jueves, 9 de enero de 2014

Hit me baby (OnHo) - Capítulo 6

Capítulo 6:
Key vio a Onew  en la puerta de la cafetería y sonrió, alzando la mano para llamar su atención y que le encontrase. Pero cuando el mayor iba a entrar vio que se daba la vuelta bruscamente, siendo arrastrado por alguien. De refilón vio que se trataba del idiota Minho. ¿Dónde le llevaría? ¿Por qué Onew no iba con él si le habían dicho que en el descanso se verían?

Probablemente hubiese cambiado de idea durante las primeras clases y habría pensado que no le apetecía mantener una amistad con alguien que podría tirársele encima en cualquier momento, lo cual no era cierto. Bueno, puede que sí lo fuese y tal vez Key se moría por echarse encima de Onew en más de una ocasión, pero tenía un poco de control sobre sí mismo, además de orgullo, y no pensaba ir detrás de alguien que había dejado bien claro que no estaba interesado en él. Aunque eso le hubiese hecho pedazos.

Esperó en la cafetería hasta que el timbre de vuelta a clase sonó y se arrastró cabizbajo hasta su aula. Onew había preferido pasar el descanso con su novio, él siempre estaba el primero en las preferencias del mayor.

Cuando el horario lectivo terminó por fin y llegó el esperado momento de volver a casa, Minho esperaba entre la gente a que su novio saliese y volvieran juntos, pues hoy tocaba comer en casa del menor como cada lunes para después compartir algún momento caliente y despedirse para ir al entrenamiento. Pero los minutos pasaban y Onew no aparecía por ningún lado.

Un chico de la clase de Minho que vivía en la misma dirección le vio en la puerta del edificio y se acercó a él para proponerle volver a casa juntos. Minho echó una última ojeada al pasillo y aceptó. Ya esperaría a Onew en casa, con la comida lista y poca ropa encima. Era hora de dejar de ser definitivamente aquel uke vergonzoso que se dejaba a hacer y convertirse en el seme controlador que volviese loco a su chico.

Otro que también buscaba a Onew entre la gente era Key. Había salido al pasillo cuando aún no había casi gente por allí y disimuló trasteando en su taquilla hasta que casi todos los alumnos habían salido, pero ni rastro de su amigo.

Era raro no haberle visto aún. Por lo general no salía muy tarde y además había visto a Minho esperándole, pero él también se había ido ya y sin Onew, lo que empezaba a preocuparle. Miró su móvil a ver si el mayor le había mandado un mensaje o algo diciéndole dónde estaba y luego recordó cómo estaban las cosas entre ellos. Al ver que efectivamente no tenía mensajes volvió a guardarlo en su bolsillo, pero de todas formas se pasó por su clase y se asomó a ver si aún estaba dentro. No había nadie.

Solo se escuchaba el ruido de profesores recogiendo sus cosas y algún que otro alumno lento que aún estaba saliendo. Sus pasos le guiaron a través de las clases que solía utilizar, la cafetería, el baño más cercano… Y por alguna razón fue a aquella zona del edificio a la que ninguno de los dos solía ir, donde había otro baño normalmente usado por profesores. Entró en él y no le sorprendió verlo vacío también, pero cuando iba a irse definitivamente suponiendo que Onew casi estaría en casa de Minho comiendo (sí, ya conocía sus planes), recibió una llamada en su móvil.

Era su madre, preguntando si comería en casa ya que ella tenía que marcharse y su padre estaba trabajando. Le dijo que ahora iba para allá y que tenía llaves, que no se preocupase, y volvió a guardar el móvil. Había abierto la puerta y estaba saliendo cuando una voz entrecortada y tan baja que casi no la escuchó le hizo volver.

-Key…

Creyó reconocer la voz así que volvió a entrar y se acercó a los cubículos, mirando bajo la puerta para buscar los pies que le indicasen dónde estaba. Cuando los encontró abrió la puerta despacio y el alma se le cayó a los pies al encontrar dentro a un Onew hecho polvo.

Estaba sentado en la taza y doblado sobre sus rodillas, con el pelo tapándole la mayor parte del rostro y abrazándose a sí mismo. Su espalda se sacudía y unos sollozos casi silenciosos le indicaban que era porque estaba llorando.

Sin pensarlo ni preguntar nada Key se tiró al suelo frente a él y le abrazó con fuerza, acunándole entre sus brazos. Onew empezó a llorar aún más fuerte y se aferró a la chaqueta de su uniforme como temiendo caerse si se soltaba. Key simplemente le abrazaba y peinaba su cabello despacio. Se moría por preguntarle qué había ocurrido aunque se imaginaba quién era el culpable pues siempre era el mismo.

Onew se fue tranquilizando poco a poco pero no se soltó de él, ni siquiera cuando sus sollozos desaparecieron casi por completo. El silencio llenaba el lugar hasta que Key no pudo soportarlo más y le alzó el rostro con cuidado.

El mayor tenía los ojos completamente rojos e hinchados, sus mejillas estaban empapadas y tenían marcas rojizas en ellas y sus labios tenían un par de heridas, probablemente de habérselos mordido para no hacer ruido mientras lloraba. A saber cuánto tiempo llevaba ahí llorando para estar así.

-Onew, ¿qué te ocurre? –La preocupación era palpable en su susurro. Sus dedos acariciaban la mandíbula del mayor, que desvió la mirada intentando no volver a llorar- ¿Minho…? -Simplemente asintió y en su cara se veía que no podría contener el llanto mucho más- ¿Qué te ha hecho? –Al ver su ropa descolocada abrió los ojos con terror- ¿Te ha hecho algo? ¿Ha intentado forzarte?

-¡No, no! –Onew negó rápido con su cabeza- No es nada de eso… -Su voz estaba ronca y apenas se le oía.

Key apretó el puño de su mano libre deseando estamparlo en la hermosa cara de Minho hasta dejarle irreconocible. Pero no dijo nada, su amigo ya estaba demasiado mal y solo necesitaba apoyo.

-¿Qué ha ocurrido? –Onew volvió a morderse el labio y los dedos de Key los acariciaron suavemente para hacer que lo soltase y no se dañase más. El mayor volvió a mirarle tras ese gesto, suspiró y habló por fin.

-Dos de sus amigos llegaron mientras estábamos aquí dentro así que salió y me dijo que esperase a que ellos se fueran. –Volvió a mirar el suelo y algunas lágrimas brotaron otra vez de sus ojos, las cuales Key limpió con los dedos mientras seguía hablando- Ellos le dijeron que pasaba mucho tiempo conmigo, que parecíamos pareja, y entonces… entonces él les dijo que era culpa mía, que me había vuelto muy dependiente de él y que estaba cansado de tenerme siempre encima y… -Nuevos sollozos atragantaron sus palabras así que Key volvió a abrazarle, besando su cabeza.

-Pero eso no es nuevo, Onew. Siempre dice cosas así para disimular. -Onew alzó la cabeza bruscamente con el ceño fruncido y el dolor en sus ojos.

-Esta vez sonaba diferente, parecía que de verdad pensaba todo lo que estaba diciendo y que se había olvidado que yo estaba aquí. –Miró a los ojos a Key- ¿De verdad soy así? ¿Soy agobiante? ¿Tú también te has cansado ya de mí?

Key sintió que su corazón se estrujaba al ver lo que esa persona tan especial estaba sufriendo. Puso un dedo sobre sus labios callándole para que no siguiese diciendo esas cosas.

-Por supuesto que no. Cualquiera sería feliz teniéndote a su lado. –Se estaba declarando de forma indirecta y su cuerpo temblaba- Yo nunca me cansaría de ti, Onew.

Los ojos del mayor brillaron ligeramente mientras le escuchaba sin apartar la mirada de él ni un segundo. Su corazón latía más rápido de lo normal por lo que estaba el otro le decía.

-Tú nunca me harías daño, ¿verdad? –Susurró acercando su rostro al de Key. El menor tragó fuerte y no pudo evitar bajar la mirada a sus labios un segundo, antes de negar con la cabeza como respuesta.

Lo que Key no se esperaba era que Onew le besase. Fue solo un ligero roce de sus labios pero sirvieron para sentir cosquillas en su estómago y que su corazón intentase salírsele por la boca. Pero no era momento para alegrarse por algo así, no cuando era palpable que su amigo seguía estando mal.

Suspiró y se puso en pie, tendiéndole una mano a Onew para que se levantase.

-Vamos a casa.

Ninguno de los dos dijo más. Onew siguió al menor hasta uno de los lavamanos y se echó agua en el rostro para intentar disimular un poco sus recientes lágrimas. Pasaron por la clase del mayor para recoger sus cosas y salieron del edificio caminando uno junto a otro en silencio hasta el lugar donde sus caminos se separaban.

