jueves, 13 de octubre de 2011

Cap. 23 "Obsesionados con el sexo"

Capítulo 23: Tiempo de reencuentros.


Cuando Frank y Reggie decidieron que formarían una banda, ni en sus mejores sueños llegaron a imaginar el éxito que obtendrían.

Y fue por ese éxito por el cual, cuando, después de un año tocando en bares y pequeñas fiestas, una casa discográfica se fijó en ellos y firmaron un contrato para grabar un disco, Frank abandonó su carrera para centrarse únicamente en lo que más amaba: la música.

Su primer disco había recibido muy buenas críticas y obtuvo un alto número de ventas.
No fueron los número uno de nada en un primer momento, pero sí comenzaron bastante bien.
Fue con su segundo disco, otro año después, cuando LeATHERMOUTH no dejó de sonar en la radio, ocupar grandes espacios en revistas, aumentar día tras día las ventas del CD... E incluso de expandirse al continente europeo.

Así, dejaron de tocar en bares y antros para empezar a dar conciertos en grandes salas, auditorios o festivales al aire libre, de una ciudad a otra sin descanso, viajando en el autobús que la discográfica había aportado especialmente para su larga gira.

Un día, caminando por Chicago unas horas antes de dar un concierto en la ciudad, Frank iba distraído mandando un mensaje con el móvil cuando chocó con alguien, haciendo que su teléfono cayese al suelo, rompiéndose en varios trozos.

F- Mierda, joder. ¡Mira por donde vas! -Grito enfurecido recogiendo los pedazos de lo que fue su móvil.

-L-Lo siento. Iba un poco distraída.

Frank creyó reconocer esa voz y para confirmarlo elevó la vista. Y exacto, era ella.

-¿Frank? ¿Eres tú? -El aludido asintió con la cabeza.

F- ¿Qué tal, Jamia? Hacía mucho tiempo que no sabía nada de ti... -Comentó con cierto asco.

Jamia- Bueno, me vine a vivir aquí hace unos de años... Poco después de que me echaras de tu casa... -Bajó la cabeza- Frankie, lo que te fui a decir es totalmente cierto... Siento con toda mi alma todo lo que te hice.

Frank se quedó callado y pensativo unos minutos, observándola.

F- Está bien. Ya ha pasado muchísimo tiempo, todo está bien. -Le regaló una pequeña sonrisa cuando la chica volvió a mirarle a los ojos.

Jamia- ¡Ay, Frank! No sabes cuánto me alegra escuchar eso de tu boca. -Y sin poder evitarlo se lanzó a sus brazos, pillando a Iero desprevenido, pero terminó por corresponderle el abrazo igual- Por cierto, ¡me alegro muchísimo de lo de tu grupo! Fue lo que siempre quisiste. -Lo ultimo lo dijo con un deje de nostalgia.

F- Sí. No podría ser más feliz. -Por un momento se quedó absorto en sus pensamientos, reflexionando sobre si era cierto lo que acababa de decirle- Gracias, Jam.

A la chica le brillaron de forma extraña los ojos al escucharle llamarla así de nuevo después de tanto tiempo y tantos problemas.
Estaba alegre por hacer las paces por fin con Frank, pero a la vez una idea que la beneficiaría mucho si salía como esperaba, apareció en su cabeza.

No era nada nuevo el hecho de que Jamia solo pensaba en ella y era muy buena mentirosa y eso le facilitaría las cosas.

F- ¿Quieres tomar un café y venir al concierto que daremos después? -Jamia aceptó con efusividad.

Parecía que sería fácil conseguirlo...

...


Por fin habían pasado 3 larguísimos años. Gerard había terminado su carrera mucho mejor de lo que esperaba y ya era un graduado más. Sólo le quedaba volver a su amada New Jersey y rehacer su vida allí, buscar un trabajo y tal vez, arreglar determinado problema con alguien... Tonterías, ese alguien estaba de gira, no paraba quieto y algo le decía que seguiría cabreado con él.

Mientras Gerard terminaba de empaquetar sus cosas para abandonar el país en unas horas, y se despedía de Sheila con enorme pesar y tristeza, Frank estaba al otro lado del mundo al teléfono, llamando a uno de sus amigos.

-¿Quién?

F- ¿Pete? Soy Frank.

Pete- ¡Frank! Joder tío, cuánto tiempo. Se te echa de menos, estrellita del rock. -Frank soltó una risilla al otro lado de la línea.

F- Yo también os echo mucho de menos. Sobre todo a ti, cariño.

Hablaban como si no hubiesen perdido el contacto nunca, a pesar de que llevaban casi dos años sin verse ni hablar siquiera.

F- ¿Y qué tal los chicos? ¿Seguís en contacto?

Pete- ¡Por supuesto! Seguimos como antes, solo que sin ti y sin... -Se calló al recordar lo que había pasado con los dos chicos.

F- Ya... -Obvió lo que iba a decir- En fin, te llamaba porque mañana tocamos en Jersey y estáis todos invitados al concierto. Muero de ganas de veros.

Pete- Oh, ¡eso es genial! -De repente dejó de hablar al darse cuenta de algo- Pero... Lo siento, Frank. Gerard llega mañana de Italia y vamos a pasar el día con él...

Frank se quedó mudo por unos segundos antes de volver a hablar. No tenía ni idea de que Gerard volvería ya.

