frank y se levantó para volver a su lugar y terminar de pintar.
Tras un rato, el dibujo estaba acabado y Gerard y Frank muertos de ganas por estar entre los brazos y piernas del otro.
-Enséñamelo. -Pidió Iero levantándose y caminando hacia el caballete, pero Gerard le detuvo a medio camino poniendo las manos sobre sus hombros.
-No, cielo. Yo ya he cumplido y ahora estamos en paz, así que vamos a disfrutar de nosotros mismos un rato. -Le dijo mientras le empujaba hacia la cama.
Frank se mordió el labio y le miró con deseo en sus pupilas.
-No me puedo negar a eso... -Y se lanzó a la boca de Way, mordiéndole la lengua cuando éste intentó colarla en su boca, por lo que soltó un quejido que hizo reír al menor hasta ser él quien coló su propia lengua en la boca del otro, acariciando con ella cada milímetro que podía, desde su paladar hasta sus encías pasando por los dientes y la lengua de Gerard, con la que inició una pelea donde ambas chocaban y se enrollaban de una forma que a cualquiera desde fuera le habría parecido obscena.
Mientras se besaban, Frank consiguió quitar los pantalones de Gerard, pero al tirar de ellos hizo que los dos cayesen en la cama entre risas.
Un vez ahí, Gerard se acomodó boca arriba y el otro encima de él, atacando de nuevo su boca mientras se apoyaba con las manos a ambos lados de la cabeza de Way y éste le acariciaba los costados.
-¿Quieres que te desnude? -Preguntó Frank sobre los labios ajenos.
El cuestionado solo pudo asentir con la cabeza.
-¿Y cómo quieres que te desnude? ¿Con las manos? ¿O prefieres que te quite el boxer con mis bonitos dientes? -Utilizó el tono más sensual que poseía, quemando a Gerard por dentro.
-Con l-los dientes...
Iero le dio un beso sobre los labios y bajó a su barbilla, a su cuello, llegó a su clavícula y le dejó algunos mordiscos y besos que le dejarían marcas. Después bajó por el esternón, recorriéndolo con la lengua y desviándose un momento hasta el pezón izquierdo para morderlo y lamer, escuchando el primer gemido de Gerard de esa noche. Siguió su camino y llegó al ombligo, donde volvió a detenerse a jugar con él, rodeándolo y hundiendo su lengua en él, provocando que el estómago de Way se contrajese.
Gerard estaba desesperado por la lentitud de Iero, así que puso una mano sobre su cabeza y le empujó hacia abajo, por lo que Frank no pudo evitar reír.
Por fin llegó a su entrepierna, dura como una piedra y totalmente erecta, pero quería provocarle un poco más, por lo que acercó su cara hasta su hombría aún tapada y la rozó con la nariz un par de veces para luego pasar su lengua por el mismo sitio, humedeciendo la prenda, y echar su aliento sobre ella.
-¡Joder, Frank! -Jadeó.
-¿Qué pasa? -Pregunto haciéndose el desentendido- ¿No te gusta? -Puso cara de pena.
-Demonios, claro que me gusta. Joder, me encanta, nene. ¡Pero quítame el puto boxer de una puta vez!
Frank estalló en risas y decidió hacerle caso antes de que a Way le diese un ataque de ansiedad o algo parecido. Enganchó el borde derecho del boxer con los dientes y tiró de él todo lo que pudo y después hizo lo mismo con el lado izquierdo. Por último, mordió la parte delantera de la prenda y la bajó hasta casi las rodillas, rozando su hombría con su redondeada nariz, para terminar de quitarla con las manos.
Después se sentó sobre sus talones, dobló las rodillas de Gerard y las abrió, dejando a primera vista la hombría del mayor, todo sin dejar de mirarle a los ojos ni un segundo.
-Ahora por fin voy a comerte. Mírame todo el rato, aunque yo no te mire a ti, para que veas cuanto disfruto mamándotela. -Frank estaba consiguiendo calentar más y más a Way solo con sus palabras- Si en algún momento te miro y tienes los ojos cerrados o miras a otro sitio, pararé. -Le amenazó.
-Dios, tú sí que eres un pervertido.
Frank rió y bajó su cabeza entre las piernas de Gerard.
Primero besó el glande de su hombría un par de veces y fue bajando hasta los testículos, por donde pasó la lengua mirando fijamente al otro. Después, se los metió en la boca y jugueteó con ellos.
Ese era uno de los puntos débiles de Gerard, por lo que no pudo evitar cerrar los ojos un momento y retorcerse, así que Frank paró de golpe.
-Nene, te he avisado. Te daré otra oportunidad, pero sólo porque quiero seguir comiéndote. -Le advirtió con tono lascivo.
Volvió a bajar y esta vez, sin dar tiempo a Gerard de pensar lo que haría, engulló todo su miembro, rozándose la garganta con él.
Gerard no había visto una escena tan erótica y sensual en toda su vida y el placer le estaba quemando vivo.
En la habitación el único sonido que se escuchaba era el de la respiración agitada de Gerard y el de las succiones y lamidas de Frank.
Tras una última mordida en el glande y unas caricias con las manos en los testículos, Gerard se derramó en la boca de Iero mientras se miraban a los ojos.
Después, Frank se volvió a arrodillar, lamiendo los restos de semen que aún quedaban alrededor de su boca. Se acercó a Gerard, quien intentaba respirar con normalidad y le besó tiernamente sobre los labios.
Cuando se separaron, Way le sonrió y con sus dedos limpió una mancha de semen del pecho de Frank y los acercó a la boca de éste, que pasó su lengua desde la palma de la mano del mayor hasta la punta de esos dedos, limpiándolos al dejar a Gerard meterlos en su boca y moverse como lo había hecho sobre su hombría.
-Mm nene, como me pone que hagas eso... -Le dijo Gerard.
-¿El qué? ¿Que chupe tu mano? -Preguntó levantando una ceja.
-No. Que mames mis dedos. -Susurró sobre su garganta.
-Joder, Gee. Tú sí que me pones, y más cuando hablas así.
Y dicho esto, se lanzó de lleno a su boca, besándole con hambre a la vez que el otro pasaba sus manos por cada centímetro de su cuerpo y le mordía los labios, tirando de ellos como si intentase arrancárselos.
Tras unos minutos de besos apasionados y roces entre las dos hombrías, que hicieron que Gerard se empalmase de nuevo, Frank dirigió su atención a la oreja de Gerard.
-¿Quieres que probemos cosas nuevas hoy? -Susurró, mordiendo su oreja.
-Dios, claro que sí, nene. -Respondió sujetando al otro de la cintura para acercarle más aún a su cadera.
Frank llenó de besos el rostro del Gerard, le retiró el pelo de la cara y acercó dos dedos a su boca. Way entendió enseguida y abrió su boca para lubricarlos.
-Dobla las rodillas, cariño. Súbelas hasta tu pecho, ábrelas y sujétalas ahí, en el aire. -Le ordenó.
Gerard lo hizo y Frank se situó entre medias. Llevó los dos dedos hasta su entrada, rozándola y haciendo círculos alrededor.
-Me-te-los, joder. -Pidió Gerard.
Frank rodó los ojos y los introdujo de un solo movimiento, provocando una mezcla de dolor y placer en Way.
Inició un vaivén rápido a la vez que doblaba los dedos, llegando a tocar el punto que más placer le causaba al mayor, así que repitió los movimientos haciendo que éste no parase de gemir y jadear, produciendo el sonido más sensual que Iero había oído nunca.
Cuando estuvo preparado, sacó los dedos y metió su hombría tan rápido que Gerard sólo se dio cuenta porque la presión fue mayor, pues el miembro de Frank no era precisamente del grosor de sólo dos dedos.
Los movimientos de Iero eran ahora lentos, ya que la postura del mayor le contraía y le hacía estar más estrecho, dificultando la entrada pero dándole más placer a ambos.
-Ahh, Frank... Ahh. ¡Joderjoderjoder! ¿Por qué no hemos probado esta post-tura antes? -Gimoteó, observando la cara del aludido, con el rostro deformado por el placer, la boca entreabierta y los dientes apretados.
-Esto a-apenas empieza, nene. ¡Mmm...! -Mordió el cuello de Gerard con desesperación- Si te molesta lo que voy a hacer, me avisas.
Way asintió con la cabeza, intrigado por descubrir lo que haría el otro.
Frank se acomodó mejor entre las piernas del mayor, de rodillas y sin detener el movimiento, y llevó su mano izquierda hasta la hombría del mayor, masturbándole rápido.
Justo en el momento en el que cerró su mano alrededor del miembro de Way, su otra mano se encontraba más abajo.
Frank coló medio dedo dentro de Gerard sin sacar su pene y sin dejar de embestirle.
-Baja las piernas, amor. -Gerard volvió a colocar sus pies sobre el colchón, aún con las rodillas flexionadas.
Y así le fue más fácil a Iero introducir el dedo completo dentro de Gerard, logrando que éste frunciese el ceño al no esperárselo y sentir algo de dolor.
-¿Estás bien? -Frank se detuvo, sin salir de él.
-Sigue... -Jadeó en respuesta.
Tras unos movimientos de pelvis y muchos gemidos por parte de los dos, Frank consiguió entrar y salir sin problemas, por lo que vio el momento de colar otro dedo más.
Cuando lo hizo, enseguida los doblo, volviendo a tocar ese punto tan especial. Gerard no pudo evitar gritar, pero nada parecido al dolor, sino por el más puro placer que le invadió como una corriente de energía.
-Oh, joder... Sigue ahí, pequeño.
Gerard se sujetó del cuello del otro con una mano para ayudarse a incorporarse y estar más cerca del menor para poder besarle, pero el movimiento les hizo ver las estrellas a los dos, pues Frank aún seguía en su interior nada más y nada menos que son su hombría y dos dedos, todo a la vez.
Una vez sentado, Frank siguió con sus movimientos. Su miembro entraba y salía y sus dedos seguían dentro, girándolos y presionando.
-¡Aaahh! Mmm ¿Dónde cojones aprendiste a hacer eso y por qué no me lo has hecho antes? -Le recriminó mordiéndole el labio al otro.
-Eso es secreto... -Le respondió con simpleza antes de volver a besarle el cuello y aumentaba el ritmo al que le masturbaba.
Gerard hizo un par de movimientos circulares para ayudar a Frank a moverse.
-Mierda, Gerard. No hagas eso. -Le regañó moviéndose más fuerte contra él.
-¿Po-por qué? -Preguntó apretando los dientes y jadeando.
- Porque conseguirás que me corra -Cogió aire- antes de tiempo.
Gerard sonrió y repitió los movimientos de antes.
-Mmm joder Frankie. Te noto tan duro...
-Tú me pones duro, nene. -Se movió más rápido y volvió a tocar con sus dedos el punto dentro de Gerard, quien cerró los ojos con fuerza.
Gerard notaba que estaba a punto de llegar al orgasmo, así que puso su mano sobre la de Frank y le ayudó a masturbarle más rápido, gimiendo como si le fuese a vida en ello.
Y Frank también estaba a punto de derramarse, así que salió del interior del mayor y se colocó sobre él, juntando ambas hombrías. Las rodeó con su mano y las masturbó juntas, haciendo de la fricción la más placentera y única que se pudiese sentir.
Finalmente, ambos se corrieron casi a la vez, manchando sus vientres y parte de su pecho, entre la mano de Iero.
Tras terminar y descansar por unos minutos sin moverse de su posición, Frank se tumbó sobre Gerard para llegar a sus labios, restregando sus cuerpos y mezclando las sustancias que habían caído sobre ambos.
Cuando soltaron sus labios, Frank se dejó caer de lado, ladeando también a Way para quedar de frente.
-Te amo. -Susurró el menor.
-Yo también te amo. -Le respondió antes de besar suavemente sus labios- Cada día te amo más.
Así se quedaron durante unos minutos, mirándose a los ojos y acariciando sus manos unidas hasta que Frank cerró los ojos.
Gerard le movió para impedir que se durmiese.
-Frankie... -No se inmutó- Frank, despierta. -Volvió a moverle, ahora más fuerte.
-Mm, ¿qué pasa Gee? -Preguntó con los ojos aún cerrados y voz cansada.
-Frankie, tengo hambre... -Le contestó con un puchero en sus labios.
-Ah, cariño, estoy cansado, déjame descansar. -Se quejó.
-No, no, tengo hambre de verdad. Quiero comida. -Explicó.
-Am. Vale, llama al servicio de habitaciones, podemos encargar lo que queramos. Yo me quedo aquí. -Se dio la vuelta abrazando la almohada y se quedó dormido.
Gerard saltó de la cama y cogió el teléfono que había al otro lado de la sala, marcando el número de recepción.
-Recepción, ¿qué desea?
-Hola, buenas noches. Siento llamar tan tarde, pero quería pedir algo de comida para la habitación número 6277.
-No hay problema, díganos qué desea y se lo llevaremos enseguida.
Gerard pidió un par de platos de comida para él, dulces y bebida para acompañarlo y también pidió algo sin carne para Frank, por si le apetecía al despertar.
A los quince minutos la comida estaba en la habitación y Gerard comenzó a destapar los platos para comer como si fuese la última comida de su vida.