-Key… -El aludido le miró para que continuase hablando- ¿Te vendrías a mí casa? –Habló avergonzado- No creo que pueda estar solo hoy.

El menor sonrió con ternura, apartando el cabello del otro de sus ojos, y asintió. Onew hizo un intento de sonrisa que no llegó a serlo y sin pensarlo cogió la mano de Key y volvieron a sumergirse en el silencio hasta llegar a casa. No había nadie, sus padres estaban trabajando y no habían preparado comida porque sabían que los lunes no comía nunca allí, así que Key se ofreció para preparar algo mientras Onew se cambiaba y se ponía cómodo.

Cuando la comida estuvo lista rebuscó en los armarios hasta dar con una bandeja y colocó las cosas ahí, subiendo con ello al cuarto de Onew. Al entrar se le encontró sin camiseta delante del espejo, mirando un par de marcas que tenía en la clavícula probablemente provocadas por la boca de Minho.

El odio y los celos volvieron a bullir en su interior.

Onew al darse cuenta de que no estaba solo se puso la camiseta corriendo pues odiaba mostrar su cuerpo, sólo lo había hecho con Minho. Se sentaron en la cama uno frente a otro con la bandeja sobre las rodillas de ambos y comieron sin hablar apenas.

Onew no sabía cómo le iba a agradecer a Key que estuviese allí dándole apoyo y que encima hubiese hecho la comida. No se merecía un amigo así, menos si encima cuando lo único que hacía era molestarle con sus problemas con Minho.

Los pensamientos del mayor iban de su agradecimiento a Key a un nuevo sentimiento que creía en su interior hacia él y de ahí a su amor por Minho y al dolor que le había causado esa mañana con sus palabras, y por culpa de esa mezcla de pensamientos y sentimientos sus ojos volvieron a aguarse y las lágrimas mojaron sus mejillas otra vez.

Al darse cuenta, Key apartó la bandeja dejándola en el suelo y se sentó a su lado pasando un brazo por sus hombros y acariciando sus mejillas tratando de quitar las lágrimas.

-Onew, me mata verte así.

-Lo siento, Key. –Balbuceó entre lágrimas. Su respiración se estaba agitando mucho y sus manos, que estaban a ambos lados de su cuerpo, temblaban sin control. Estaba al borde de un ataque de ansiedad.

Key se asustó y le hizo recostarse sin dejar de acariciarle ni un momento, pasando los dedos por su rostro, su cuello y sus brazos y de nuevo hacia arriba, acompañándose de palabras dulces.

Los ojos de Onew se cerraron y su respiración recuperó poco a poco la velocidad normal hasta volverse lenta y acompasada. Se había dormida bajo las manos tranquilizadoras de Key. Éste se quedó mirándole unos minutos sin dejar de acariciarle.

Fue a apartarse al verle calmado y profundamente dormido pero el mayor se revolvió y susurró entre sueños “no me sueltes” así que no lo haría. Acarició esos labios tan dulces que le habían besado unas horas antes; un beso salado bañado por las lágrimas. Se recostó a su lado y sin darse cuenta se quedó dormido, con la frente apoyada en el hombro de Onew y un brazo alrededor de su cintura.

Minho esperó y esperó a su novio en casa. Había preparado el salón para comer los dos mientras veían la tele y charlaban sobre esa la alfombra tan mullida en la que luego podrían hacer muchas otras cosas. Pero Onew no llegaba  y él tendría que irse a entrenar pronto.

Probó a llamarle por teléfono pero el móvil de su pareja estaba apagado, lo que también era muy extraño. Sin ser consciente de ello llegó la hora del entrenamiento así que fue al campo de fútbol sin poder sacarse la preocupación de la cabeza. Si no recibía noticias suyas en ese rato, iría a su casa a ver qué ocurría.

Debieron de pasar varias horas cuando el ruido ocasionado por la puerta de la habitación al ser cerrada con fuerza les despertó a ambos. Había poca luz y les costó acostumbrar sus ojos a la oscuridad mientras miraban alrededor buscando la razón de ese ruido.


Minho estaba junto a la puerta con las cejas tan fruncidas que parecían una sola y los nudillos blancos por la fuerza con la que apretaba sus puños. Si las miradas matasen, esos dos que se abrazaban sobre la cama ya estarían muertos. 



Continuará...

sábado, 4 de enero de 2014

Hit me baby (OnHo) - Capítulo 5

El lunes Onew estaba nervioso. Muy nervioso.

Por lo general todas las mañanas antes de ir a su punto de encuentro con Minho estaba nervioso pero todo era emoción por verle y miedo por hacer algo que les perjudicase. Y esta vez era distinto ya que ni siquiera se acordaba de que caminaría junto a su novio hasta clase. Si Minho no hubiese estado en el sitio de siempre y no le hubiera saludado, habría pasado de largo por tan distraído que estaba en sus pensamientos.

Onew caminaba en silencio con Minho a su lado, quien estaba extrañado de que su pareja no aprovechase ese rato para hablar sin parar como cada día. No dejaba de mirarle de reojo, notándole ido, y por más que trabaja de sacar un tema de conversación el mayor contestaba con monosílabos y sin prestar mucha atención.

-Ayer ganamos el partido. Estamos en lo más alto de la clasificación.

-Oh. Genial. –Minho frunció el ceño. Lo normal hubiese sido una sonrisa y un intento de abrazo que quedase a medias a recordar que estaban en la calle, pero nada.

-¿Te ocurre algo? –Se detuvo delante de Onew, quien chocó con él por no darse cuenta. Minho le sujetó por los hombros para alejarle un poco refunfuñando por el golpe.

-¿Eh? –Alzó la mirada por fin y el menor tuvo que repetir la pregunta- Oh, no me pasa nada, habré dormido mal y estaré cansado. –Le sonrió como solo él sabía y siguió andando seguido de Minho, un poco más consciente de su alrededor.

Minho seguía extrañado por su comportamiento pero no dijo más al respecto, volvió a su lado y esta vez sí pudieron hablar algo más, aunque ya casi estaban llegando. Y al estar en la puerta principal del edificio Onew volvió a ponerse raro, de nuevo nervioso, mirando a todas partes y retorciendo sus dedos entre ellos.

-Nos vemos luego Jinki. –Susurró cerca de su oído. Onew sintió un escalofrío y calló en la cuenta de que había estado todo el camino ausente y sin prestar atención a su novio, pero no podía evitarlo.

Había algo que no pudo quitarse la cabeza desde que ocurrió el día anterior. Exactamente había una persona a la que no podía quitarse de la cabeza. Cada vez que se distraía, Key aparecía en su mente y sus labios cosquilleaban recordando el beso que le dio. Y eso le llevaba a sentirse mal porque teniendo novio no debería andar pensando en esas cosas, en otros chicos. Pero no podía evitarlo, Key se había adueñado de su pensamiento.

Fue lentamente hasta su clase sin dejar de mirar alrededor y cuando estaba a punto de respirar tranquilo porque no se le había encontrado en el pasillo, volvió a chocar con alguien.

-Perdón, iba distraído. –Se disculpó enseguida girándose hacia la persona con la que había chocado. Mierda. Estaba junto a la taquilla de Key y éste estaba frente a ella guardando unas cosas. Iba esquivándole y al final se había chocado contra él.

-Tranquilo, es la Onew’s Condition, ya estoy acostumbrado. –Hablaba más seco de lo normal y sin mirarle, pero es que aún se moría de vergüenza por lo que había hecho y se arrepentía a cada segundo. Su relación ahora dependía de Onew.

El mayor rió por su respuesta y Key le miró de reojo por ello, sin poder evitar curvar levemente sus labios hacia arriba. Era imposible para él resistirse a eso. Su risa ruidosa, los ojos casi cerrados y la boca abierta, tapándosela con una mano avergonzado.

El timbre sonó sobre la risa de Onew y Key se dio prisa en guardar sus cosas. Iba a irse cuando el mayor le sujetó del brazo ya calmado pero sin borrar la sonrisa.

-Nos vemos después en la cafetería. –Y entró a su clase, que estaba a un par de metros de la taquilla de su amigo. Key se quedó paralizado un momento con el corazón a cien. Onew no le había dejado de lado, a pesar de todo parecía que podrían mantener la amistad y eso era suficiente para él.

Onew por su parte pensaba que no había sido para tanto finalmente. Puede que ahora supiese lo que su amigo sentía por él (o no, aún no sabía nada claro), pero no quería perderle de ninguna forma así que seguiría comportándose con él como hasta entonces, como si no hubiese pasado nada.