F- Bueno, que vaya si quiere. A mi me la suda lo que haga, pero quiero que VOSOTROS vengáis. -Hizo énfasis en esa palabra.

Pete- Vale, entonces, cuenta con ello.

Frank le dio las indicaciones de lo que debían hacer para pasar gratis y entrar a la zona VIP y después dieron por finalizada la llamada, quedando Pete como el encargado de avisar a los demás.

Iba a ser una noche movidita.

...


Pasadas las 3 de la tarde, Gerard llegaba a Nueva Jersey después de un vuelo interminable, y por fin pudo poner los pies en su ciudad.

Cuando las azafatas anunciaron que ya podían levantarse de sus asientos, recogió la mochila de mano que llevaba, se despidió de la ancianita que había ido sentada a su lado y no había parado de hablarle en todo el viaje de cualquier cosa que se le ocurriese y desembarcó del avión lo más rápido que pudo para dirigirse a la cinta transportadora que le llevaría sus maletas.
Al tenerlas ya en las manos, caminó como pudo arrastrándolas hasta la puerta de salida, pero cuando estaba por llegar, otro cuerpo impactó contra el suyo abrazándolo y dejándolo sin aire.

G- Joder, Mikey, acabo de llegar y ya quieres matarme. -Dijo soltando las maletas y abrazando de vuelta a su hermano.

Mikey- Gee, no sabes cuánto te he echado de menos. -Una lágrima se escapó de su ojo derecho y fue a caer al hombro de su hermano mayor.

G- No, por Dios, no llores. Eres una nena, Michael. -Como respuesta de su hermano recibió un codazo en las costillas y un “idiota”- Perdón. Yo también te he echado de menos, pequeño. Te quiero.

-¡Gerard! ¡Hijo! -Donna llegó en ese momento alejando a Mikey para poder abrazarle ella, más fuerte aún que el medio rubio.

G- Mamá, mamá, déjame respirar. -Donna se alejó un poco y Gerard le dio un sonoro beso en la mejilla- Te extrañé.

Donna- Yo también, cariño. Todos te extrañamos. -Acarició su mejilla- Venga, vamos a casa.

Gerard asintió emocionado. Moría de ganas de regresar a su casa, a su habitación.
Entre él y Mikey arrastraron las maletas hasta el coche y las metieron en el maletero. Se sentaron cada uno en su lugar, siendo Donna la que conducía, y se dirigieron a casa mientras Gerard les contaba a su familia cosas sobre los largos años en el extranjero.

Todos esos años que había estado fuera habían estado sin verse ni una sola vez en persona, ya que Gerard no tenía el dinero suficiente para viajar, su hermano tampoco y Donna trabajaba casi siempre. Así que había muchas cosas que contar.

Gerard pasó el resto del día colocando las cosas en su antigua habitación, reordenando todo, dando los regalos que había traído para su madre y su hermano, y estuvo un rato hablando con Sheila por el ordenador, contándole que había llegado bien y demás.
A pesar de que nunca tuvieron una relación de verdad, ya la echaba de manos.

Cuando dieron las 7 de la tarde, el timbre de la casa sonó pero nadie parecía haberlo escuchado. Llamaron un par de veces con insistencia y entonces Gerard, pensando que estaba solo en casa, bajó rápido las escaleras para abrir él, encontrándose con su hermano tumbado en el sillón mirando la televisión.

G- ¿No escuchas el timbre?

Mikey- Seguro que no es para mi. -Respondió haciéndose el desentendido. Gerard bufó y abrió la puerta.

Antes de poder decir nada, un montón de brazos lo estrujaron con fuerza a la vez que gritaban de alegría por verle de nuevo y le decían con palabras lo felices que estaban por tenerle de vuelta.

G- Ey, ey, ey. Vais a acabar conmigo y aún tenemos muchas cosas que contarnos. -Se soltó de los brazos que eran su prisión y se alejó un poco colocando sus ropas.

Mikey- Te dije que no era para mí. Ya sabía que eran ellos. -Mikey apareció sonriendo detrás de su hermano y los saludó con un movimiento de cabeza.

Ray- Gerard, ¡tenemos que celebrar que estás aquí por fin!

Bill- Sí, así que vámonos. ¡Ya!

Gerard- Esperadme 15 minutos y vengo. -Los chicos aceptaron y se quedaron en la puerta con Mikey charlando y fumando sentados en los escalones.

Way mayor subió corriendo a su cuarto, se dio la ducha más rápida de su vida, se puso un pantalón muy apretado, botas, una camiseta y su chaqueta de cuero, todo de color negro, contrastando con su color de piel casi blanco, a pesar de acabar de regresar de un país donde el sol daba con fuerza.

G- Bueno, ¿y dónde me vais a llevar? -Preguntó cuando salió de casa y llegó donde le esperaban sus amigos.

Pete- Vamos a ir a ver un concierto. -Respondió mientras echaba el humo tranquilamente mirando la nada.

G- ¿Un concierto? ¿De quién? -Se emocionó con el plan.

Mikey- De... LeATHERMOUTH. -Todos los ojos se clavaron en la figura del recién llegado.

G- Oh. Qué bien. Me gusta su música. -Comentó ignorando sus miradas y sonriendo.

Se repartieron en dos coches e iniciaron el camino hasta el lugar donde se daría el concierto. Aparcaron y entre bromas e historias de Gerard en Italia, llegaron a la puerta trasera, la que les había dicho Frank.
Allí, dos grandes hombres vigilaban que nadie se colase en el lugar. Pete pasó delante y les dijo lo que Iero le había explicado, y enseguida pasaron sin problemas, dirigidos por uno de ellos hasta la zona VIP, en uno de los laterales del escenario.