Cuando terminó con toda su comida Frank aún estaba dormido, pero pudo escuchar que su estómago rugía por el hambre, así que cogió el plato de pasta con vegetales y se acercó a él.
-Amor. -Le llamó pasando el plato cerca de su nariz.
Frank se retorció y entreabrió los ojos.
-¿No quieres comer nada? Pedí esto para ti...
Frank se desperezó y se sentó, dejando libre un hueco a su lado para Gerard.
-¿Me darás de comer? -Preguntó Frank tiernamente.
-Claro, bebé. -Se acomodó a su lado y llevó el tenedor con comida hasta la boca del otro, que lo comió sin dudar.
Así lo hicieron hasta que la comida del plato se terminó.
-Hmm estaba riquísimo. -Comentó Iero pasando una mano sobre su estómago.
-Sí. Pero ahora deberíamos bajar la comida, ¿no crees? -Preguntó con inocencia.
-Mmm... ¿Y qué se te ocurre que podríamos hacer? -Le siguió el juego, pasando los brazos alrededor de su cintura y subiéndole sobre él- ¡Eh! Te has vestido -Le regañó poniendo cara de enojo.
-¿No pretenderías que abriese al camarero estando desnudo?
-No, eso nunca. Sólo yo puedo verte desnudo. -Respondió con los labios apoyados en el pecho del otro- Pero aún así, estoy enfadado. -Le mordió fuerte el pezón derecho.
-Ouch. ¿Qué puedo hacer para que me perdones? -Puso cara de pena.
-Baila para mí. -Susurró.
-¿Qué? No jodas, Frank.
-Eso después, si te portas bien. Ahora, baila para mí. -Rodeó el otro pezón con su lengua, poniéndolo duro.
-Si haces eso no podré negarme... -Frank repitió su acción- Nene, sabes que odio bailar.
-¿No lo harás por mí? -Iero puso cara de pena.
Gerard gruñó y se levantó de la cama.
-No hay música.
Frank se estiró y alcanzó un mando que estaba sobre la mesilla de noche. Pulsó un botón y una música tenue y lenta comenzó a sonar, nada parecido a lo que escuchaban normalmente pero muy acorde con el momento.
-Solucionado.
Gerard rodó los ojos y comenzó a moverse.
Se contoneaba despacio, hacia los lados, subiendo y bajando las manos de su cintura hasta su cabeza lentamente, haciendo ondas con ellas. Otras veces movía la cintura en círculos.
Mientras, Frank no perdía detalle.
-Ve quitándote la ropa, cielo. -Se puso de rodillas sobre el colchón.
Sin dejar su sensual baile (aunque él pensaba que únicamente estaba haciendo el ridículo) comenzó a sacarse la camiseta y se la lanzó a Frank. Éste la cogió y la giró en el aire pidiendo por más, haciendo que Gerard estallase a reír. Después, llevó sus manos a su boxer, estiró el elástico y tiró de ellos hasta abajo. Volvió a tirárselos a Iero y éste los cogió con la boca y los echó hacia un lado.
-Anda, ven aquí, sexy boy.
Way se acercó en la cama y gateó por ella hasta llegar a Frank, abalanzándose a sus labios.
Tras unos minutos de fogoso beso, Frank se separó del otro.
-Tengo una cosa que podríamos probar, si quieres.
-Sorpréndeme.
Frank se levantó, caminó hasta un cajón de la entrada y volvió a la cama con algo entre las manos.
Cuando llegó junto a Way se lo mostró cogiéndolo con una mano. Se trataba de un consolador de color negro. Cuando captó la atención de Gerard, apretó un botón en la base y el aparato empezó a vibrar.
-Oh Dios... Realmente eres un vicioso ¿eh? -Dijo Gerard cogiendo el aparato para verlo mejor.
-Qué le voy a hacer... -Comentó Frank encogiéndose de hombros.
-Me gusta que seas así. ¿Tienes más cosas de estas? -Gerard levantó la vista para ver al otro a los ojos.
-Mmm tal vez... Ya lo sabrás. -Le respondió con una sonrisa traviesa.
-¿Y qué tienes pensado hacer con esto?
-Pues, con esto, podemos... -Hizo una pausa y se acercó a su oído para susurrar- Follarnos a la vez.
Gerard se perdió en sus ojos y sus palabras. No había nada en el mundo que le subiese tanto la temperatura de su cuerpo como Frank hablando así de directo.
-Joder... ¿a qué mierda estamos esperando?
Frank sonrió de medio lado. En estos momentos es cuando quedaba claro que realmente estaban hechos el uno para el otro, pues a muchos otros les propones algo así y te ponen de loco para arriba.
Iero le arrebató el aparato de las manos y lo encendió, haciéndosele a ambos la boca agua.
-¿Cómo decidimos quien...?
Gerard le cortó antes de terminar su pregunta.
-Antes me has dado tú, así que ahora me toca a mí, follarte a ti.
Frank simuló meditarlo unos segundos.
-Entonces, el vibrador... -Lo balanceó delante de la cara de Way- Seré yo quien lo meta en tu lindo trasero, ¿no? -Concluyó.
A Gerard se le escapó una sonrisa traviesa y asintió con la cabeza, acercándose a los labios del otro para darle un hambriento beso. Pronto, sus manos iniciaron la tarea de reconocimiento del cuerpo del contrario.
-Ponte de pie.
Se levantaron de la cama y Gerard guió al otro hasta una mesa. Le cogió de la cintura y le sentó sobre el mueble, quedando él entre sus piernas.
En cuestión de segundos, Way ya se encontraba preparando a Frank para entrar en él, sin soltar sus labios ni un solo momento. Cuando ya tenía dos dedos dentro, los gemidos de Frank se volvieron incontrolables.
-Mmm Gee, tus maldit-os dedos. Joder, cómo me-me gustan. -Jadeaba como un loco.
Gerard siguió penetrándole con sus dedos, introduciendo uno más, de forma lenta, haciendo sufrir a Frank por ir tan despacio.
Siempre hacia lo mismo, pero es que los oídos del mayor no habían escuchado aún nada más placentero que a Frank lloriqueando y suplicando por más, ya fuesen más dedos o porque quería su polla dentro de él.
-Un día lograrás... mm... que te m-mate, nene. ¡Fo-lla-me! -Casi se lo deletreó para que le quedase más claro.
Gerard reía y no mostraba la intención de complacerle por el momento, así que Frank le pellizcó fuerte un pezón y le mordió el cuello, dejándole una gran marca.
-Enano del diablo. -Murmuró.
Way se adueñó de sus labios y sin darle tiempo ni a coger aire, sacó sus dedos y entró en él, con cuidado pero a la vez cierta brusquedad, una mezcla irresistible, si le preguntan a Frank.
Frank enroscó sus piernas alrededor del mayor y le acercó, aumentando en contacto entre sus cuerpos casi al cien por cien, mientras Gerard comenzaba un vaivén lento pero profundo, para intentar alargar el momento lo máximo posible.
-Me toca. Abre tus piernas, cielito. -Ordenó en tono juguetón.
Gerard se acercó a Frank todo lo que pudo, sin salir de él y entreabrió sus piernas, dándole acceso.
Éste se metió en consolador en la boca, lo lamió y relamió mirando al mayor a los ojos, transmitiéndole toda su lujuria. Gerard se acercó y ayudó a Frank a lubricar el aparato, mojándolo con su saliva a la vez que de vez en cuando su lengua y la de Iero chocaban alrededor del consolador.
Cuando ya estuvo preparado, Frank lo llevó hasta las piernas abiertas de Gerard y lo rozó un par de veces entre sus nalgas.
-No me hagas eso o me correré sin m-moverme. -Jadeó casi sin voz.
Frank dejó escapar esa típica risa que hacía vibrar a Gerard, y más al estar aún dentro de él. Estiró su brazo y comenzó a introducir despacio el artilugio en el interior de su pareja, haciéndole suspirar y gemir en repetidas ocasiones.
Una vez estuvo dentro de él inició los movimientos a la vez que empujaba con sus piernas al otro para que se moviese también contra él.
Consiguieron coordinarse y dejaron de pensar en nada más que no fuesen ellos dos gozando en esa habitación. El mundo, las preocupaciones, los problemas y las demás personas dejaron de existir durando ese tiempo.
En un momento en el que Gerard alcanzó el punto de Frank que le hacía sentirse en el cielo, éste apretó sin darse cuenta el botón del consolador, y el aparato empezó a vibrar frenéticamente.
Gerard, que no se lo esperaba, al sentirlo mordió el hombro de Iero y gimió duro, aumentando la velocidad de sus embestidas a un ritmo alocado. Estaba a punto de llegar y sus penetraciones se volvían erráticas, pues el placer le nublaba los sentidos.
Iero estaba casi en las mismas condiciones. Sentía la necesidad de tocarse o terminaría explotando, por lo que llevó su mano libre hasta su hombría y la movió rápido y fuerte.
Tras un movimiento extraño con el consolador, pues ya no sabía ni cómo conseguía moverse, hizo que Gerard se derramase en su interior.
El mayor alcanzó su máximo grado de placer, puso los ojos en blanco y gritó como si se le fuese la vida en ello. Tras unos segundos en los que intentó recomponerse y aclarar su mente del orgasmo, llevó su mano hasta la entrepierna del otro y siguió masturbándole él.
Frank estaba obnubilado. Dejó caer los brazos a ambos lados de su cuerpo y después de unas cuantas caricias del mayor, se corrió entre sus dedos, manchando ligeramente su pecho y el de su acompañante.
Suspiró abatido, aún con los ojos cerrados e intentó respirar con normalidad.
Cuando abrió los ojos, Gerard lo miraba, casi con la misma pinta que él, con la frente perlada de sudor, el pelo tapándole parte del rostro y los labios rojos e hinchados.
-Tío, esto... Joder. -Hizo una pausa intentando enlazar más de dos palabras con sentido- Esto ha sido, jodidamente... GUAU.
Gerard rió ante la imposibilidad del otro de explicarse.
-Lo sé, vida. Ahora, ¿podrías sacarme el consolador del culo, por favor? -Preguntó levantando ambas cejas, sin soltar la cintura de Iero.
-Ups. Lo olvidé. Estaba demasiado ocupado teniendo un orgasmo brutal. -Soltó una carcajada y Gerard tiró de su labio inferior, enganchándolo entre sus dientes.
Iero hizo lo que le había pedido, dejó el aparato apagado y se puso de pie. Pero tuvo que sostenerse de los hombros del mayor, ya que las piernas le temblaban una barbaridad.
-Estoy agotado.
-Demasiado placer para un cuerpo tan pequeño. -Le picó Gerard.
-Un cuerpo pequeño, pero bien que disfrutas con él. -Replicó dándole un codazo en el estómago.
Gerard le dedicó una sonrisa.
-Anda, voy a preparar un baño para que nos relajemos, pequeño.