Más alejado, Minho veía la sonrisa idiota de Key con los puños apretados. Había visto toda la escena y los celos bullían en su interior. Ese maldito de Key iba tras su novio, lo tenía claro, y Onew era tan despistado que no se daba cuenta, pero él mismo se encargaría de mantener a su novio atado a él.

Después de varias clases aburridas y lentas llegó el descanso por fin y Onew iba de camino a la cafetería, donde seguro que Key ya le esperaba. Así era, cuando llegó a la puerta le vio a lo lejos y le saludó agitando una mano, pero cuando iba a ir hacia allí alguien tiró de su brazo impidiendo que entrado.

-Pero qué… -Quien fuese le arrastró unos pasos hacia atrás y le empujó despacio contra una pared- Minho, ¿qué haces? –Cuestionó sorprendido al verle.

-Jinki, tengo demasiadas ganas de ti. Este fin de semana no ha sido suficiente para mí. –Susurró cada palabra cerca de su oído, sin acercar sus cuerpos demasiado pero lo suficientemente cerca como para ponerle la piel de gallina.

-Minho… -Tartamudeó confuso- Estamos en mitad de un pasillo, cualquiera podría vernos.-Miró hacia todas partes asustado.

-No hay nadie por aquí ya. Ven. –Le cogió de la muñeca y volvió a arrastrarle hacia otra parte. Onew solo se dejó llevar aún sin entender nada. Era muy raro que Minho se comportase así estando en un lugar público, pocas veces se había atrevido a estar tan cerca de él y menos veces le había llevado de un lado a otro cogido de la mano (muñeca en este caso).

Cuando quiso darse cuenta ya estaban metidos en el baño de los chicos más alejado de la cafetería y Minho comprobaba que no hubiese nadie más que ellos allí dentro. Al quedar satisfecho, cogió a Onew de la camisa y le metió en uno de los cubículos, entrando él después y echando el pestillo. El mayor iba a preguntar pero nada más abrir la boca algo la cubrió. La boca de Minho.

El menor se había echado sobre él, arrinconándole contra la pared y pegándose por todos lados, agarrándole por la cintura y colando la lengua entre sus labios con desesperación. Onew jadeó por la sorpresa, definitivamente no entendía nada y quería saber qué le ocurría a su novio, pero éste no le daba tregua. Sus manos se movían por todas partes, su lengua le impedía hablar y casi respirar, y el roce entre sus cuerpos le volvía loco.

Definitivamente Minho NUNCA era así. Ni en sus sesiones de sexo era tan dominante sino que hasta el momento se había dejado hacer de forma bastante sumisa. Ahora era todo lo contrario. Toqueteaba, mordía y lamía la piel de Onew, le movía como le apetecía y le susurraba pequeñas órdenes: “Vamos Jinki, muévete contra mí”, “abre más la boca”, “tócame, mete la mano bajo mi pantalón ya”…

Onew flipaba en colores pero no estaba en condiciones de pensar y detenerle para preguntar qué bicho le había pica. Además, mentiría si dijese que esa nueva faceta sensual y sexual de Minho le disgustaba. Su erección demostraba que no le disgustaba para nada.

De un momento a otro la camisa del mayor estaba casi subida hasta sus hombros, la boca de Minho jugaba con sus pezones y los gemidos y jadeos se hacían más difíciles de esconder. Esa boca fue bajando poco a poco por su estómago y llegó al borde de su pantalón.

-M-Minho, no… -Tarde. Su pantalón estaba abierto, por las rodillas junto a su ropa interior y el nombrado se tragaba su dura erección como su la vida le fuera en ellos.

Demonios, nunca había pensado que harían algo así en la escuela. Bueno, nunca había pensado que harían algo así fuera de casa. Pero le estaba encantando, nunca había disfrutado tanto con una mamada como en ese momento.

Minho ponía toda su atención en provocar placer a su novio. Estaba decidido a darle todo aquello que solo un novio podía darle, lo que Key no podría darle. Tenía que mantenerle junto a él, nunca había sentido algo así por nadie y no estaba dispuesto a perderlo por culpa de un chico más femenino que su madre.

De rodillas en el suelo, entre las piernas de su novio, pensó que era una pena no poder hacer este tipo de cosas más a menudo por culpa de su norma autoimpuesta de nada de contacto físico ni cercanía en público. Todo sería más fácil si la gente supiese que eran pareja, pero eso estaba fuera de debate, no pensaba dejar que nadie se enterase.

Con una mano masajeó los testículos de Onew, que se deshacía frente a él mordiéndose el dorso de la mano para no hacer ruido, mientras que con la otra masturbada el trozo de erección que su boca no cubría. Una mano del mayor se enganchó a su pelo, pegándole más contra su pelvis y haciendo que su miembro entrase aún más en esa boca caliente y húmeda, notando que llegaba hasta su garganta y casi provocaba arcadas en el menor. Pero no se iba a quejar, estaba dispuesto a dejar loco a su chico y para eso haría cualquier cosa, por lo que se sujetó a la cadera de Onew con ambas manos y dejó que el mayor follase su boca a su gusto, sin oponer ninguna resistencia. Cuando la mano que le sujetaba el pelo se apretó y tironeó un poco, supo que no aguantaría más. Y así fue, inmediatamente el semen de su novio le llenó la boca y bajó directamente por su garganta.

Nunca se había tragado eso. Por lo general Onew le avisaba de cuando iba a correrse y él se apartaba. Y cuando no le había dado tiempo a avisar simplemente escupía después. Pero debía admitir que no sabía tan mal como pensó.

Se levantó del suelo limpiando la saliva de su barbilla mientras Onew aún procesaba su orgasmo y parpadeaba rápido para intentar volver a enfocar y recuperar la compostura.

-Te quiero, Jinki. –Susurró antes de darle un besito en los labios.

-Dios, Minho… -El nombrado asintió ayudándole a recolocarse la ropa- ¿A qué ha venido…

El sonido de la puerta del baño le interrumpió. Bueno, más bien la mano de Minho sobre su boca fue lo que le calló. Con un gesto le indicó que se subiese al retrete y él se quedó quieto escuchando. Eran dos de sus amigos, uno de los cuales jugaba al fútbol en su equipo. Le lanzó una mirada a Onew y susurró, casi gesticuló simplemente.

-Espérate a que salgamos y te vas. 

Se recompuso la ropa y se peinó con los dedos antes de salir. Los dos de fuera se giraron en seguida y sonrieron al verle.

-¡Minho! No sabíamos dónde estabas, no te encontrábamos en la cafetería junto a Onew como siempre.

-Ya, bueno, creo que no me encuentro bien así que prefería estar cerca del baño por si acaso. –Asintieron comprensivos y abrocharon sus pantalones al terminar en los urinarios y fueron a lavarse las manos.

-Es raro no verte con ese chico. –Comentó su compañero de equipo.

-¿Con Onew? ¿Por qué? –Preguntó Minho haciéndose el desentendido.

-Pasas mucho tiempo con él, cualquiera diría que sois pareja. –Rió el otro, mirándole a través del espejo.

Minho se tensó visiblemente al escuchar eso y Onew contuvo la respiración dentro del baño. El cerebro del menor trabajaba sin descanso buscando una excusa cuando de nuevo su compañero volvió a hablar.

-¿Dónde fuisteis el viernes? ¿De escapada romántica? –Siguió con la broma, la cual a Minho no le hacía ni pizca de gracia y sólo quería inventar algo y salir de allí. Encima solo faltaba que descubriesen a Onew escondido en el cubículo.

-Pero qué decís idiotas. –Les dio un golpe a cada uno cuando se giraron hacia él- Lo que pasa es que le conozco desde hace muchos años y no sé por qué se ha vuelto muy dependiente de mi.

Onew casi se cae de donde estaba subido al escuchar eso.

-Oh, ¿en serio? –Minho asintió antes de seguir hablando sin pensar las consecuencias de sus palabras.

-No sé qué le pasa conmigo pero no me lo quito de encima. Me da pena, apenas conoce a nadie aquí. Pero es muy absorbente y agobiante, me cansa.

Los chicos abrazaron a Minho uno por cada hombro.

-No te preocupes, la próxima vez que se ponga pesado nos puedes poner de excusa. Dile que tienes planes con nosotros o algo. –El otro asintió y Minho sonrió, aún tenso.

-Gracias chicos, a ver si así me lo saco de encima de una vez. –Y los tres abandonaron el baño.

Al quedarse solo, Onew bajó de la taza y se sentó en ella, digiriendo todo lo que había escuchado.

¿De verdad Minho creía eso de él? ¿Le agobiaba y le cansaba pasar tiempo con él? En un principio pensó que les daría cualquier excusa pero al decir eso hablaba tan convencido y sonaba tan real que el mundo se le cayó encima. ¿Su novio se había cansado de él?