Pidieron unas copas para tomar mientras duraba el concierto y se sentaron en los sillones que había a esperar a que la banda saliese al escenario.

Aunque intentaba disimularlo, Gerard estaba muerto de nervios por volver a ver a Frank después de esos años. Pensaba en cómo se vería en persona, pues solo lo había visto en revistas y algún que otro vídeo en Internet, si seguiría sintiendo algo por él, si aún estaría enfadado... Tenía miles de preguntas rondando su cabeza cuando sintió que unos fotos iluminaron levemente el escenario y los chicos de la banda salían de uno en uno, situándose en sus lugares.

El grupo de amigos se levantó dejando sus bebidas sobre la mesa y gritaron y jalearon al grupo, en especial a Frank, el cual parecía totalmente centrado en lo que iba a hacer.

El concierto comenzó y LeATHERMOUTH tocó canción tras canción, dándolo todo sobre la plataforma sin descanso, parando sólo en los momentos en los cuales Frank interactuaba con su público, que se entregaba de la misma forma que los músicos.

De repente, Frank se volteó quedando de frente a un lado. Exactamente, hacia el lado en el que ellos observaban. Sonrió totalmente feliz de ver a sus amigos de nuevo, pero su rostro se deformó cuando sus ojos toparon con los de Gerard.





Continuará...



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¿Qué tal irá el reencuentro?
¿Correrán a sus brazos?
¿Se ignorarán?
¿Se darán de ostias?

martes, 11 de octubre de 2011

Cap. 22 "Obsesionados con el sexo"

CAPÍTULO 22:


Por fin era el último año que Gerard pasaría en ese país y en ese momento se encontraba en su cuarto de la residencia, trabajando en uno de sus proyectos de fin de carrera.
Tenía la radio encendida y había conseguido sintonizar una emisora con música prácticamente americana.

Pero no le prestaba demasiada atención a lo que sonaba. Al menos hasta que el locutor comenzó a hablar emocionado.

“Y aquí tenemos un nuevo grupo proveniente de New Jersey”


Al escuchar el nombre de su ciudad natal, Gerard centró un poco más de su atención en la radio.

“que se ha convertido en la sensación del panorama musical del punk-rock por su sonido duro, violento y fresco. ¡Aquí os dejamos con -”


La radio perdió la señal momentáneamente, por lo que Gerard no pudo escuchar el nombre de la banda.

“y su última canción, compuesta por el cantante de la banda!”


El locutor dejó de hablar y en su lugar comenzó la canción de la que estaba hablando.

Con las primeras notas, Gerard olvidó lo que estaba haciendo y se dejó llevar por el sonido que salía de la radio y que inundó todos sus sentidos.

En seguida le gustó el estilo del grupo y el conjunto de instrumentos sumados a la voz del cantante se le hacían casi perfectos. Además, esa voz se le hacía extrañamente familiar, pero no recordaba haber escuchado antes nada parecido.

Cuando la canción terminó, la voz del locutor hizo aparición de nuevo y Gerard volvió a centrarse en su trabajo, pensando en que tenía que descubrir el nombre de ese grupo para volver a escucharlo.

Aunque no hizo falta, pues la banda se estaba haciendo realmente conocida y sonaba diariamente en la radio, incluso en alguna que otro emisora de rock italiana.

...

A mediados de ese último curso, Gerard comenzaba a estresarse con la cantidad de exámenes y trabajos que tenían por delante antes de finalizar la carrera por fin, por lo que una tarde, decidió salir a dar una vuelta por la ciudad, pasear solo y despejarse un poco.

Iba caminando con sus gafas de sol y un cigarrillo en la mano, cuando se topo con un quiosco de periódicos y revistas.
En seguida las revistas de música llamaron su atención y se entretuvo un rato mirándolas, hasta que por fin se decidió por una inglesa.

Con ella en una mano y otro cigarro más en la otra, caminó despacio hasta la residencia universitaria, sin muchas ganas de llegar y ya en su habitación, se tiró sobre la cama y se puso a ojearla por encima.

Fue pasando páginas y páginas en las que se entretenía a leer pequeños artículos sobre sus grupos favoritos. Viejos grupos que habían sacado disco nuevo para que no se les olvidase pero que no valía para nada, bandas actuales más comerciales que otra cosa... Hasta que un titular llamó su atención.

LeATHERMOUTH: De los garajes a líderes del rock.

Al título le seguían dos páginas de lo que debía ser una entrevista que al parecer, continuaba en la página siguiente.

Gerard giró la página, echó un vistazo, y sus ojos se toparon con una fotografía al final del escrito donde aparecían los formantes del grupo. Pero inmediatamente, su vista se centró en un chico moreno de ojos avellana, pero... “No, no puede ser él” pensó.

Con desesperación volvió al principio de la entrevista, donde la autora introducía una breve historia sobre la banda, formada en New Jersey por el cantante y el batería, y después nombraba a los miembros del grupo uno por uno, especificando su puesto:
Bobbie Venom (guitarra y coros),
Ed Auletta (guitarra),
Hambone (bajo y coros),
James Dewees (batería) y...

Frank Iero (voz)

...


G- Sigo sin poder creerlo. Es él. Es él. ¡Es él! -Gritaba agitando la revista frente a los ojos de Sheila.