Sin darle tiempo a quejarse por el apodo, le volvió a sentar sobre la mesa y se metió al baño. Abrió el grifo y llenó de agua la lujosa bañera con chorros, más parecida a un jacuzzi que a una bañera. Cuando estuvo llena, echó unas esencias y jabones que había por allí.
Volvió a por Frank y le cargó entre sus brazos como si de un niño pequeño se tratase.
-Gerard, no soy un bebé. -Se quejó con el rostro enfurruñado.
-Eres mi bebé. -Le dejó un beso tierno sobre los labios y con todo el cuidado del mundo, le tendió dentro de la bañera.
Después entró él, se recostó apoyando su espalda contra el borde y atrajo a Iero hasta él, dejando la espalda del menor apoyada en su pecho y los brazos alrededor de su cintura.
Estuvieron en silencia por lo que pudo llegar a ser una hora, con los ojos cerrados, disfrutando del momento, regalándose caricias en las manos que mantenías unidas.
-Me voy a dormir, Gee. Será mejor que salgamos ya.
-Es cierto, amor. Vamos.
Se levantaron y salieron de la bañera.
-Estás todo arrugado, parece un abuelito. -Bromeó Frank mirando la piel arrugada del mayor por haber estado tanto tiempo sumergida.
-Pero soy un abuelo sexy. -Respondió, contoneando sus caderas.
Los dos estallaron en risas, cogieron una toalla cada uno para quitarse la humedad y se dirigieron a la cama. Se metieron bajo la sábana y unieron sus cuerpos en un apretado abrazo.
Gerard apoyó su oído contra el corazón de Frank, que latía despacio pues estaba a punto de caer dormido, y dijo:
-Mi amor, ha sido el mejor día de mi vida. Gracias por estar aquí hoy. Hoy y siempre. Te amo, Frankie.
-Gracias a ti por existir y por dejarme estar junto a ti.

Frank besó dulcemente la cabeza de Gerard y se durmieron juntos y unidos, como hicieron la primera noche que pasaron juntos como pareja y como seguirían haciendo hasta que el mundo terminase.
 
 
 
 

FIN...



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Bueno, aquí teneis la última parte de "This is the best day ever". Al fin, el fic ha llegado a su fin.
Espero que os haya gustado y más en especial este ultimo capítulo que dividí en dos partes, pues al que más empeño le he puesto.
Pronto subiré otro fic que tengo a medias y que de momento se llama "Obsesionados con el sexo" (xD), mi último Frerard por el momento.
Espero que lo leais como habeis hecho con este. 
Y también espero que me regaleis algún comentario después de leer, que me he sentido abandonada estos días, ya sea aquí, en tuenti o en twitter :)

Saludos ^^ 



 

domingo, 24 de julio de 2011

This is the best day ever - Cap. Especial (parte 1)

¡Ya estoy de vuelta! Y aquí os traigo el regalo prometido.
Aún no está totalmente acabado el capítulo, pero como me está quedando muy largo, lo voy a dividir en dos partes y así subo hoy la primera como os dije.
Espero que os guste y me comenteis qué os parece por aquí, por Tuenti o por Twitter, por donde queráis, pero espero vuestras opiniones.