En algún momento sin darse cuenta las lágrimas comenzaron a recorrer su rostro sin control. Intentó levantarse para lavarse la cara y arreglarse cuando escuchó el timbre de vuelta a las clases pero su cuerpo no respondía. Las palabras de Minho le habían roto por dentro y ahora no podía hacer nada, sentía que había salido de su cuerpo y ya no podía manejarle. Así que simplemente se quedó allí y dejó que las horas pasaran.



Continuará...

miércoles, 1 de enero de 2014

Hit me baby (OnHo) - Capítulo 4


Key pasó toda la tarde pegado al móvil esperando la llamada de Onew en la que le dijese que se habían cansado de las tonterías de Minho y que por fin le había dejado. Pero esa llamada nunca llegó. Ya de noche empezó a preocuparse así que fue él quien llamó a su amigo, sin obtener respuesta.

Onew estaba muy ocupado disfrutando de la sorpresa que le había dado su novio como para escuchar el móvil. Incluso cuando vio la llamada a la mañana siguiente la dejó pasar, ya llamaría cuando estuviese en casa. Él y Minho tuvieron la oportunidad de seguir disfrutando del balneario unas horas más ese mañana y después fue hora de volver a hacer el viaje de casi una hora hasta casa.

Se despidieron de los dueños del sitio con una reverencia y dando las gracias mil veces porque el tiempo allí había sido muy especial para ambos, algo que siempre recordarían y que les había provocado la ilusión de que todo era perfecto entre ellos. Pero nada es tan fácil y aún tenían que regresar a la vida real.

Nada más salir del balneario las cosas cambiaron. Minho caminó de la mano de Onew hasta la estación de tren y a partir de ahí no volvió a tocarle y la conversación se volvió más tensas porque los dos sabían lo que tocaba: distancia y a disimular que solo eran amigos.

Bajaron del tren y caminaron en silencio hasta donde sus caminos se separaban. Onew se moría por darle un último beso a Minho antes de irse para agradecerle todo lo que había hecho, pero sabía que no podía por lo que bajó la cabeza sin decir nada. Minho notó eso pero no hizo nada, no se arriesgaría a hacer algún movimiento y que alguien le viese y empezaran los comentarios. Así que puso una mano sobre el hombro de su novio, apretó y le miró fijamente antes de darse la vuelta e irse a su casa.

La felicidad de Onew se deshizo. Se había hecho ilusiones con el viaje pero la realidad era esa, una realidad donde su novio casi ni le hablaba si no estaban solos. Sujetó bien la bolsa con las cosas de clase y caminó cabizbajo a su casa. Ese día tampoco llamó a Key, no le apetecía que su amigo le diese la charla diciendo que Minho no era lo que merecía y blablablá.

Llegó a casa, saludó al aire y se metió en su habitación, directo a la cama (sobra decir que la noche anterior no había dormido mucho con su novio desnudo en la misma cama). El móvil sonó sobre su mesilla y solo por costumbre lo cogió para ver quién era.

Te quiero. Nunca olvidaré este viaje

Minho.

Onew cerró los ojos sonriendo de nuevo. Tal vez no estaba todo perdido todavía. Con el móvil sobre el pecho se quedó dormido.

El domingo Minho tuvo partido de fútbol y le dijo a su novio que si quería ir a verle pero el mayor se negó, no quería repetir lo del entrenamiento anterior. En lugar de eso llamó a Key y le invitó a casa para pasar la tarde y contarle lo de la sorpresa. La cara de Key era un poema cuando Onew le contó con pelos y señales dónde habían ido y todo lo que habían hecho.

-Y cuando salimos de allí, en la ducha… -Le contaba el mayor, pero Key le interrumpió.

-Vale, vale. –Agitó una mano frente a su cara para callarle- Me ha quedado claro que lo hicisteis como conejos, no me des más detalles.

-¿Te ocurre algo? Pareces molesto. –Onew le miraba con el rostro ladeado y Key intentó relajar el rostro que había ido tensando según avanzaba la historia.

-Es que soy cotilla pero no necesito saber en qué posturas y cuántas veces lo hace mi amigo con su pareja.  –Se froto la frente con los dedos y suspiró- La conclusión es que has perdonado al idiota de su novio solo porque te ha llevado al otro lado de la ciudad de viaje, donde nadie os conociese para que no sospechasen.

Onew frunció el ceño y miró mal a su amigo.

-Siempre tienes que pensar lo peor de él y criticarle. Tal vez solo le gustase ese sitio o no hubiese uno mejor cerca.

-Ya, claro… -El sarcasmo impregnaba su voz como veneno. Onew se estaba empezando a enfadar de verdad.

-¿Por qué te cae tan mal? No lo entiendo, no te ha hecho nada. Ni si quiera habláis.

-No me hace falta habar con él. Tú me cuentas cómo os va y veo cómo te trata cuando hay gente delante. No es buena persona.

-¡Deja de insultar a mi novio! –Gritó antes de darse cuenta. Respiró hondo antes de volver a hablar bajo la escrutadora mirada de Key- No le conoces, no sabes por qué lo hace. Tiene miedo de que le echen del equipo y no poder cumplir su sueño de ser jugador profesional si se enteran de que es gay. Además que sus padres no lo entenderían y tiene pánico a quedarse solo si sus amigos le dan de lado… -Iba bajando la voz hasta terminar susurrando. Él tampoco quería eso pero sin embargo le daría igual con tal de estar con Minho. Al parecer para su novio no era suficiente estar con él, prefería a todos los demás a cambio de una relación secreta.

Su ánimo volvió a caer, dejándole sumido en sus pensamientos, olvidándose de Key. Éste le miraba sin saber qué hacer. Odiaba ver mal a ese que para él era un amigo tan especial. Si fuese su pareja nunca le trataría de esa manera, todo sería poco para ese chico tan tierno.

Se movió en la cama donde llevaban tirados casi toda la tarde hablando y quedó más cerca de Onew.

-¿Cómo sabes que Minho es lo que quieres si no has probado nada más? –Susurró, sobresaltando al mayor al recordar que no estaba solo.

-¿Qué quieres decir?

-Pues eso… Tal vez tu pareja ideal esté ahí, esperando por ti para cuidarte y mostrarse contigo frente a la gente. –Se acercó otro poco.

Onew miró hacia el otro lado pensando en sus palabras pero no, él quería a Minho y punto. Se giró bruscamente para decírselo a Key pero ya estaban demasiado cerca y sus labios se encontraron. Inmediatamente Key le sujeto del cuello para evitar que se alejase, la cual fue la primera intención de Onew.

Ese beso era distinto, no era como los que se daba con Minho. No se movía, no correspondía, simplemente era Key quien le besaba a él, suave y blandito, con sabor a fresa gracias al gloss del menor.

Onew estaba paralizado con los ojos como platos mientras Key tenía los suyos cerrados, disfrutando de lo que llevaba anhelando tanto tiempo. Cuando se separó, rendido porque el otro no respondía el beso, suspiró y abrió los ojos para mirarle con miedo. Apartó la mano y un silencio incómodo llenó la habitación.

-Onew, lo siento, yo…

-Será mejor que te vayas. –Le interrumpió de forma algo brusca. Key sintió su corazón hacerse pedazos.

-Onew… -El nombrado se levantó poniendo espacio entre ellos.

-Tengo que ir a ver a mi novio. Por favor. –Dijo la palabra novio solo para conseguir que su amigo se fuese y extendió el brazo hacia la puerta sin mirarle.

Key se dio de puñetazos mentalmente, cogió su abrigo y salió de la habitación, dándole una última mirada de tristeza a Onew que éste no le devolvió, más entretenido en el suelo de la habitación.

Por fin solo y habiendo escuchado la puerta principal cerrarse, Onew se tiró boca abajo en la cama y enterró la cara en la almohada.

¿Qué era ese cosquilleo que sentía? ¿Por qué ese simple beso se había sentido tan bien? ¿Por qué le gustaba un beso que no le había dado Minho?

Su cabeza iba a estallar, quería tirarse de los pelos para haber si alguna idea lógica era arrancada de su cerebro, pero en lugar de eso gritó ahogadamente, liberando algo de tensión.

¿Por qué le había besado Key? ¿Sería simplemente para demostrarle que había más personas a parte de Minho o realmente sentía algo por él? ¿Sería él esa persona que estaba ahí esperando por él? Era imposible, Key era independiente, de conquistas rápidas y temporales, no podía haberse enamorado de él. No.