Sheila- Tranquilo, amore. -Le quitó la revista de las manos riendo y miró la foto- ¿Cuál es? -Gerard le señaló a Frank en la foto- Oh, joder. Vaya ojo que tienes.

Gerard rodó los ojos.

G- Hacía tanto tiempo que no sabía nada de él... Cuando hice un año aquí, Mikey me dijo que Frank cada vez iba menos con ellos porque se había echado un nuevo “amigo” -Hizo las comillas con los dedos y puso cara de asco- Y poco después se fue de New Jersey y no volvió a verle...

Sheila- Pero es extraño que tu hermano no supiese lo del grupo... Si se ha hecho famoso en Italia, significa que allí deben de serlo más todavía.

G- Sí, eso también lo he pensado... Pero conociendo a mi hermanito como lo hago, seguro que no me ha dicho nada a propósito. No sé... -Se encogió de hombros- En fin. Dios, mírale, está tan cambiado... -Suspiró y volvió a coger la revista.

Sheila observó enternecida cómo miraba la foto sin apenas parpadear con ojos brillantes.

Sheila- Sigues sintiendo algo por él, ¿verdad? -Una sonrisa se asomó en los labios del chico.

G- Hace ya mucho tiempo desde que estuvimos juntos, así que... No, ya no. Solo me hace recordar cosas.

Sheila- Sí, aún sientes algo por Frank. -Afirmó.

G- No, mentira. -Repitió la ceja alzada.

Sheila- Si lo sientes. -Gerard empezaba a desesperarse.

G- No-lo-siento.

Sheila- Está bien, no lo sientes... -Se quedó callada y Gerard sonrió victorioso- Pero lo sientes. -Sonrió grande y Gerard frunció el ceño.

Tras unos minutos de silencio, Way habló de nuevo.

G- Vale. Joder, sí. Todo lo que hubo entre nosotros fue demasiado fuerte... Ni con los años ni la distancia he podido dejar de quererle como lo hago, aunque ya nada es igual... Cada uno ha seguido su camino. -Volvió a mirar la revista con ojos brillosos y Sheila le abrazó por la espalda, totalmente enternecida.

El chico soltó la revista sobre el escritorio de la habitación de Sheila después de mirar la foto una y otra vez.

Sheila- ¿Quieres olvidar un rato? -Pasó la lengua por su oreja derecha. Gerard se estremeció y sonrió de forma traviesa. Se giró y recostó a la chica sobre la cama, acercándose a su oído.

G- Nunca me negaría a una petición indecente. -Susurró.








Continuará...

domingo, 9 de octubre de 2011

Cap. 21 "Obsesionados con el sexo"

Capítulo 21:



Ese mismo día que Frank decidió que era hora de salir de su letargo, Gerard se sentía que explotaba.
Desde que se fue, casi 7 meses antes, la única forma de librarse de su siempre presente necesidad de sexo había sido su mano derecha y estaba que no aguantaba más, pero algo en su interior le decía que debía mantenerse así por respeto a Frank.

Pero todo eso cambió ESE día.

Gerard estaba en la biblioteca de la universidad, cansado y saturado de tantas horas que llevaba estudiando sin parar para el examen que tenía al día siguiente.

Su cabeza había caído sobre su mano, que se mantenía en el aire al tener el codo apoyado sobre la mesa y su mente hacía rato que había decidido por cuenta propia que ni un solo conocimiento más pasaría sus barreras.
Ahora estaba más entretenido buscando una forma de desestresarse a la vez que volvía a debatirse entre las distintas formas de saciar su sed de sexo.

Se quedó observando a las distintas personas que estaban a su alrededor, divagando entre cuáles cuales se tiraría y cómo. Pero cuando se dio cuenta de lo que pensaba, sacudió su cabeza intentando eliminar esas ideas o tendría un grave problema en su pantalón.

Para alguien como él, estar tanto tiempo sin sexo de verdad estaba resultando verdaderamente desesperante.

Su cabeza se enterró entre sus brazos, dejando la frente apoyada sobre la fría mesa cubierta de papeles momentos antes de que su ordenador portátil, abierto a su lado, le avisara de que acababa de recibir un nuevo correo electrónico.

Sin demasiado interés pero con ganas de ocupar su mente con otras cosas que no fuesen apuntes del examen o sexo, abrió el mensaje y miró quien lo mandaba. Un desconocido.
No había nada escrito, solamente había un par de archivos adjuntos. Dos fotografías, para ser exactos.
Dio al botón de descarga y esperó a que el contenido se cargase.

Cuando por fin la primera imagen apareció en la pantalla, ocupando ésta en su totalidad, deseó no haber abierto nunca el correo.

Se trataba de una foto de dos chicos que solo llevaban la ropa interior en sus tobillos. Habría pensado que era el típico correo con fotos porno que te pasan los colegas, si no fuese porque reconoció a los dos protagonistas de la imagen.

El chico que estaba apoyado contra la pared de lo que parecía ser una cocina era nada más y nada menos que Frank, con los ojos cerrados y las manos en el culo del otro chico, el cual tenía el rostro de perfil y dejaba ver que se trataba de Jared, con sus ojos azules como el agua casi fuera de las órbitas debido al placer.

Intentando cerrar la imagen, Gerard se equivocó y pasó a la siguiente imagen, en la que un Frank a cuatro patas sobre el suelo recibía gustoso en su interior la polla de Jared.