Y sin más, aquí está....

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Capítulo especial Parte 1:


Un mes.
Ya había pasado un mes desde aquella magnífica tarde en casa de Gerard donde dos amigos se habían hecho saber el amor que sentían uno por el otro desde un tiempo atrás. Un mes desde que dos mitades se unieron para ser uno solo.


Era sábado por la mañana y Gerard aún dormía profundamente. No había dormido demasiado bien, pues la noche anterior le había propuesto a Frank pasar allí la noche y despertar juntos el día que por fin cumplían un mes como pareja, pero éste se había negado, diciéndole que había prometido a un amigo que hacía mucho tiempo que no veía dedicarle el día y que se había olvidado de que ese mismo día cumplían un mes.
Tras pedirle perdón varias veces a Gerard y negarse a no cumplir su promesa para con su amigo, el mayor le dijo que estaba cansado y por favor se fuese, que ya se verían otro día.

Así que Gerard continuaba durmiendo, pues qué sentido tenía despertar un día tan especial si la persona con la que quería pasarlo no iba a estar con él. Por ello decidió que no saldría de la cama más que lo justo y necesario.
Pero las cosas nunca son como piensas.


A las 10 de la mañana, mientras Gerard dormía plácidamente boca arriba, alguien se coló en su habitación y se acercó sigilosamente a la cama.
Sabiendo cómo de profundo dormía el chico, cogió el pañuelo negro que llevaba en las manos y con cuidado lo pasó alrededor de su cabeza, impidiéndole la vista en caso de que abriese los ojos.
Después, se subió sobre la cama, quedando de rodillas con una pierna a cada lado del cuerpo de Gerard y se acercó hasta su cara, dejando escapar su cálido aliento sobre la boca del otro, que al sentirlo arrugó la frente por el cambio del aire.
El siguiente paso fue acercarse a una de sus orejas y hacer lo mismo, y en esta ocasión Gerard se removió ligeramente debajo del otro cuerpo, justo antes de recibir una mordida en el lóbulo de esa misma oreja, haciendo que de la garganta de Gerard escapase un sencillo gemido.
Pero seguía sin despertar, así que su visitante decidió que ya era el momento de acercarse a la boca del otro y así lo hizo. Primero rozó sus labios con su lengua para después aprisionar el inferior entre sus dientes y rozar ambas bocas en una suave caricia que en seguida se tornó más profunda y salvaje, consiguiendo tras unos segundos que Gerard por fin se despertase.
Lo normal hubiese sido asustarse al despertar en esa situación, más si tienes los ojos tapados impidiéndote ver a quien tienes encima, pero eso no fue lo que hizo Gerard, pues reconocería esos labios y ese aroma en cualquier lugar.
Quiso llevar sus manos hasta el pañuelo que cubría sus ojos, sin dejar el choque de labios, pero las manos del otro se lo impidieron, sujetándole de las muñecas a ambos lados de su cuerpo.
-Frank...
-¿De verdad creías que no pasaría contigo un día tan especial como éste? -Cuestionó el aludido sobre los labios del otro, rozándolos con cada una de las palabras- Debería sentirme ofendido solo porque se te haya pasado por la cabeza...
Gerard pudo notar el puchero que hizo Frank sobre sus labios y no pudo evitar eliminar la mínima distancia entre ellos dándole un pequeño beso para después alejarse y volver a acercarse adueñándose por completo de la boca ajena ya proclamada como suya.
-Te amo. Te amo mucho y siento haber creído que me dejarías solo hoy. -Le dijo con seguridad y aunque no pudo verlo por el pañuelo, Frank sonrió con ternura, desprendiendo puro amor por cada poro de su cuerpo mientras le acariciaba la mejilla.
-Yo también te amo y por nada del mundo dejaré de pasar estos días contigo. -Le fue dejando un camino de besos desde la mandíbula hasta sus cubiertos ojos- Es más, si por mí fuese, pasaría contigo todos y cada uno de los días de mi vida.
Lo último se lo dijo en un susurro sobre su oído, logrando erizarle cada bello del cuerpo mientras ambos sonreían todo lo que sus labios se lo permitían.
Tras otro beso, dulce y lento, Gerard volvió a intentar quitarse el pañuelo pero Frank le dio un manotazo para impedirlo, dejando escapar una risilla al ver como Gerard arrugaba la frente.
-¿Por qué me has puesto esto?
-Porque era una sorpresa y quería comprobar si me reconocías sin verme.
-Es imposible no reconocerte. Tu olor es especial, tu sabor es único y tu piel tiene un tacto suave y delicado a la vez que rudo en tus manos que no podría olvidar por nada del mundo.
Y ante esto, Frank se lanzó desesperado a la boca del otro al sentir cómo las palabras llegaban hasta el fondo de su alma. Lamió gustoso sus labios y los mordió ferozmente hasta que la lengua de Gerard se coló en lo más profundo de su boca, llegando a rozar su campanilla y comenzando una lucha con la propia.
Tras unos minutos de beso apasionado, las manos de Gerard se colaron bajo la camiseta de Frank y fueron bajando en una suave caricia hasta el borde de su pantalón, pero entonces Frank le detuvo.
-Ahora no, Gee. Hoy habrá tiempo para todo.
Le dio un pico en los labios y se levantó, dejando a Gerard refunfuñando y de brazos cruzados.
-Siéntate. -Ordenó Frank, pero al ver que no le hacía caso lo intentó de nuevo- Mi amor, te prometo que esta noche acabamos con esto, pero tengo algunas cosas pensadas para hoy. Por favor, no te enfades y siéntate.
Ante estas palabras y sobre todo la forma en que fueron dichas, no pudo negarse, así que se incorporó y se apoyó en el respaldo tratando de disimular una sonrisa.
Frank se acercó con una bandeja en sus manos, se sentó frente a Gerard juntando sus piernas cruzadas con las de él y dejó la bandeja sobre las del mayor. A continuación le sujetó de la nuca, le acercó y le quitó el pañuelo de los ojos, dejándole ver lo que tenía sobre él.
Se trataba de una bandeja de madera con un mantelito azul y blanco que contenía un plato con frutas troceadas y otro con galletas y chocolates, un vaso de zumo y una gran taza de café. Y como adorno, una rosa de color rojo intenso sobre una pequeña caja con papel de regalo con las iniciales del mayor.
-Mi amor, ¿te he dicho cuánto de amo? -Preguntó Gerard acariciándole la mejilla y besándole con cuidado de no tirar nada, antes de lanzarse a por la taza de café.
-Sí, pero siempre está bien que me lo recuerdes. -Respondió con esa sonrisa que parecía pegada de por vida a su cara.
Tras comer un poco, Gerard se dio cuenta de que Frank no estaba comiendo nada, sino que solamente le miraba a él.
-¿No comes nada?
-No, tranquilo, es todo tuyo.
-Pero lo mío es tuyo, ya lo sabes.
Gerard cogió un trozo de fruta con sus dedos y lo llevó a la boca del otro, quien lo saboreó y luego relamió los dedos que aún estaban sobre sus labios.
-Bueno, ¿y qué hacías durmiendo a esta hora? -Preguntó después.
-Pues... Decidí que si no iba a pasar el día contigo no tenía sentido levantarme. Pensaba dormir hasta mañana. -Respondió agachando la cabeza por la vergüenza.
-¡Oh, que tierno Gee!
Frank levantó el rostro de Gerard cogiéndole del mentón y le acarició las mejillas con ambas manos.
-Siento haberte engañado y habértelo hecho pasar mal, pero debía ser una sorpresa.
-No pasa nada, ha valido la pena.
Sonrieron, se besaron y siguieron comiendo.
Tras intercambiar comida, más besos, miradas y palabras dulces, Frank le acercó el regalo a Gerard, quien lo cogió sin dejar de mirarle a los ojos.
-¿Qué es? -Preguntó con emoción contenida.
-Ábrelo.
Y eso hizo. Arrancó el papel y se quedó sin habla al ver qué era.
Se trataba del último recopilatorio de Misfits que había salido al mercado, con contenido inédito y vídeos de directos.
-Ábrelo. -Repitió.
Abrió la caja del disco como si de porcelana se tratase y soltó un grito de alegría al ver el librillo que contenía firmado y dedicado por los miembros de la banda.
Frank saltó en risas al escucharle gritar mientras retiraba la bandeja y la dejaba en el suelo.
-Espero que te guste. -Comentó con inocencia.
Pero Gerard se había quedado sin habla, son los ojos brillantes fijos en la dedicatoria, así que sólo pudo demostrarle mediante acciones cuánto le había gustado.
Sin darle tiempo a a reaccionar, se abalanzó sobre Frank, tumbándole del empujón. Se situó sobre él, apoderándose de su boca, dejando el disco sobre su estómago para poder sujetarle el cuello con las manos, mientras el otro le sujetaba de la cintura.
Cuando ya casi no les quedó aire, Gerard se alejó un poco y le dejó varios besos en el rostro mientras le repetía una y otra vez "gracias" y "te amo".
-Yo también tengo algo para ti. -Se levantó, fue hasta el armario y volvió con una cajita entre sus manos. Se la entregó a Frank cuando se sentó de nuevo a su lado y esperó a que lo abriese y fue entonces cuando él casi cayó de espaldas sobre el colchón al ser abrazado con fuerza por Frank, sintiendo que le espachurraría, por lo que solo puso reír.
Dentro de la caja había una fina pulsera de plata con una inscripción con sus nombres y la fecha de su primer día juntos.
Una solitaria lágrima escapó de los ojos de Frank y cayó sobre el hombro de Gerard, quien se separó para mirarle a los ojos asustado, pero sólo pudo ver una resplandeciente sonrisa.
-Ey, ¿por qué lloras?
-Es que... Soy tan feliz, Gee. Tú me has hecho feliz, lo eres todo para mí. TODO. -Enfatizó.
-Tú también eres todo para mí. Tú eres todo.
Gerard atrapó la lágrima entre sus labios, besó sus ojos, su nariz y finalmente su boca, en un beso delicado y sin prisa. Un beso que demostraba todo lo que sentían el uno por el otro.
Cuando se separaron, dejaron sus frentes unidas mientras Gerard le colocaba la pulsera.
-Gracias... -Le dio un beso superficial- Anda, cámbiate y nos vamos por ahí.
-¿A dónde?
-De momento donde tú quieras. Te dejo elegir.
Le acarició el cabello y salió de la habitación para dejar la bandeja en la cocina mientras Gerard se arreglaba para salir.
Cuando terminó de prepararse salió al salón, donde Frank le esperaba sentado en el sillón, de espaldas a él y no le escuchó llegar.
Aprovechando eso, Gerard se acercó sin hacer ruido, abrazándole por la espalda y dejando sus labios sobre su oreja derecha, riendo por el susto que le había dado.
-¿Nos vamos, amor? -Susurró.
-¿Ya has pensado dónde me llevarás? -Preguntó tras besarle en la comisura de los labios.
-Sí, pero es sorpresa. -Rodeó el sillón hasta quedar en frente y le tendió una mano para ayudarle a levantarse. -Vámonos.
Cogidos de la mano salieron de la casa de Gerard y fueron caminando hasta un parque cercano para hacer tiempo hasta la hora de la comida. Allí descansaron, se besaron, hablaron y demostraron su amor de todas las formas posibles que se permiten en un lugar como ese. Y sobre todo hicieron muchas fotos para inmortalizar el momento.
Cuando llegó la hora de comer, volvieron a casa de Gerard a por el coche.
Al entraron, Gerard sacó de su bolsillo el pañuelo con el que Frank le había vendado los ojos por la mañana, se giró hacia él con una sonrisilla traviesa y le tapó los ojos.
-¿Dónde vamos? -Cuestionó Frank, repentinamente nervioso.