Por su parte Key no había podido llegar muy lejos antes de que las lágrimas que trataba de contener en casa de su amigo (o ex-amigo, ya no lo sabía) escapasen de sus ojos. Lo había estropeado todo, llevaba disimulando mucho tiempo que no pasaba nada pero ahora había besado al chico que le volvía loco y lo había asustado. Le había perdido para siempre, ni si quiera querría seguir manteniendo esa amistad.

Cuando conoció a Onew tenía pareja, un chico un año mayor que él con el que creía que por fin abandonaría su costumbre de dejar a sus parejas en dos días. Pero poco después de conocer a Onew empezó a sentir algo por él y dejó al otro chico a pesar de todo. Intentó ganarse su cariño y poco a poco logar que le correspondiese, sin prisas, llevándole a su terreno. Pero entonces le contó que había empezado una relación con un amigo de la infancia, Minho, y le hundió. Se arrepintió de haber dejado a aquel chico por una causa perdida pero ya no había vuelta atrás, así que se mantuvo al lado de Onew, apoyándole en sus malos momentos con Minho, tratando de hacerle ver que había cosas mejores que esa relación de engaños y mentiras que tenía. Y ahora que Onew parecía estar comprendiendo que un novio no debería actuar como lo hacía Minho, iba él y le besaba, lanzándole a sus brazos otra vez.

Era un inútil, el amor no era para él. Estaba destinado a tener parejas esporádicas y poco más.


Se levantó del suelo, donde había caído en su caminata cuando sus piernas temblaron demasiado, y se limpió las mejillas. No iba a llorar más por un tonto que no se daba cuenta de las cosas. Si Onew quería deshacerse de su amistad no haría nada por impedirlo, solo iría con la cabeza alta y se enfrentaría a lo que fuese necesario como hacía siempre. 



Continuará...

martes, 31 de diciembre de 2013

Hit me baby (OnHo) - Capítulo 3


Las horas se hicieron interminables para Onew. No pudo concentrarse en lo que sus profesores explicaban, solo tenía en la cabeza la sorpresa de su novio. Minho no era la persona más detallista del mundo pero de vez en cuando tenían detalles que hacían que Onew se enamorase más y más. Y esta vez no se imaginaba lo que podía haber preparado.

Minho también estaba algo nervioso. Aunque había conseguido que Onew olvidase momentáneamente lo del día anterior sabía que aún le dolía, y más por no ser la primera vez, así que todo tenía que ser perfecto para que su chico le perdonase de verdad.

No era muy partidario de hacer este tipo de cosas porque era malo para los regalos y los planes y el mayor lo sabía, pero eran un buen método para contentar a su novio. Onew lo que más agradecía era el esfuerzo que ponía.

Cuando finalmente el timbre anunció el final de la jornada Onew recogió todas sus cosas con prisa para encontrarse con Minho cuanto antes, pero en el camino hasta la puerta fue acorralado por Key.

-¿Estás seguro de que lo mejor es ponérselo tan fácil? –Había dejado a Onew contra la pared y tenía una mano apoyada al lado de su cabeza, hablando serio y pegado a su rostro.

-No se lo pongo fácil. –Hizo una mueca como un niño al que regañan, mirando por encima del hombro de Key buscando a su novio- Esperaré a ver la sorpresa y luego decido.

Vio a Minho a lo lejos, mirándoles con el ceño fruncido y echando humo por las orejas por la cercanía entre ellos. Key le sujetó del rostro haciendo que le mirase.

-Ten cuidado Onew, te mereces lo mejor. No te dejes engañar por sus trucos si luego va a seguir siendo un idiota delante de la gente. –Onew sonrió enternecido por cómo le trataba siempre su amigo.

Sin pensarlo le beso la mejilla y se escapó de su cuerpo.

-¡Te llamaré cuando esté libre! –Le gritó caminando ya hacia Minho. Key acarició el lugar donde los labios de Onew se habían posado.

El menor le esperaba con los brazos cruzados y cara de mala leche, y cuando Onew llegó a él no pudo evitar sus palabras.

-Esta mañana te abraza y ahora le besas. ¿A qué juegas Jinki? –Parecía realmente enfadado, por lo que la sonrisa de Onew se borró.

-Yo… Ha sido solo… -El ruido que hacían algunos chicos que salían de la clase de Minho no le dejó continuar. Varios chicos llegaron a su lado y el menor cambió su rostro como si no pasase nada.

-Ey Minho, vamos a salir todos a dar una vuelta. ¿Te vienes? –El aludido sonrió y dio la espalda a Onew para hablar con ellos. El mayor pensó que se había enfadado tanto con la escena de Key que volvería a dejarle de lado y no habría sorpresa. Por eso le sorprendió tanto escuchar la negativa de su novio.

-Lo siento, voy con Onew. Tenemos que hacer unas cosas.

-¿No puedes hacerlo en otro momento? Vamos todos. Incluso viene esa chica de la otra clase que te mira tanto. –El chico le guiñó un ojo y Minho río. Onew apretó los puños. Como se enterase de quien era ella la mataría por ir detrás de su chico.

-Vaya, es una pena que me lo pierda, pero no, en serio es importante. –Encogió los hombros como disculpa y los otros se dieron por vencidos. Se despidieron y se perdieron de su vista- Bueno, vámonos Jinki.

Onew no dijo nada e ignoró su adorable sonrisa, simplemente echó a caminar al exterior. Minho no pudo evitar sonreír por sus celos aunque disimuló para no enfadarle más.

Iniciaron el camino en silencio y como Onew no sabía dónde iban, simplemente se dejaba guiar por Minho. Sus instrucciones eran lo único que rompía el silencio hasta que al coger el segundo tren el mayor se aburrió de estar enfurruñado.

-¿Se puede saber dónde vamos? –Miraba embobado por la ventana del tren intentando descubrir hacia dónde iban, pero en esa zona de la ciudad no había estado nunca.

-Te he dicho que es sorpresa. Ya lo verás. –Le miró fijamente y pasó se relamió los labios lenta y disimuladamente. Onew contuvo un suspiro, se moría por besarle.

El resto del camino fue un poco más animado y charlaron como siempre hacían, de todo y de nada, esquivando temas peliagudos por el momento. Si era una sorpresa era momento de disfrutar, no de discutir otra vez.

Cuando por fin bajaron del tren, después de casi una hora de viaje, Minho hizo algo que sorprendió tanto a Onew que se quedó parado en mitad de la calle. Le cogió de la mano. Minho sintió el tirón al quedarse su novio atrás y le miró, ladeando la cabeza sin comprender qué le pasaba.

-Lo siento, no estoy acostumbrado a que estemos así cuando estamos en la calle. –Se sonrojó un poco el mayor. Minho rió bajito.

-No hay nadie por aquí y si lo hay no nos conoce. Venga.

Caminaron unos minutos, ciertamente aquella zona estaba casi vacía, solo un par de casas se veían y el resto era campo. A lo lejos se veía una casa mucho mayor en tamaño y fue allí hasta donde fueron. Era un balneario y Onew estaba boquiabierto.

-Bueno Jinki, esta es tu sorpresa. Reservé hasta mañana. –Se mordió el labio esperando que el mayor dijese algo, pero éste solo pudo sonreír y apretar su mano con emoción.

Minho suspiró aliviado.

Entraron e hicieron los trámites necesarios, aunque Minho lo tenía casi todo listo ya. Incluso les habían preparado ya las ropas que llevarían y estaban en la habitación donde pasarían la noche. Además, en una pequeña mesita tenían preparado un té y algo de comer.

Onew dejó sus cosas de clase en una esquina y paseó por el sitio admirándolo. Era hermoso, su novio tenía muy buen gusto y sabía cómo sorprenderle. Se iba a girar para darle las gracias cuando sintió unos brazos rodeando su cintura y un cuerpo pegado a su espalda. La sonrisa de Onew ya era imborrable. ¿Problemas? ¿Qué era eso?

Minho se agachó un poco para besar su nuca suavemente y el mayor se dio la vuelta entre sus brazos, pasando los propios por el cuello del más alto.

-Gracias Minho, me encanta la sorpresa. –Susurró, llevando la mirada de sus ojos a su boca. El menor sonrió enseñando los dientes. Lo había conseguido, ya tenía el perdón de su novio. Se inclinó sobre él y unió sus labios, moviéndolos despacio y acariciando sus costados con los dedos.

-Vamos a dar un paseo por el jardín. –Le dio un beso más y, cogiéndole de nuevo de la mano le sacó de allí.

En el jardín había un pequeño estanque con peces, a los cuales estuvieron echando de comer mientras reían y jugaban con el agua. Después metieron los pies en agua y se relajaron mientras veían el atardecer.

Cuando ya estaba oscuro volvieron a la habitación y Minho abrió una puerta que Onew no había visto antes. 