Y eso ya fue la gota que colmó el vaso.

Gerard cerró con fuerza el ordenador. Recogió como pudo sus cosas y salió de la biblioteca lanzando maldiciones con quien hubiese sido el cabrón de mandarle esas fotos, ganándose las miradas de quienes allí estaban.

Ver esas fotos de Frank le habían dejado cabreado, dolido, celoso... JODIDO..

Azotó la puerta de entrada y caminó casi a carreras hasta la residencia, dando forma a un plan que llevaba varios días en su cabeza pero que había rechazado siempre.

Se acabó pensar en Iero cada vez que una idea o posibilidad nueva aparecía.
A partir de ahora, haría lo que le diese la puta gana y con quien le diese la puta gana...

...


Cuando Frank despertó, un terrible dolor de cabeza le atacó y unas horribles náuseas se hicieron presentes.
La cabeza le martilleaba, los oídos le zumbaban, su boca estaba totalmente seca y su espalda estaba resentida por haber dormido en el suelo.

Iero no recordaba gran cosa de la pasada noche, pero cuando se incorporó un poco y notó que algo le rodeaba la cintura, se encontró con el cuerpo de Jared aferrado al suyo y recordó en qué había estado ocupado las últimas horas que estuvo despierto. Cuando las imágenes de él y Jared follando contra la pared y sobre la encimera ocuparon su mente, se dio un par de golpes en la cabeza con su mano derecha recriminándose, pero que solo sirvieron para que la cabeza le doliese más.

Con el máximo cuidad posible, se soltó de su amarre y se levantó, haciendo todo lo posible por no despertarle. Cogió las ropas que aún estaban regadas por el suelo, pues solo llevaba puesto el boxer, y salió casi corriendo de la casa, parando en el porche para vestirse.

-¿Qué putas has hecho, Iero? -Una voz le asustó mientras terminaba de ponerse las zapatillas.

F- Joder, Pete. Casi me da un infarto.

Pete- Sí, sí, sí. ¿Qué has hecho?

F- ¿Por qué preguntas? -Respondió frunciendo el ceño.

Pete- ¿Qué pasa con Gerard?

F- No sé, ¿qué pasa con él?

Pete- Deja de hacerte el gilipollas y contéstame. ¿Tan rápido te has olvidado de lo que había entre vosotros que te vas tirando al primero que se te pone delante?

F- Gerard está feliz en Italia ahora, ¿no? Pues yo estoy feliz aquí en Jersey y hago lo que me da la puta gana. Y si me quiero tirar a todo el que se me ponga por delante, lo hago y punto.

Pete- Vale, está bien, fóllate a quien quieras. Pero, ¿drogas? Frank, creí que eras mejor que eso... -Movió la cabeza decepcionado.

F- Mira, tengo una resaca de dos pares de cojones, y no me apetece que me des la charla ahora mismo. Solo te diré que no me sentía tan bien y tan libre, como me sentí anoche después de esnifarme eso, desde hace muchísimo tiempo. Y si para volver a estar así tengo que drogarme, lo haré.

Y dicho eso, dejó a su amigo en la entrada de la casa con cara de desilusión, y emprendió el camino hasta su casa.

...


G- Ciao, bella. -Se acercó a la chica que le esperaba sentada en el banco de siempre del parque de siempre.

-¿Qué tal, cielo? -Se levantó cuando ya estaba cerca y le dio un beso en los labios.

G- Mejor ahora. -Le sonrió a la chica, que respondió igual- Oye, Sheila, ¿qué te parece si vamos al cine?

Sheila- ¡Genial! Hay una película de vampiros nueva que quiero ver. -Contestó ilusionada.

G- ¿No tendrá nada que ver con Crepúsculo y eso no? -Puso cara de asco.

Sheila- No, tranquilo. Estos son vampiros de verdad, que matan gente y no son unos ñoños. -Los dos se echaron a reír y fueron al cine más cercano cogidos de la mano.

Habría que explicar que Gerard y Sheila no eran una pareja común.

Comenzaron haciéndose grandes amigos cuando Gerard lo único que hacía era sufrir por Frank y Sheila le apoyó como si fuesen amigos desde siempre, y se unieron más cuando Sheila pasó por algunos problemas que superó gracias al apoyo de Way.

Y con el tiempo, se dieron cuenta de que sentían un gran cariño el uno por el otro, que se atraían físicamente y que no perdían nada por “estar juntos”.

*Flash back*

Sheila- No, Gerard, no hagas eso. Esto no está bien... Tú amas a Frank y yo no quiero meterme en medio. -Le alejó empujándole despacio con una mano sobre su pecho cuando Gerard intentó besarla en medio de aquella fiesta cualquiera que habían organizado unos de su clase.

G- Sheila, hace meses que no se nada de Frank. Mi hermano no sabe nada de él o no quiere decirme, así que es momento de comenzar algo nuevo. Además, lo último que supe de él es que se había follado a uno de mis mejores amigos.

Sheila- Pero yo, no... -Reorganizó sus palabras- Gerard, eres un buen amigo y eres atractivo, no puedo negarlo. -Sus mejillas se encendieron- Pero yo no siento nada de eso por ti, lo siento. -Bajó la mirada y la clavó en sus pies.