-Shh, es una sorpresa. -Mordió su mentón y centró la atención en la carretera.
Tras unos 15 minutos de recorrido, aparcó el coche frente a una casa y salió para ayudar a Frank a hacer lo mismo, sin destaparle aún.
Le guió hasta el interior de la casa y pronto les inundó el aroma de la comida. Cuando llegaron al comedor, iluminado por la tenue luz de las velas, Gerard se colocó detrás de Frank y le retiró el pañuelo, dejando sus brazos alrededor de su pecho, esperando a que dijese algo, pero estaba sin palabras.
Sobre la mesa había varios platos con distintos tipos de comida, dos platos vacíos y sus respectivos cubiertos, dos cosas de cristal y una cubitera con una botella de vino. Y, alrededor, un montón de pétalos de rosa roja, iguales a los de la que le había regalado Frank.
-¿No dices nada?
-Yo... Esto... ¡Guau! ¿Cuándo has hecho todo esto? -Preguntó Frank aún sin poder creerse lo que veía.
-Se me ocurrió mientras me cambiaba de ropa esta mañana. Llamé a Mikey para que nos prestara la casa y preparase todo mientras yo te entretenía por ahí. -Le contó encogiéndose de hombros. Avanzó hacia la mesa y separó una silla para que se sentase Frank.
-Dios, como quiero a tu hermano.
-¡Eh! ¿Más que a mí? -Le cuestionó haciendo un puchero a escasos centímetros de su rostro.
-Claro que le quiero más que a ti. -Gerard puso cara de confusión- Porque a ti no te quiero, a ti te amo, tonto. -Y besó sus labios deshaciéndose de esa cara de preocupación.
-No me asustes así nunca más. -Le regañó Gerard con una sonrisa mientras se sentaba en su silla frente a Frank, al otro lado de la mesa.
Durante la comida, continuaron haciendo fotos y charlando sobre cualquier cosa y cuando terminaron, Gerard se llevó los platos sucios a la cocina y regresó con el postre, una tarde de chocolate y mucha nata por encima.
-Mmm.. que apetecible lo que viene, se me antoja ahora mismo.
Gerard se sentó en su sitio dispuesto a partir la tarta, pero sólo alcanzó a sentarse y dejar la tarta, pues algo rozó su muslo derecho, acercándose peligrosamente a su entrepierna.
Bajó la vista y vio que se trataba del pie descalzo de Frank, que ya había llegado a su hombría y se entretenía presionando primero ligeramente y después un poco más fuerte.
-¿No se t-te antojaba la tarta?
-Yo nunca dije nada de tarta. TÚ te me antojas, aquí y ahora.
-Pero tú dij-iste esta mañana que hasta la noche... -No pudo terminar pues Frank le interrumpió.
-Sé lo que dije, pero no me puedo aguantar más.
Mientras hablaba cambió el movimiento de su pie, haciendo ahora movimientos circulares sobre esa parte tan sensible de Gerard que ya estaba más que dura, obligándole a cerrar los ojos por el placer.
-Además, se me ha ocurrido un uso mejor para la tarta. -Murmuró Frank.
Gerard abrió los ojos extasiado, viendo en los ojos de Frank esa lujuria que no había aparecido aún en todo el día, lo cual era raro en él.
-Vaya, vaya. Ha vuelto el Frank pervertido. -Suspiró casi sin aire- La única co-condición de Mikey para dej-arnos la casa fue: "Nada de seeexo -Dijo alargando la palabra, pues al oirle Frank apretó su pie- en mi cama ni en mi sillón de p-iel"
-Oh, genial, entonces no dijo nada de la mesa. -Comentó riendo y mojando sus labios.
Se levantó de la mesa mientras Gerard se quejaba por dejar de sentir las caricias de Frank y se acercó a él, agarrando el cuello de su camiseta y tirando de él hasta levantarle y clavarle en sus labios en un beso lujurioso y rebosante de deseo.
Mientras se besaban, Gerard acercó su mano al pastel y pringó sus dedos en él, los pasó por la barbilla y las mejillas de Frank y después dejó sus labios para recorrer con su lengua esos sitios manchados.
-¿Este es el uso que querías darle? -Preguntó después de morderle la mejilla.
-Algo parecido. -Susurró tras llevarse los dedos de Gerard aún con restos de nata a la boca y chuparlos con lascivia.
-Hm, enséñame entonces. -Susurró igual pero sobre el oído del otro, terminando con un mordisco en el lóbulo.
Tras esto, Frank empujó a Gerard contra el borde de la mesa y llevó sus manos al extremo de la camiseta de éste, tirando de ella hasta sacarla y lanzarla al otro lado de la habitación. Después se quitó la suya y cogió un buen pedazo de pastel con la mano y lo embarró en el torso del mayor, centrándose en la zona de los pezones, rozando ligeramente sus dedos sobre la piel, volviéndole loco al ser tan poco el contacto.
Pero lo que siguió terminó por subirle el calor que ya sentía.
Cuando Frank decidió que ya estaba suficientemente pringado, alejó sus manos, sujetando las de Gerard a cada lado de su cuerpo y rozó su lengua en la clavícula del mayor, dejando unos cuantos besos en sus hombros y mordiendo sobre el hueso de la clavícula, dejando algunas marcas rojizas para después continuar bajando y comenzar a lamer toda la nata el chocolate que Gerard tenía encima, dejando para el final sus pezones, donde se recreó con cortas lamidas y ligeros mordiscos, haciendo que se pusiesen completamente duros mientras Gerard no podía dejar de gimotear y suspirar con la respiración entrecortada.
-Por favor Frank... Déjame tocarte. -Imploró.
Frank soltó una carcajada y soltó las manos de Gerard, que enseguida fueron a su propio pantalón para desabrochárselo, pues la presión era insoportable, y después fueron al de Frank para hacer lo mismo, pero más despacio, para hacerle sufrir un poco.
Pasó una de sus manos un par de veces rozando el abultamiento del menor sobre el pantalón, haciéndole suspirar.
-Ah... Dios Gerard, ¡mete la mano ahí de una jodida vez!
Gerard no pudo evitar reírse por lo bajo antes de desabrocharle el pantalón y dejarlo caer hasta las rodillas. Después metió sus manos dentro del boxer de Frank, pero las llevó hasta sus nalgas, apretándolas y acercándole a su pelvis para rozarse, provocando algunos gemidos roncos por parte de ambos.
-Vamos Gerard, me estás matando, joder.
-No voy a tocarte Frankie. -Gimió en su oído- Voy a hacer algo mejor...Te la voy a comer.
-Mierda, cómo me pones cuando hablas así. -Gimió Frank mordiéndose el labio.
Gerard bajó los boxer del menor, deteniéndose a mirar su pene sonrosado y totalmente engrosado, pareciéndole lo más apetecible sobre la tierra. A continuación cogió un trozo de pastel, lo repartió entre sus manos y con ellas rodeó el miembro del otro, moviéndolas de arriba a abajo hasta que quedó totalmente cubierto.
Para ese momento Frank tuvo que apoyar sus manos sobre la mesa para sujetarse y no caer de bruces y ya no sabía qué hacer para retardar el orgasmo. Además, la visión de Gerard relamiéndose los labios y poniéndose de rodillas era tremendamente sensual, a la vez que dañina para su cordura.
Gerard se acercó despacio, primero retirando un poco de dulce de la base de su miembro y después pasando la lengua por toda su extensión, deteniéndose en la punta para jugar con ella, haciendo círculos que obligaron a Frank a gemir tan alto que pensó que lo habrían oído desde la calle.
Y ya no pudo más, por lo que empujó la cabeza de Gerard sujetándole del cabello hasta que éste se introdujo todo lo que pudo de su hombría en la boca, sonriendo por la ferocidad del otro.
Después de chupar y succionar en distintos puntos que hacían que Frank pusiese los ojos en blanco y tras eliminar todo resto de tarta, Frank no pudo aguantar ni un momento más y se corrió ahí mismo, mezclándose su semilla con el dulce que aún tenía Gerard en su boca, haciendo de éste algo más sabroso aún.
Tras tragárselo de buena gana, se levantó del suelo, sujetando a Frank que temblaba por los espasmos del orgasmo, y se pegó a su boca, compartiendo el sabor que aún guardaba su saliva.
-Nene... Eso ha sido... Guau, bestial.
-Estás tan bueno... -Gerard se relamió los labios sobre los de Frank.
-Lo sé. -Y se ganó un mordisco por parte de Gerard.
-Oye, en cuanto consiga reponerme, si quieres yo...
-Tranquilo, esta noche podrás devolverme el favor. -Le guiñó un ojo.
-Nene, tienes restos en la cara. -Frank eliminó la distancia y pasó la lengua por los restos de nata, chocolate y semen que habían alrededor de la boca de Gerard mientras éste reía y él sonreía.
Después, Gerard fue al baño a deshacerse el problema que aún había dentro de su pantalón y a lavarse un poco y Frank, después de reponerse, llevó las cosas a la cocina y se lavó ahí.
-¿Qué hora es, Frank? -Preguntó cuando volvieron los dos al salón y se tumbaron en el sillón.
-Son las... 6. Vaya, haces que el tiempo vuele. -Gerard se carcajeó- ¿A qué hora regresaba Mikey?
Justo en ese momento la puerta de entrada se abría y aparecía el nombrado, dando voces para avisar de su llegada, pues no quería encontrarse nada traumático.
-Vamos a tomarle el pelo un rato. -Le susurró Gerard a Frank- Gime como tú sabes, nene. -Frank sonrió con diversión e hizo lo que le mandaban.
-¡Oh, si Gerard! ¡Mmm, más fuerte, nene!
-Ahhh, mierda, Frank, que estrecho estás...
-Vamos, Gee, dame duro ¡párteme en dos!
-Mmm, Frankie, Frankie, ¡como me pones, nene!
Mikey carraspeó la garganta desde la puerta del salón, ya los había descubierto y al verle ahí, con la cara pálida por el susto, Gerard y Frank no pudieron evitar estallar en risas y retorcerse sobre el sillón.
-Sois unos cabrones, pensé que os encontraría follando en mi salón. -Comentó un Mikey rabioso.
-Ay, hermanito, más quisieras. Te quedaste con las ganas aquel día de la fiesta que al final no montamos la orgía ¿eh?
-No vuelvo a hacerte un favor en mi vida...
-Venga Mikey, era una broma, no te enfades con nosotros. Hemos cumplido tu condición y no hemos tenido sexo ni en tu cama ni en tu sillón de piel. -Le informó Frank con seriedad levantándose hacia él, pero sin poder evitar reír al final.
-¿Eso quiere decir que sí lo habéis hecho en otro sitio? ¡Arggg! -Gritó haciendo una mueca de asco.
-No, en realidad no hemos follado en ningún sitio, al menos no del todo...
-¡Cállate Gerard! No quiero saber nada de vuestra jodida vida sexual.
Volvieron a reír, pero en esta ocasión Mikey terminó por unírseles también.
-Oh, ¡os ha sobrado tarta! -Exclamó al verla en la cocina y se acercó a ella decidido a comer un trozo.
Pero al ver que su hermano y Gerard se miraron cómplices y volvían a estallar en carcajadas otra vez, se imaginó una escena entre los dos y la tarta y, poniendo de nuevo su cara de asco, la lanzó de lleno al cubo de la basura.
-Bueno hermano, nosotros nos vamos ya. Muchas gracias por todo, en serio. Y perdona por la bromita.
-No hay de qué, pero espero no encontrar ninguna sustancia blanquecina no catalogada en mi casa ¿eh? -Comentó riendo.
-Gracias, Mikey. Nos vemos, te debemos una.
-Adiós cuñado. Adiós Gerard.
Se despidieron con un abrazo y salieron de la casa hacia el coche.
-¿Y ahora dónde vamos? -Preguntó Gerard antes de arrancar.
-Mm, no sé.. ¿Dónde quieres ir? ¿Te apetece tomar algo?
-¿Y si vamos a tomar un café? -Preguntó Gerard con emoción, por lo que Frank rió por lo bajo.
-Qué predecible eres, nene. Vamos entonces, yo conduzco ahora ¿si?
-Está bien.
Lo que Gerard no se imaginaba es que aún le quedaban más sorpresas por descubrir...