Daba a una terracita cerrada, donde había un pequeño jacuzzi. Se miraron y sin tener que decir nada empezaron a quitarse la ropa hasta quedar desnudos. El mayor fue el primero en acabar así que corrió hasta el jacuzzi, permitiendo que Minho le observase desde atrás y disfrutase de las vistas de esa piel pálida y ese trasero tan apetecible. Onew le llamó desde el agua sacándole de sus pensamientos por lo que terminó de quitarse la ropa y se unió a él.

El agua estaba caliente mientras el aire de la calle era un poco frío, un contraste que les erizaba el bello pero les encantaba pues era la excusa perfecta para abrazarse bajo el agua. Minho pasó un brazo sobre los hombros del mayor y éste giró el rostro para besarle. Empezó siendo un beso lento, una simple caricia entre sus labios, pero no era suficiente después de todo el día sin nada de contacto entre ellos. Coló la lengua entre los labios del más alto y buscó la contraria, enredándose con ella en cuanto la encontró. Minho le sujetó de la nuca impidiendo que se separase y Onew coló una pierna entre las del otro.

Las cosas se estaban calentando, sus pieles ardían por el contacto y no querían separarse. La mano de Minho bajó por su espalda y se detuvo casi sobre su trasero, la otra la llevó a su cabello. Mientras, Onew se centró en pasar las manos por el pecho de su novio, acariciando sus músculos y jugando con sus pezones, consiguiendo que sensuales jadeos escapasen de su boca. Cuando sintió que no podría detenerse, Onew rompió el beso y apoyó la frente el hombro de Minho.

El menor jugó con el cabello del otro e hizo que Onew se moviese, dejándole sentado entre sus piernas y con la espalda apoyada en su pecho aprovechando que era el más alto. Le abrazó por la cintura y apoyó la barbilla en su cabeza. Cuando alzaron la mirada, ambos se encontraron con la imagen de la luna, blanca y brillante.

-Es preciosa. Me encanta mirar el cielo de noche. –Acariciaba las manos de Minho que descansaban sobre su estómago.

-Es hermosa sí, pero tengo algo más hermoso entre los brazos. –Los ojos de Onew brillaban bajo la luna blanca- No soy el mejor novio del mundo, pero te quiero Jinki. –Susurró aún mirando el cielo.

Onew alzó la cabeza y alcanzó sus labios una vez más. Un beso romántico a la luz de la luna y las estrellas.

Cuando se cansaron y su piel se veía demasiado arrugada, salieron del jacuzzi con cuidado y entraron rápidamente en la habitación para no enfriarse. Se pusieron las ropas que aún estaban sobre la cama y pidieron algo para cenar.

Una vez llenos, Onew se metió en el baño y al salir Minho estaba tumbado en la cama con los ojos cerrados. Se acercó a él lentamente y se sentó a su lado, inclinándose para besarle.

Nuevamente era un beso lento. Unieron sus manos mientras sus bocas jugaban, pero esta vez no terminaría como el jacuzzi. Sus lenguas se buscaban con desesperación y se encontraban fuera de sus bocas. Onew se recostó sobre Minho y bajó los besos por su mandíbula y cuello hasta la abertura de su traje. Bajó un poco la tela apartándola de sus hombros y descendió rozando su piel con la lengua hasta llegar a uno de sus pezones. Lo lamió y presionó endureciéndolo mientras Minho se aferraba a su espalda suspirando. Hizo lo mismo con el otro pezón y cuando mejor se ponía la cosa para el menor, se apartó. Se arrodilló entre sus piernas y abrió la parte inferior del traje, dejando a la vista los calzoncillos de Minho.

El menor se apoyó en sus hombros para ver mejor, le encantaba tener a su Jinki entre sus piernas sabiendo lo que iba a hacer. Las ágiles manos de Onew acariciaron sus piernas y se detuvieron sobre su miembro, el cual empezaba a despertar. Lo masajeó sobre la tela, desesperándole, y cuando la respiración de Minho se empezó a acelerar, le quitó la prenda inferior, pero no llevó sus manos a ese miembro endurecido y sonrosados sino que lo cogió entre sus labios. Eso pilló por sorpresa al menor, que arqueó la espalda por la sensación de calor y humedad y se dejó caer de nuevo hacia atrás.

La boca de Onew era increíble, siempre lo demostraba. Sabía dónde succionar y cuando apretar los labios, dónde lamer y a qué velocidad masturbarle. Incluso sabía cómo usar los dientes para llevar a Minho a la locura, como en ese momento. Onew sentía creer a Minho en su boca y cuando sabía que estaría a punto volvió a dejarle.

Minho se quejó y le miró con los ojos entrecerrados para ver qué hacía ahora. Onew reptó sobre su cuerpo y se abrazó a su novio, quien rodeó su cintura con las piernas, para besarle, compartiendo el sabor de Minho.

El menor se abrazaba a él como la vida le fuese en ello pero la ropa le estorbaba. Tiró de la prenda bajándola como podía pues la lengua de Onew en su boca no le dejaba pensar con claridad. La quitó de sus hombros y Onew sacó los brazos dejándola únicamente ataca a su cintura por el lazo. Los finos dedos de Minho recorrían su piel causándole escalofríos y empezó a mover la cadera contra él, rozando sus entrepiernas.

Onew se levantó tirando un poco del labio de su novio entre sus dientes. Sin apartar la vista de él se quitó el calzoncillo y gateó hasta quedar a la altura de su cabeza. Tenía fuego y pasión en la mirada, igual que su compañero, quien no necesitaba que le dijesen qué debía hacer. Levantó la cabeza de la almohada y lamió toda la extensión de la erección del mayor. Trazó dibujos con su lengua en la punta y finalmente se metió todo lo que pudo en la boca, dejando que fuese Onew quien llevase el ritmo. Le masturbó hasta dejarle completamente duro y entonces llegó el momento.

Onew volvió a moverse, colocándose de nuevo entre las piernas de su pareja. Le hizo doblar las rodillas y alzar las piernas y coló una mano entre sus cuerpos. Pero no fueron a la erección el menor sino un poco más abajo. Rozó su entrada levemente notando como la respiración del chico se entrecortaba. Lamió sus dedos y volvió a lo que hacía, esta vez colando un dedo en su interior. Minho se tensó un poco pero en seguida se acostumbró a la intromisión, ya estaba más que acostumbrado a ello.

Cualquiera que los viese como pareja diría que el activo era Minho, pues siempre era el que daba órdenes y manejabas las situaciones, pero en la cama era distinto. Minho se convertía en alguien tímido y vergonzoso mientras Onew tomaba las riendas y el control. A ambos les gustaba.

Cuando ya eran tres dedos los que abrían a Minho, Onew los sacó y se colocó bien, guiando su miembro hasta la entrada con una mano y entrelazando los dedos de la otra con los de su novio, quien los apretaba con fuerza. Entró despacio pero sin detenerse hasta estar completamente hundido.

-Ah, Jinki… -Los gemidos de Minho comenzaron al sentir la dureza de su novio- Te quiero. -Se mordió el labio con fuerza cuando comenzó a moverse lentamente pero Onew volvió a pegarse a él para besarle cuando las embestidas empezaron.

Más que beso eran lametazos y mordiscos que dejaban escapar gemidos y jadeos sin control. Onew no se centró solo en su boca, estaba en todas partes. Se doblaba para alcanzar sus pezones entre los dientes, le masturbaba despacio o dejaba marquitas en su cuello.

Minho era una masa gelatinosa que no sabía ni lo que hacía, eso era lo que conseguía su novio siempre, que se olvidase de todo y entonces era el hombre más feliz de la tierra, porque eran solo ellos dos. Subía y bajaba las manos por la espalda de Onew, enroscaba las piernas a su cintura para sentirle mejor y pegarle completamente a su cuerpo… Todo era lento, cariñoso y especial. No era una de esas veces que lo hacían con prisa y fuerza. Esto era mucho más romántico.

Con Minho enroscado a él pasó los brazos bajo su cabeza para estar aún más unidos y dejó sus rostros tan cerca que se besaban de vez en cuando sin tener a penas que moverse, mientras las embestidas suaves continuaban.

Aún llevaban los trajes aunque parecía que ni eso les importaba, sin embargo Onew se separó un momento sin dejar de moverse para desatar su lado y quitarse la prenda y hacer lo mismo con la de Minho, aunque a él solo se la abrió y de la dejó puesta pues debía moverle demasiado.

Sus caderas se movían al compás, sincronizadas, y según subía la temperatura y necesidad se movían más rápido y desesperados, ansiando llegar a ese momento en que se dejasen ir de se derrumbasen uno sobre otro.