G- Sheila, no es lo que piensas. Simplemente tú estás hecha polvo con todo lo que te ha pasado y yo estoy MUY necesitado. Perdona que te lo diga a así pero, joder, necesito follar, ya te he contado como soy. Somos amigos y estás muy buena. -Sonrió de medio lado- No perdemos nada por tener una "relación"- Dijo haciendo las comillas con los dedos- Los dos salimos ganando y si en alguna ocasión quieres que esto acabe, lo dices y se acabó. ¿Qué me dices?

Sheila sopesó sus palabras unos minutos bajo la atenta mirada de Gerard, quien se iba acercando cada vez más a ella de forma sensual.
Hasta que finalmente aceptó afirmando con la cabeza.

Gerard apenas se demoró unos segundos en sonreír y terminó de acercarse para, esta vez sí, poder besarla y quitarse esas ganas que acarreaba de acostarse con alguien.

Sin perder el tiempo, se escabulleron a una habitación vacía dejándose llevar por la pasión.

Y la necesidad.

*Fin del flash back*

A simple vista, podían parecer una pareja de enamorados que se besaban y salían por ahí, pero en realidad ninguno de los dos estaba enamorado del otro, aunque sí se querían muchísimo, sólo como muy buenos amigos.

Confiaban el uno en el otro, se servían de apoyo en los momentos difíciles, se lo pasaban bien, tenían gustos similares... No podían pedir más: una gran amistad, salidas donde se divertían como niños y alguna que otra sesión se sexo.

...

Los días pasaban y Frank solo se preocupaba por ir de fiesta en fiesta, descuidando sus estudios y su amistad con los chicos de la universidad.

Había hecho las paces con Pete, aunque éste seguía desaprobando su actitud, y con los demás chicos seguía hablando e iban juntos a algunas fiestas, pero Iero encontró a alguien más con quien compartir su tiempo.

Casi un año después de la partida de Gerard, Frank había conocido a James Dewees en una fiesta cualquiera.

Reggie, como sus amigos le llamaban, era un chico alto y moreno, también obsesionado con la música igual que Frank. Y era una gran fuente para obtener determinadas sustancias ilegales que cada vez eran más necesarias en la vida de Iero.

Además de ser perfecto para desfogarse sexualmente de vez en cuando.

Una tarde cualquiera, Frank y Reggie estaban tirados en la cama de Frank, sumergidos en su mundo de colores y felicidad después de esnifar unas rayas de coca, cuando se les ocurrió una gran idea.

James- ¿Por qué no montamos un grupo? -Preguntó de la nada mirando el techo.

Frank se sentó donde estaba y le miró emocionado.

F- ¡Sí! Es una idea genial. -Se puso de pie de repente- ¡Yo cantaré! Y puedo tocar la guitarra también.

James- ¡Y yo tocaré la batería!

...








Continuará...

viernes, 7 de octubre de 2011

Cap. 20 "Obsesionados con el sexo"

Capítulo 20: Olvidar.



El estado de Frank mejoraba día a día, y al cabo de una semana estaba en su casa de nuevo, “totalmente recuperado”.

Al menos recuperado físicamente, porque psicológicamente...

Seguía sin creerse todo lo que había pasado con Gerard y aún esperaba que llegase a su casa diciendo “era una broma, enano”.
Pero según pasaban los días, la esperanza se perdía y la realidad se hacía presente.

Todos los días sus amigos y familiares le interrogaban sobre por qué había hecho aquella locura que lo había dejado en la cama de un hospital durante días, pero nunca sabía que responder y se excusaba diciendo que había sido un error. Una excusa demasiado pobre que nadie se creía.

Hasta que por fin dejaron de insistir y eso era lo mejor que le había pasado a Frank en las últimas semanas.

Ni él mismo terminaba de entender qué se le había pasado por la cabeza aquella noche en la que lo único que quería hacer era beber, perder el sentido y dormir... Eternamente, a poder ser.

Era la primera vez en su vida que se había planteado el suicidio, pero es que se sentía incapaz de pasar por el abandono de nuevo. Jamia le había hecho la vida imposible en su momento y le fue muy difícil superarlo, pero por alguna razón lo hizo.
Sin embargo, con Gerard era diferente. Nunca había sentido por alguien algo parecido a lo que sentía por él, ni siquiera por la chica. Y por eso le había dolido tantísimo que Way no confiase en él, que no le informase sobre sus planes y que le tuviese engañado hasta el último momento.

Bajo su opinión, eso había sido lo peor que nadie le había hecho en todos sus años de vida. Y que hubiese sido él el responsable de su dolor y sufrimiento, lo empeoraba todo, pues le creyó cuando le dijo que nunca le haría daño, que no se repetiría lo que tuvo que vivir con Jamia. ¿Y todo para qué? Para que cuando por fin aceptó que se había enamorado de nuevo, cuando volvió a confiar en otra persona y le entregó su corazón, él lo destrozase.

...


Cuando Frank volvió a casa después de su pelea con Gerard, lo hizo en estado zombie. Entró en casa y no habló con nadie, no saludó a sus padres, les ignoró completamente cuando le llamaban desde el salón y se encerró en su habitación, ya sin lágrimas, sin tristeza, sin enfado... Sin sentir nada y sin pensar, como si no estuviese dentro de su cuerpo.

Por la mañana el sonido de su móvil le despertó.

Lo primero que pensó fue que todo había sido una gran pesadilla.

Cogió el teléfono sin mirar quién llamaba, aún con la cabeza contra la almohada.

F- Seas quien sea, te mataré por despertarme.