Continuará...




 

lunes, 18 de julio de 2011

This is the best day ever - Cap. 6

En el capítulo anterior...



-He pensado que quiero a Frank sólo para mí, así que nada de orgías. -Jadeó Gerard.
Gerard y Frank continuarían con la fiesta en la habitación mientras los otros dos lo hacían en el salón, hasta que todos cayeron dormidos de puro cansancio.
[...]

-Vamos, ya, Gerard. ¡Fóllame ya o te la corto!
Y ante esa amenaza y las propias ganas de Gerard, éste se introdujo en Frank de una simple estocada, comenzando un vaivén enloquecedor para ambos.
Finalmente, los dos explotaron en el clímax de un orgasmo bestial.



Capítulo 6:

Cuando despertaron tenían un dolor de cabeza increíble y la boca totalmente seca, fruto de la resaca. Frank y Gerard se dieron cuenta de que al final habían dormido sobre la alfombra a los pies de la cama. Probablemente no les dio tiempo a llegar a la cama, o quizás se cayeron de ella mientras se revolcaban, porque estaba totalmente revuelta. Se pusieron de pie despacio por el agotamiento y el dolor de cabeza y se envolvieron cada uno en una sábana para ir a la cocina a beber y comer algo.
Cuando pasaron por el salón vieron a Alicia y Mikey tumbados en el sofá en una postura bastante incómoda que les dejaría un buen dolor de espalda, tapados con una manta que debieron de encontrar por allí.
Gerard se acercó a su hermano sigilosamente.
-¡Michael, mamá está en la puerta!
Mikey se levantó de un salto, desorientado, dejando ver a los otros dos su desnudez, quienes no podían dejar de carcajearse. Cuando Mikey se dio cuenta se tapó con las manos y comenzó a buscar su boxer como loco por la sala.
-Toma anda. -Frank se lo tiró desde el otro lado del sofá y Mikey no tardó ni dos segundos en ponérselo.
A todo esto, Alicia se había despertado por tanto ruido y se habían envuelto en la manta, observando divertida la escena que su novio estaba haciendo.
-Eres un cabrón, Gerard Arthur Way Lee. -Le dedicó una mirada de odio que solo hizo que Gerard se riese más fuerte aún.
-Vamos a comer algo, ¿queréis? -Ofreció Frank.
-¡Sí! ¡Comida! -Alicia se levantó de un salto y corrió tras los demás a la cocina.
Entre todos saquearon la nevera de Frank y después volvieron al salón a relajarse en los sillones un rato.
-Bueno, chicos, ¿sabéis que pasó anoche? -Preguntó Alicia con una sonrisita mirando a Mikey y Gerard.
-¿Qué? -Preguntaros los dos a la vez, con desinterés.
-Pues... ¡Que os morreasteis! Aquí delante de nosotros dos. Os vimos hasta las amígdalas...
-¡¿Qué?! -Gritaron al unísono.
-Ag tía, no mientas, ¿cómo vamos a hacer eso?
-Si no me creéis... -Y les tendió el móvil.
Gerard se acercó a su hermano y pusieron el vídeo. Hasta ese momento no recordaban gran cosa de la noche anterior, pero al ver esas imágenes algunas escenas llegaron a su mente como si fuesen flashes.
Mikey y Gerard se miraron y Gerard se alejó del menor dando un brinco que le hizo caer del asiento, pero no pudo evitar reír.
-Mm... Recuerdo que me gustó... -Comentó Mikey sujetándose la barbilla con la mano en gesto pensativo- Besas bien hermanito, Frank tiene suerte.
-Y follo mejor, pero eso no pienso demostrártelo.
Y así pasaron el resto del domingo, riendo, bromeando y reponiéndose de la noche anterior, recordando todo lo que había pasado uniendo los restos de lo que recordaba cada, hasta que Alicia y Mikey decidieron que ya era hora de irse, así que Gerard y Frank se quedaron solos.
-Hacía mucho tiempo que no me lo pasaba tan bien en una fiesta. -Comentó Frank.
-Lo mismo digo. Oye mi amor, ya va siendo hora de que me vaya a casa, que mañana toca volver a la rutina. -Dijo mientras acariciaba la mejilla del otro.
Era asombroso ver como un momento podían ser los más pervertidos del planeta y al rato siguiente ser las personas más románticas y dulces sobre la faz de la Tierra. Y eso es lo que les hacía tan especial.
-Oh, vaya, está bien, ¿todo lo bueno acaba no?
-No, no todo. Lo nuestro no acabará nunca, Frankie.
Se miraron a los ojos con ese brillo especial que tienen los enamorados en la mirada y acercaron sus labios en un cálido y sencillo beso.
-Te amo.
-Yo también te amo mi vida.
Y se fue de la casa de Frank pensando en cuando volviesen a verse.