-Te quiero… -La dulce voz de Onew, cansado agitado, llenó los oídos de Minho, que abrió los ojos para no apartar su mirada de los hermosos ojos de su novio.

Onew le sujetó por la espalda y le incorporó despacio, quedando ambos sentados con Minho encima de su cadera. Ahora era Minho quien se movía para buscar las penetraciones. Se agarró de los hombros del mayor para impulsarse mejor, jadeando sobre su boca. Todo movimiento era ya descontrolado y frenético. Onew llevó su manó al miembro de Minho para masturbarle y conseguir llegar juntos y así fue, a los pocos segundos Minho se corría en la mano del mayor y Onew en el interior de su novio.

Se quedaron quietos y abrazados uno encima del otro, el menor con la boca junto al oído de Onew, donde susurró.

-Te quiero, Jinki. –El nombrado le llevó hacia atrás para dejarle sobre la cama y se tumbó a su lado.

-Yo también te quiero, Minho. –Besó su hombro desnudo y se abrazó a él.

Y así se acomodaron, uno junto al otro, hasta que el sueño les ganó y se quedaron dormidos.


Tal vez hacerle regalos a Onew no era la mejor forma de cuidar la relación, pero de momento funcionaba. Ninguno de los dos se acordaba de lo que había sucedido el día anterior, aunque ese olvido fuese temporal.



Continuará...

lunes, 30 de diciembre de 2013

Hit me baby (OnHo) - Capítulo 2


Gracias a Minho y su afán por disimular delante de la gente, no había nadie que supiese su relación. O bueno, eso creía él pues Onew se lo había contado a una persona a sin decírselo a su novio o le mataría.

-No me puedo creer que te haya dejado plantado otra vez. ¿Cuántas van ya? –La voz enfadada de su amigo le taladraba los oídos mediante el altavoz del móvil.

-Si sigues gritando así no necesitaré el móvil para escucharte, Key. –El otro bufó, instándole a que respondiese. Un suspiro escapó de los labios de Onew antes de susurrar- No sé, ¿cuatro?

-De verdad que no entiendo cómo le permites tratarte así. Eres mayor que él, plántale cara. ¿Qué podrías perder?

-A él…-Key rodó los ojos al otro lado de la línea, Onew le conocía tan bien que casi pudo ver el movimiento en esos orbes felinos.

-Cuándo te entrará en la cabeza que hay chicos mejores que él, que no te tratarían así.

-Tal vez, pero yo solo quiero a Minho. –La voz del mayor sonaba frágil por lo que key intentó calmarse para no herirle más.

-¿Y qué vas a hacer? ¿Le perdonarás sin más como siempre? –Onew lo dudó un momento mientras se mordía el interior de la mejilla.

-No sé qué hacer. Aunque no lo compara entiendo su punto de vista, que no quiera que le dejen de lado si se enteran de que es gay y eso…

-Vale, pero una cosa es no decírselo a la gente –“Lo que es una tontería” pensó para sí- Pero otra cosa es que te haga ir hasta el campo de fútbol casi de noche para después dejarte tirado.

Onew no respondió nada. En realidad no sabía qué hacer ni qué decir porque sabía que su amigo estaba en lo cierto. Se quedaron en silencio un rato hasta que Key se dio por vencido.

-Mañana nos vemos. Piensa en lo que te he dicho, anda.

-Sí, hasta mañana. –Pero se despidió de la nada porque Key ya había colgado.

Bloqueó su teléfono y se lo guardó en un bolsillo mientras seguía su camino a casa cabizbajo. Cuando Minho se fue con sus amigos se quedó unos minutos en shock junto a los vestuarios viéndole marchar. Cuando le perdió de vista decidió que era una idiotez quedarse allí plantado y echó a caminar hacia casa. Por el camino llamó a Key para contarle lo ocurrido.

También conocía a Key desde hacía bastante tiempo, no tanto como a Minho pero cerca de 4 años. Su madre le apuntó a clases de canto en el colegio porque era algo que Onew quiso desde pequeñito y allí estaba Key, quien soñaba con actuar en grandes musicales cuando fuese mayor.

Tal vez fue la forma de ser de Key, con sus movimientos femeninos y su amor por la moda, lo que le hizo acercarse más a él. Algo en su interior le dijo que ese chico le entendería muy bien. Y así fue, poco después descubrió que Key tenía novio (el cual no le duró mucho, por cierto) y por fin pudo hablar con absoluta sinceridad con alguien.

Key era su amigo, su consejero y profesor en determinado temas (para ser Onew mayor, Key estaba bastante más experimentado en algunos ámbitos).

Onew llegó a casa y se fue directo a la cama. No quería hacer más que pensar qué hacer después de lo de esa tarde. Y sin llegar a ninguna conclusión, se durmió aún con la ropa de calle puesta.

Por la mañana Minho esperó a su novio en el sitio de siempre, desde donde caminaban juntos a clase cada día. Pero Onew no aparecía y ya se hacía tarde, por lo que se fue solo hasta allí. Nada más llegar vio a lo lejos a su pareja y estaba a punto de llamarle cuando se dio cuenta de que no estaba solo. Otro chico pasaba su brazo por la cintura de Onew y le acercaba a él. De espaldas no le reconoció pero ambos se giraron riendo supo quien era.

Key, ese chico al que toda la escuela conocía. Unos le admiraban porque siempre tenía a un montón de chicas rodeándole y otros le odiaban por el mismo motivo. Pero no pasaba desapercibido para nadie. Y estaba allí, abrazando a su novio cuando él mismo no podía hacerlo por miedo a que sus amigos sospechasen algo.

Con paso decidido y el ceño fruncido se acercó a ellos, que ni cuenta se dieron hasta que habló.

-Onew, ¿podemos hablar? –El chico le miró aún con la sonrisa que el otro había provocado y asintió.

-Ahora te veo, Key. –Éste tardó un momento en soltarle, dedicándole una mirada nada amigable al menor de los tres, y se fue- Así que sigo siendo “Onew”.

-¿Por qué te abraza así? –Susurró con los dientes apretados e ignorando las palabras del chico. Onew se encogió de hombros.

-Es mi amigo, no tiene nada de malo. A algunas personas no les importa mostrar algo de afecto en público, aunque no lo creas. –Comentó encogiéndose de hombros. Por una parte estaba exasperado porque Minho se pusiese así cuando era su culpa que los abrazos que recibía fuesen de otro, pero también estaba feliz por verle celoso.

-Eres mi novio, solo yo puedo abrazarte. –Respondió como un niño.

-Está bien, se lo iré diciendo a mi madre para que no me abrace más. –Resopló y se iba a dar la vuelta para irse pero Minho le sujetó de la muñeca.

-Vale, sé que estás molesto, lo siento. No volveré a hacerte lo de ayer. De verdad lo siento Jinki.  –Susurró de esa forma que provocaba que la piel del mayor se erizase. Movió la cabeza para concentrarse.

-No es la primera vez que me lo haces, Minho.

-Lo sé, y de verdad que no se repetirá. Si quedo contigo es contigo, no es justo que me vaya con otra gente y te deje tirado. –Hablaba mirando el suelo, avergonzado- Al menos debería haberte invitado a venir.

-No habría sido buena idea, creo que a tus amigos de fútbol no les caigo muy bien. –Arrugó la nariz en un gesto que el menor amaba porque le hacía ver más tierno de lo que ya era de por sí.

-Bueno, yo creo que a tu amigo Key tampoco le caigo muy bien. –Bufó molesto, mirando hacia el final del pasillo, donde el chico esperaba a su amigo.

-Es cierto, no le caes bien. –Minho le miró alucinando porque lo dijese así como si nada- Tranquilo, casi nadie le cae bien.

-Bien, yo a él tampoco lo soporto. –Miró alrededor comprobando que no había nadie cerca y susurró cerca del oído de su novio- Intenta quitarme lo que es mío.

Un escalofrío recorrió la espalda de Onew al escucharle hablar así y tan cerca. Tragó saliva con fuerza porque a veces tenía que hacer uso de todo su autocontrol para no lanzarse sobre Minho en medio de cualquier parte donde estuviesen.

-Él no intenta nada, sólo es mi amigo.

-Sí, ya. –Estaba totalmente convencido de lo contrario y eso le daba ganas de matar al idiota aquel. Justo sonó la campana que anunciaba el inicio de la primera clase, miró su reloj para comprobarlo- Debo irme. Tengo una sorpresa para ti aprovechando que mañana no hay clase. Espérame a la salida.

Minho le guiñó un ojo y salió casi corriendo hacia su clase, sin dejar que su novio preguntase o dijese cualquier cosa. A mitad de camino se giró de nuevo hacia él y gesticuló un “te quiero” con los labios que hizo que Onew se olvidase completamente del día anterior y sonriese como sólo él sabía.