Ray- ¿Frank?

F- ¿Qué quieres? Es demasiado pronto. -Refunfuñó.

Ray- Oye, vamos a ir todos al aeropuerto a despedirnos de Gee. ¿Vienes, verdad?

Y entonces comprendió que no había sido ningún sueño, sino que todo ocurrió de verdad, y que en unas horas, Gerard se iría a Europa durante tres largos años.

Mientras la realidad lo golpeaba se mantuvo en silencio, por lo que Ray tuvo que llamar su atención un par de veces.

F- No, Ray. Lo siento pero no voy a ir.

Ray- ¿Por qué no? Tienes que despedirte de tu novio.

F- Él no es mi novio. Él no es nada mío. -Su tono era cortante.

Ray- Frank, no seas crío. Sabes lo que siente por ti y admite que es lo mejor que podía haberle ocurrido si quiere llegar a ser alguien importante en un futuro. Es una grandísima oportunidad.

F- Ray, mira, no me apetece escuchar mierdas tan pronto. Así que, voy a colgar.

Ray- ¡No, espera! -Frank se mantuvo en la línea aunque sin decir nada- Frank, no podéis acabar así. Ven al menos, y cuando estés allí, decides si entrar o quedarte en el coche, ¿te parece? Pasamos a buscarte en una hora.

Frank lo pensó un momento. Suspiró.

F- Está bien, iré. Y ahora deja de tocarme las narices. -Y colgó.

Los chicos llegaron en dos coches diferentes, ya que no cabían todos en el mismo, y Frank entró en el que estaba más vacío, donde iban Pete, Bill y Ville.

Se saludaron y eso fue todo lo que hablaron durante el camino. Al llegar, aparcaron en la puerta del aeropuerto y Frank sintió como un nudo se hacía en su garganta.

Pete- ¿Vienes, Frank? -El nombrado negó con la cabeza, sacando un cigarro de la cajetilla que guardaba en su bolsillo- No cambiarás de opinión, ¿verdad? -Volvió a negar.

Cuando Pete iba a salir del coche, Frank lo retuvo agarrándolo del brazo.

F- No le digáis que estoy aquí. -Asintió y se encaminó a despedir a su amigo con los demás.

En ese momento, las gotas salinas que guardaban sus ojos hicieron aparición bajo sus gafas negras, ya que al encontrarse allí, sabiendo a qué habían ido, el hecho de que Gerard se iba le cayó encima como un cubo de agua fría.

Aproximadamente una hora después, los chicos volvieron al coche, sin decir ni una palabra sobre Way o el viaje que estaba a punto de realizar. Dejaron a Frank en su casa, la cual se encontraba vacía y volvieron a reanudar el camino hacia las propias.

Frank entró en su casa como lo había hecho la noche anterior, pero los pensamientos autodestructivos aparecieron en su mente como una idea de lo más atractiva.

Antes de subir a su habitación, pasó por el minibar de sus padres y cogió una botella de vodka y otra de whiskey, y después fue al baño de la habitación de sus padres, donde Linda guardaba un frasco de pastillas antidepresivas que le recetaron un tiempo atrás.

Con las dos botellas y las pastillas, se encerró en su cuarto, sin echar la llave, y se sentó en el suelo, apoyando la espalda en el borde de la cama.

Por cada recuerdo feliz con Gerard, daba un trago de alcohol alternando las botellas, y por cada “te amo”, se tomaba una pastilla.

Cuando ya llevaba media hora siguiendo ese procedimiento, su mente empezó a nublarse, sus ojos se cerraron y sus sentidos dejaron de funcionar, siendo lo último que vio en su imaginación, unos grandes y expresivos ojos verdes.

Tras eso, lo siguiente que recordaba fue despertar en un hospital y a su madre abrazándolo con fuerza mientras lloraba de felicidad, descubriendo que había fallado en su propósito de quitarse la vida.

Después de una semana en la que sus familiares y amigos le visitaron en aquella habitación de hospital para ver cómo se encontraba, consiguió salir de ese lugar.

Una vez en casa, Frank pasó la mayor parte del tiempo en su habitación, escuchando música, escribiendo canciones y componiendo melodías, recibiendo alguna que otra visita de sus amigos y yendo a clase muy de vez en cuando.

Hasta que, casi seis meses después, decidió que si Gerard podía vivir tranquilamente en Italia, él no iba a quedarse muerto del asco entre esas cuatro paredes que le encerraban por voluntad propia.

Cogió el teléfono y llamó a su mejor amigo.

F- Pete. -Le saludó cuando éste respondió.

Pete- ¡Oh, Frank! Dichosos los oídos que te escuchan.

F- Cállate y dime que hay alguna fiesta hoy.

Pete- Obvio que la hay. Siempre la hay. -Los dos rieron y Frank se dio cuenta de cuanto echaba de menos a su amigo- A las 11 en la casa de Thomas.

F- Genial. ¿Os veo allí, verdad?

Pete- ¿Acaso lo dudas? -Preguntó haciéndose el ofendido.

F- Oh, no, nunca podría dudar eso. Y menos de ti. -Rieron otra vez- Bueno, pues hasta esta noche, Peter.

Pete- Odio que me llames así... Nos vemos, petizo.

Cuando terminaron la llamada, Frank sintió que por fin las cosas cambiarían. Y no se equivocaba.