Aunque no podrían pasar mucho tiempo sin estar juntos.




Continuará... (?)






_______________________________________________




Sí, sí continuará :)
Tenía pensado acabar aquí con la historia, pero muchas me habeis pedido que continúe un poco más, así que eso haré.
Por el momento tengo pensado hacer un capítulo más (está en proceso de creación), que puede ser el último al fin o no, eso ya lo pensaré xD.
Subo este capítulo antes de irme a Milán unos días, así que no podré subir hasta que vuelva.

Pero os traeré un precioso regalo de allí; Un capítulo súper especial de "This is the best day ever" que espero cubra vuestras expectativas, sobre todo las de aquellas que me habéis pedido directamente que continúe la historia ;)

Lo dicho, no me enrollo más. Esperad un capítulo nuevo y especial (y bastante largo, por cierto) y no me abandoneis.
El 23 vuelvo, así que espero poder subirlo el 24.

:)

miércoles, 13 de julio de 2011

This is the best day ever - Cap. 5

En el capítulo anterior...


-Chicos, estoy solo en casa, veniros a dormir allí. -Comentó Frank.
-Si, si, si, ¡y nos montamos una orgía entre los cuatro! -Gritó Mikey.
-Michael, ¡Gerard es tu hermano! -Le contestó Alicia doblada de la risa.
[...]
Entre Gerard y Frank separaron a la otra pareja, ignorando sus quejas. Gerard cogió a Alicia de la cintura y tiró de ella y Frank hizo lo mismo con Mikey. Éste estaba tan borracho que le daba igual a quien besar, pero quería besar a alguien, así que se lanzó a los labios de Frank, mordiéndole el inferior para hacer que abriese la boca y así recorrer todo su interior con su lengua.
[...]
Fueron a casa de Frank y una vez allí siguieron con sus desvaríos y su propia fiesta.



Capítulo 5:

-Bueno, qué, ¿empezamos ya la orgía? -Preguntó Gerard cuando entraron todos al salón de la casa de Frank.
-Bah, si seguro que ni tú ni Mikey os atrevéis a daros un buen beso... -Les retó Frank.
-Ah, ¿no? -Mikey levantó una ceja y se acercó a su hermano con andares sensuales.
Aún con el alcohol corriendo por sus venas, los dos hermanos se acercaron hasta que sus alientos se rozaban y mezclaban. Miraron a sus parejas y volvieron a quedar de frente para terminar de unir sus labios en un beso pasional. Frank y Alicia veían sus lenguas rozándose cada vez que abrían sus bocas un poco más. Y Alicia aprovechó que estaban distraídos para sacar su móvil y grabarlos mientras Frank se reía.
Cuando los hermanos se separaron no podían parar de reír y antes de alejarse Gerard le dio una última lamida a los labios de su hermano pequeño para quitarle los restos de saliba que quedaban ahí.
Los cuatro se tiraron en el sofá. Gerard tenía a Frank casi encima de él y se besaban con ganas, ahogando gemidos provocados por pequeñas caricias en sus miembros, que habían despertado después de todo lo que habían hecho y habían visto. Y Alicia estaba sentada a horcajadas sobre su novio, besándose también y moviéndose en círculos sobre su entrepierna.
-He pensado que quiero a Frank sólo para mí... TODO para mí. -Jadeó Gerard cuando dejaron de besarse. Se levantó del sillón con Frank encima, quien enredó sus piernas a su cintura, y se encaminó hasta la habitación del menor sin separar ni un segundo sus bocas.
Mikey y Alicia ni les miraron, sino que siguieron a lo suyo, ahora con más espacio.
-Tengo una idea mejor Gee. Vamos al baño. -Dijo Frank con la voz rota de placer cuando iban hacia la habitación.
Gerard cargó a Frank hacia allí y éste abrió el grifo del agua y comenzó a llenar la bañera.
Mientras esperaban no desaprovecharon el tiempo y fueron quitándose la ropa, sin parar de besarse y morderse ni un momento, por cada centímetro de sus cuerpos a la vez que se daban alguna que otra caricia subida de tono.
Cuando la bañera se llenó, Frank guió al mayor hasta dentro y le hizo tumbarse, de forma que el agua tapaba casi todo su cuerpo.
Se besaron mostrándose esa necesidad que tenían el uno del otro. Frank comenzó a bajar por su cuello, su pecho y su estómago sin despegar la lengua de su piel ni un segundo. Cuando llegó a su cintura se separó un poco, cogió aire y se sumergió para después llevar el pene de Gerard hasta lo más profundo de su boca, dándole la mejor mamada acuática que podía haber imaginado nunca.
De vez en cuando salía del agua, pero sólo para coger aire y seguir con lo que estaba haciendo, hasta que con un último mordisco sobre la punta, Gerard se corrió en su boca, mezclándose esa sustancia con el agua de la bañera.
Cuando el mayor consiguió reponerse un poco, abrió los ojos que se le habían cerrado solos por el placer y vio a Frank al otro lado de la bañera masturbándose como si estuviese solo en el cuarto.
La visión no pudo ser más tentadora así que se puso de rodillas y se acercó a él.
-Date la vuelta y ponte en cuatro. -Susurró a su oído, y le dio una mordida en la oreja.
Frank no se hizo de rogar e hizo lo que le mandaba. Cómo quejarse cuando se lo había dicho con esa voz ronca y desgarrada por el placer.
Cuando estuvo en posición, Gerard se acercó a él por detrás, rozando su miembro con la entrada de Frank. Quería hacerle sufrir, quería que Frank le rogara que le penetrara. Después de friccionarse un poco, Gerard acercó su boca al trasero del más pequeño y le mordió una nalga, haciéndole gritar, antes de rozar su lengua en su entrada, simulando pequeñas envestidas con ella.
Después que unos largos minutos Frank se moría por sentir al otro dentro de él y se lo hizo saber.
-Vamos, ya, Gerard. ¡Fóllame ya o te la corto!
Y ante esa amenaza y las ganas que tenía Gerard y que le estaban matando, éste se introdujo en Frank de una simple estocada, comenzando un vaivén enloquecedor para ambos.
Mientras Gerard se sujetaba a la cadera de Frank para ayudarse con los movimientos, Frank se mantenía su cabeza apoyada en el borde de la bañera a la vez que se apoyaba con una mano y con la otra se masturbaba frenéticamente.
Finalmente, los dos explotaron en el clímax de un orgasmo bestial. Salieron de la bañeras sin preocuparse lo más mínimo por secarse o taparse y se encaminaron a la habitación de Frank, de nuevo sin despegar los labios, para seguir allí con su ajetreada noche.





Continuará...

sábado, 9 de julio de 2011

This is the best day ever - Cap. 4

En el capítulo anterior...

-Mi amor, ha sido fantástico. -Gerard besó suavemente la nariz de Frank.
-Si, perfecto. -Hizo una pausa- Gerard...
-Dime pequeño. -Le acariciaba la mejilla.
-Te amo. -Sonrieron.
-Yo también te amo, Frankie. -Y apoyó su barbilla sobre la cabeza del menor mientras se quedaban dormidos sin separarse del abrazo.