Key llegaba a su lado justo entonces y al ver su sonrisa frunció las cejas.

-Ya le has perdonado. –Negó con la cabeza sin podérselo creer- Os dejo solos dos minutos y ya te has olvidado de lo que hizo.

-Ha dicho que me tiene preparada una sorpresa. –Sus ojos casi estaban cerrados gracias a la gran sonrisa que adornaba su rostro. Pasó por alto lo dicho por el otro- Me muero de ganas por saber qué será.

Echó a caminar emocionado hacia su clase, sin preocuparse porque llegaba tarde. Key se quedó un momento mirándole, con su interior ardiendo de rabia hacia el novio de su amigo. Cuándo se daría cuenta Onew de cómo eran las cosas en realidad…


Cerró los ojos unos segundos para recomponerse y se fue también a su clase. 


Continuará...

domingo, 29 de diciembre de 2013

Hit me baby (OnHo) - Capítulo 1



Onew descansaba con la cabeza apoyada en el hombro de su novio, con un brazo rodeando su pecho y los ojos cerrados, simplemente disfrutando la tranquilidad post-orgasmo en la que estaban sumergidos. Su novio acariciaba suavemente su pelo y entrelazaba su mano libre con la que se aferraba a su costado.

-Ojalá pudiésemos estar así siempre, Minho… -Suspiró Onew con una sonrisa.

-Sería muy aburrido, ¿no crees? Hay mejores cosas que hacer. –Ladeó la cabeza para mirarle con una sonrisa pícara. El mayor de ellos rodó los ojos sonrojándose levemente.

-Sabes a lo que me refiero, tonto.

Onew y Minho llevaban saliendo unos meses, pero se conocían de mucho antes. Cuando ambos eran pequeños  (Onew dos años mayor), la familia de Minho se mudó y fue cuando se conocieron. Podría decirse que eran casi vecinos pues vivían a un par de calles de distancia. La primera vez que se encontraron fue camino al colegio. Los dos iban acompañados de sus madres y ellas, al darse cuenta de que iban al mismo sitio, enseguida empezaron a hablar y presentaron a los pequeños. Y desde entonces, ir los 4 juntos todas las mañanas se convirtió en rutina hasta que la madre de Onew decidió que su hijo ya era lo suficientemente mayor para ir solo a clase. Entonces los dos niños ya se llevaban bastante bien y el mayor convenció a la madre de Minho de que no hacía falta que siguiese llevándole cada mañana, él se encargaría de cuidar a su pequeño amigo.

Los paseos de ida al colegio y vuelta a casa en soledad dieron lugar a conversaciones más profundas, donde empezaron a conocerse de verdad, y esas conversaciones a alguna que otra salida después de hacer las tareas, a dar una vuelta por el parque o simplemente ir a la casa del otro a jugar o ver películas.

Fueron los años los que hicieron que esos dos chicos se juntasen más y más hasta el punto de causar envidia en el resto de sus amigos, pues parecía que a veces eran ellos dos y nadie más. Hasta que la amistad no fue suficiente para ninguno de los dos y, antes de darse cuenta, estaban besándose en la casa de Minho, cuando pretendían despedirse por unos días ya que el menor se iba de viaje con su familia. Ninguno de los dos fue el primero en dar el paso ni en declararse propiamente dicho, sino que, como si fuese un acuerdo mutuo, se acercaron poco a poco y sus labios se encontraron, y solo fue lo que necesitaron parar saber que eran correspondidos.

Minho rodó haciendo rodar con él a su novio y quedó sobre éste, con los codos a ambos lados de su rostro y sus pieles totalmente pegadas una a la otra. Le miró con ternura y Onew sonrió. Con esa sonrisa que Minho amaba más que nada, esa que le permitía ver sus dientes blancos y que hacía que sus ojos se cerrasen casi completamente.

-Eres hermoso, Jinki.

Sólo sus más allegados le llamaban Jinki. Era su nombre real pero le parecía demasiado privado como para que cualquiera le llamase así, por lo que se hizo llamar Onew.

El mayor volvió a sonrojarse y torció la cabeza para esquivar su mirada. Minho le sujetó por la mandíbula y le hizo volver a encararle para tomar sus labios en un beso dulce y suave. Onew suspiró.

-Ojalá fueses así siempre…

-¿Qué dices? Siempre soy igual. –Minho le quitó importancia encogiéndose de hombros y, dándole un último besito, se levantó de la cama tapándose con la sábana que se había caído al suelo mientras hacían el amor minutos antes- Tengo entrenamiento de fútbol. ¿Vendrás  a verme?

Onew se incorporó apoyando los codos en la cama.

-¿Quieres que tu “amigo” Onew vaya a verte? –Recalcó la palabra frunciendo el ceño, pues nadie más que ellos dos sabían que eran pareja y Minho siempre le presentaba como su mejor amigo Onew. Mejor amigo, pero solo amigo al fin y al cabo. Ni si quiera le llamaba Jinki en público si podía evitarlo.

-No empieces con eso de nuevo, Jinki. –Estaba terminando de vestirse para ir a su casa y coger el equipo de fútbol antes de ir al entrenamiento- Ya hemos hablado de eso, aún no es tiempo de contarlo.

-Ya, ¿y cuándo lo será? –Murmuró por lo bajo, estirando las sábanas que estaban sobre él de mala forma. La mirada seria de Minho le hizo callar y dejar el tema. Otra vez.

-¿Vas a venir o no? –Cuestionó el menor, acercándose a la cama ya vestido. Su novio suspiró de nuevo y agachó la cabeza.

-Claro que iré.

Minho sonrió grande, le alzó el rostro y le robó un beso antes de despedirse y marcharse, quedando en verse más tarde.

De nuevo le tocaría fingir que no pasaba nada entre ellos. No podía acercarse más de lo necesario a Minho porque luego este le regañaba diciendo que al final iban a darse cuenta de que eran pareja. Y, por supuesto, nada de muestras de afecto. De hecho una vez hace unas semanas a Onew se le olvidó que uno de los compañeros de Minho andaba cerca e intentó abrazarle en la puerta de su clase. El menor se enfadó y esa tarde al volver a casa, le echó la bronca de su vida, diciendo que no podía ser tan descuidado y que al final por su culpa todo el mundo se enteraría.

A Onew eso le daba exactamente igual. Por él iría gritando por la calle que estaba saliendo con Choi Minho. Pero su novio creía que aún no debían contarlo, así que tendría que seguir la farsa de los buenos y mejores amigos, aunque le molestase.

Onew se volvió a desplomar en la cama al ver como Minho se perdía tras la puerta y se frotó la frente, intentando abandonar todos esos pensamientos que no le provocaban más que dudas y dolor de cabeza.

Cuando llegó al campo de fútbol donde Minho y su equipo entrenaban ya estaba oscureciendo y el entrenamiento estaba por acabar.  Le encantaba ver a su novio jugando al futbol porque ahí era uno de los pocos sitios donde podía ver al verdadero Minho, el competitivo, el pasional y luchador. El que pone todas sus fuerzas en conseguir su objetivo y nunca se rinde. Pero incluso eso podía enfadar al menor porque cuando le veía entrenar Onew era incapaz de apartar sus ojos de su novio y podía ser sospechoso.

Estaba empezando a cansarse realmente de todo eso, parecía que no podía hacer nada sin levantar sospechas así que prefería llegar tarde, verle dar su última carrera, con suerte marcaba algún gol y fin, se iban a los vestuarios y Onew esperaba a que su novio saliese y se fuesen dando un paseo a algún lugar, solos, para que Minho volviese a ser ese ser dulce que le daba mimos en la intimidad.  

Pero a veces no era tan fácil.

Cuando Minho salió de los vestuarios, con ropa limpia y el pelo húmedo, lo hizo junto a un par de miembros más de su equipo. Salían riendo y bromeando y al ver a Onew le saludaron pero nada más, se volvieron hacia Minho como si el mayor no estuviese allí.

-¿Dónde vamos a ir? ¿Tomamos algo antes de volver a casa? –Preguntó uno de ellos.

Minho miró de reojo a su novio, quien esperaba para irse con él ya que para eso había ido hasta allí a esas horas. Los otros dos siguieron insistiendo y preguntándole qué hacer.

Onew pensaba que su novio rechazaría las propuestas pues ellos dos ya tenían sus propios planes de pareja. Por eso le sorprendió que Minho aceptase sonriente y se fuese de allí, dirigiéndole un simple:

-Nos vemos mañana, Onew.


Le había dejado plantado. Otra vez. 



Continuará...