Capítulo 4:

Al cabo de un par de horas Gerard se removió en la cama y se despertó, despertando también a Frank.
-Nos dormimos. -Frank intentaba desperezarse.
-Sí. Es que el ejercicio cansa. -Se echaron a reír.
Frank se incorporó y se sentó en la cama, soltando un leve quejido y haciendo una mueca de dolor.
Gerard le miró preocupado.
-¿Qué te pasa? ¿Te duele mucho? -Frank sonrió, conmovido por la preocupación del mayor.
-No te preocupes. Ha valido la pena nene. -Acercó su mano a la mejilla y le acarició.. Gerard cambió su expresión, más tranquilo. Intentó sentarse pero también sentía dolor, el cual quedó reflejado en su cara. Pero en vez de quejarse, comenzó a reír.
-¿A ti también te duele, eh? -Bromeó Frank.
-Cariño, no pretenderás que después de tanto tiempo contigo dentro ahora no me duela. -Dijo mientras le guiñaba un ojo- Tienes mucho aguante... -Comentó más para sí mismo que para Frank.
-Obvio, nene. Es mi pasatiempo favorito, así que se me da bien. -Dijo mientras se encogía de hombros.
-Pero qué tonto eres -Gerard se abalanzó sobre Frank, pillándole desprevenido y atacándole con cosquillas.
Frank no podía parar de reír y retorcerse bajo Gerard, hasta que los dos se incorporaron recuperando el aliento.
-¿Vamos a comer algo?
-Oh sí... -Dijo Gerard con voz de orgasmo, haciendo reír al menor- ¡me muero de hambre!
Cenaron, porque ya era de noche, y volvieron al sofá para ver una película.
-Oye Frank, ¿veremos una peli de verdad ahora no? -Dijo riendo al recordar lo que había pasado esa tarde.
Frank le sacó la lengua como respuesta.
-Venga nene, dime que no te gustó mi plan. -Dijo mientras se mordía el labio.
-Ya sabes que no me gustó... Me encantó. -Se acercó al otro de forma provocativa y le cogió de las caderas, masajeándoselas.
-¡Deja de sobarme, pervertido! Y pongamos ya la película.
Cuando dejaron de reír pusieron una película, esta vez una de miedo. Pero más que asustarse no pararon de reír criticándola o descubriendo sus fallos.
-Gerard, ¿te quedarás a dormir conmigo? No quiero quedarme solo en casa todo el fin de semana... -Se acerca al mayor y hace un puchero con la boca.
-Oh, ¿mi bebé tiene miedo? -Le apretó las mejillas con una mano- Claro que me quedo. Me quedaré todo el tiempo que quieras, hasta que me eches a patadas de tu casa.
-Wiii! -Frank puso voz de niño al que le acaban de dar el regalo que había pedido y se lanzó sobre Gerard, besándole como si le fuese la vida en ello.
Así que esa noche durmieron juntos. Aunque dormir no fue lo que más hicieron.
*
Al día siguiente se despertaron casi a la hora de la comida, ya que por la noche se habían entretenido bastante antes de caer dormidos. Se ducharon juntos y decidieron salir a comer a un restaurante que quedaba cerca de la casa de Frank.
Después de comer salieron a dar una vuelta y Gerard recibió una llamada de su hermano.
-Dice Mikey que si queremos ir a una fiesta esta noche. Sexo, drogas, rock and roll, ya sabes.
-Mm mis tres cosas favoritas... -Dijo mientras se pasaba la lengua por los labios.
-Pensé que tenías otra cosa favorita... -Comentó Gerard con el ceño fruncido y señalándose la entrepierna.
Frank se relamió los labios.
-Esa cosa es sólo una pequeña, bueno, grandísima parte de mi cosa favorita; Mi persona favorita. -Y le dedicó una de sus típicas sonrisas encantadoras, esas que podían derretir al más hetero.
-¿Así que iremos no? -Sonrió Gerard a la vez que le agarraba de la cintura y dejaba un leve beso bajo la oreja del menor.
Frank asintió.
*
A las 11 de la coche iban de camino a la fiesta, donde habían quedado con Mikey y su novia.
Llegaron a la casa donde era la fiesta y estaba llena de gente ya, algunos en pésimas condiciones a pensar de aún era pronto. Entraron y vieron a Mikey y Alicia charlando con unos amigos en una esquina. Cogieron un par de copas de vodka y fueron hacia allá.
-Bueno bueno, quien es este chico y donde ha encontrado a esta preciosa novia. -Dijo Gerard metiendo la cabeza en el círculo donde estaban los otros.
-Gerard, ¡por fin! Tío, ¿dónde has estado? No te veo desde el viernes en el desayuno.
-Es que he estado ocupado -Le guiñó un ojo a su hermano pequeño.
-Ag, déjalo, no quiero saberlo -Dijo poniendo una mueca de asco, que hizo que su hermano le diese un leve puñetazo en el hombro mientras le sacaba la lengua- Ey Frank, ¿cómo te va? A tí tampoco te veo desde hace mucho.
-Ya ves Mikey, que asco de trabajo y de estudios... ¿Y tú qué tal Alicia?
-Bien, igual que tú, un poco hasta las narices de todo -Ambos se echaron a reír.
Mikey y Alicia se quedaron con los ojos totalmente abiertos cuando Gerard se acercó a Frank por la espalda y le dejó un beso detrás de la oreja.
-Ejem... ¿qué está pasando aquí? -Preguntó Mikey, aunque ya se lo imaginaba.
-Oh, cierto, que no lo sabéis. -Sonrió Gerard abrazando más fuerte a Frank- Frank y yo llevamos juntos poco más de una semana.
-Joder, ¡por fin! Pensé que no os lo diríais nunca -Arrugó la frente y echó a reír al ver las caras que se les había quedado a los dos tortolitos.
-Que.. ¿cómo dices? -Frank fue el primero en hablar.
-Vamos, se veía de lejos. Un poco más y os encierro en una habitación solos a ver si así os lo contabais de una maldita vez.
Los 4 echaron a reír y Gerard se acercó a su hermano para darle un abrazo.
-En serio tíos, me alegro un montón.
Se soltaron y siguieron con la fiesta. Estuvieron bebiendo, bailando, bebiendo otro poco y comiéndose hasta el alma, cada uno con sus respectivas parejas.
Cuando ya estaban muy borrachos y la fiesta se acababa empezaron los desvaríos entre los 4.
-Chicos, estoy solo en casa, veniros a dormir allí. -Comentó Frank.
-Si, si, si, ¡y nos montamos una orgía entre los cuatro! -Gritó Mikey.
-Michael, ¡Gerard es tu hermano! -Le contestó Alicia doblada de la risa por tal ocurrencia, aunque en el fondo no le parecía mala idea, por lo que inconscientemente se pasó la lengua por los labios.
-Eh tío, eres un depravado y vicioso -Gerard dio un empujoncito a su hermano.
-La que más iba a disfrutar iba a ser Alice. Ella sola con tres hombretones potentes -Dijo Frank contoneándose de forma provocativa.
-Cierto, tres hombres bien dotados. -Gerard llevó una mano a la entrepierna de Frank y le apretó.
-¡Eh! ¡Tócate la tuya!
-No, tócamela tú -Le respondió el mayor lanzándole un beso.
Frank agarró fuerte a Gerard, a quien se le escapó un gemido, mitad placer, mitad dolor.
-Oye, no hagáis esas cosas aquí, cochinos, ¡esperad a llegar a casa! -Gritó Mikey. Pero Alicia se había acercado a él sin que éste se diese cuenta y le agarró del mismo sitio, pero de forma más suave, insonorizando el gemido del chico entre sus labios, que habían apresado los contrarios y se mordían y lamían furiosamente.
-Venga, vámonos a casa, que esto está subiendo de tono y no es un buen sitio. -Dijo Frank una vez que él y Gerard se soltaron- ¡Ehhhh!
Entre Gerard y Frank separaron a la otra pareja, ignorando sus quejas. Gerard cogió a Alicia de la cintura y tiró de ella y Frank hizo lo mismo con Mikey. Éste estaba tan borracho que le daba igual a quien besar, pero quería besar a alguien, así que se lanzó a los labios de Frank, mordiéndole el inferior para hacer que abriese la boca y así recorrer todo su interior con su lengua.
Gerard aún tenía las manos en la cintura de Alicia y los dos veían la escena sin creerla.
-¡Tú, que es mi novio! -Gerard vio cómo Frank correspondía al beso, poniendo una mano en la cintura del otro para acercarlo más a él. -Está bien...
Gerard giró a Alicia y se apresuró a besarla, y ella le dejó y le respondió con la misma efusividad para vengarse de su novio.
Frank y Mikey se separaron un momento para coger aire y vieron a los otros dos.
-¡Gerard, suéltala! -Gritó Mikey acercándose a ellos y tirando de Alicia. Haciendo que se separasen.
-No es justo, ¿vosotros podéis y nosotros no? -Preguntó Alicia con un pucherito en los labios.
Y ante la situación, los cuatro estallaron el risas para después irse a casa de Frank y allí seguir con sus desvaríos y su propia fiesta.




Continuará...