En la noche, Frank se duchó, se puso lo primero limpio que encontró en el desorden que era su habitación, se delineó con negro los ojos y se puso sombra roja, y salió disparado de casa para encontrarse con sus amigos en la fiesta.

Al llegar se encontró con que la casa estaba ya a rebosar de gente, la cual había ocupado el primer piso y el jardín trasero.
Caminó entre la gente, saludando a algunos y bebiendo un par de cervezas rápidamente, hasta que se encontró con Bill, Ray, Jared y Pete riendo, bebiendo y fumando cerca de la puerta trasera.

Bill- ¡Chavalesss! ¡Mirad quien ha decidido venirrr! -Gritó alargando las palabras, síntoma claro de borrachera que llevaba encima.

Jared- Vaya, si el guaperas de Franklin. -Dijo acercándose a él y pasando un brazo sobre sus hombros.

Pete- No se llama Franklin, estúpido borracho. ¡Se llama Franin!

Ray- ¡Que no! Leto tiene razón. ¡Es Franklin! Franklin Fiero. -Se cruzó de brazos.

Frank miraba divertido la discusión que mantenían sus amigos sobre su nombre y apellido.

F- Creo que os habéis pasado un poco con la bebida, capullos. Me llamo FRANKIE y el apellido es IERO. ¿Tanto tiempo llevo encerrado que ya os habéis olvidado de mí? -Bromeó haciendo un puchero.

Jared- ¿Cómo podríamos olvidarnos de un amigo tan sexy y guapo? -Se acercó un poco más a su oído para que los demás no le escuchasen, aún rodeándolo con su brazo- ¿Te he dicho alguna vez que te follaría una y otra vez?

Frank lo miró con una ceja alzada- Definitivamente, tú te has pasado de copas. Tendré que hacer el esfuerzo de alcanzar vuestro nivel etílico.

Dicho y hecho. Cada botella de alcohol que pasaba por su lado, acababa dentro de su organismo. Eso, y alguna otra sustancia.

Se encontraba buscando algo más de beber en la cocina, cuando chocó con un chico que estaba inclinado sobre la encimera y que resultó ser Jared.

F- ¡Jareddddd!

Jared- Franklin, ¡cuánto tiempo! -Le abrazó efusivamente, acercándose a él más de lo necesario- ¿Quienes probar algo que te hará ver las estrellas?

F- Eso ni se pregunta. -Respondió sonriendo.

Jared volvió a voltearse a la encimera en la que estaba concentrado minutos antes y Frank se acercó también, viendo cómo hacía un par de líneas rectas con un polvo blanco.

Jared- Salud. -Elevó una mano como si estuviese brindando y esnifó una de las líneas de una sola pasada, tapándose el orificio contrario de su nariz.

Frank le observó y tardó poco tiempo en imitarle.

Después de eso, todo se volvió borroso, los sonidos se distorsionaron, las cosas dejaron de tener sentido y los problemas ya no existían.

Frank y Jared no dejaban de reír, gritar y bailar al ritmo de la música que provenía del salón principal.

Hasta que, de un momento a otro, Frank sintió que Jared le empujaba contra la pared y le comía la boca desesperado, metiendo las manos debajo de su camiseta.

Y simplemente se dejó hacer y respondió de igual manera.

Sin pensarlo, coló una mano dentro del pantalón contrario y bajo su ropa interior, con necesidad, lujuria, rabia y casi con violencia.
Jared gimió duro cuando Frank presionó su polla entre sus dedos y llevó sus propias manos hasta su trasero, apretándolo mientras se pegaba más a él.

Y allí lo hicieron, contra la pared de la cocina, a la vista de cualquier persona que se decidiese a entrar.




Continuará...

miércoles, 5 de octubre de 2011

Cap. 19 "Obsesionados con el sexo"


Capítulo 19: Noticias.



Dos días más pasaron y llegó el quinto de Frank en su estado de inconsciencia sin un solo cambio en su organismo, ni para bien ni para mal. Cosa que hizo que los médicos que llevaban su "recuperación" terminasen de perder todas las esperanzas que tenían en que el chico desertase.

-Señores Iero, ¿puedo hablar con ustedes? -El médico que había acompañado a su hijo desde que ingresó salía de la habitación de éste después del último estudio realizado, y por su cara, no con buenas noticias.

Linda y Cheech se acercaron a él con la preocupación tatuada en el rostro, esperando escuchar cualquier cosa proveniente de ese hombre.

-Ya han pasado 5 días desde que nos vimos en la obligación de sedar a su hijo y sigue en el mismo estado, ni un solo cambio en este tiempo. Creemos, es más, sabemos casi al 100 por 100 que si su hijo no despierta en las próximas horas, caerá en un coma profundo del que dudamos pueda despertar algún día. -Les explicó.

Frank padre abrazó más fuerte a su mujer, que sentía cómo su cuerpo pesaba cada vez más y más.

Cheech- ¿No se puede hacer nada? -Preguntó con voz rota, dispuesto a aferrarse a la más mínima esperanza.

-No, lo siento. Todo depende de su hijo. Parece como si de verdad no quisiese despertar más. -Hizo una pausa y suspiró. A pesar de que esas conversaciones las tenía casi a diario con otras familias, nunca se le hacía fácil cuando observaba el dolor y la tristeza en sus caras- Las últimas horas son cruciales. Esta noche le realizaremos un nuevo estudio y entonces sabremos cuál es el futuro que le espera al joven Frank.

Sin decir mucho más, se despidió de los padres que intentaban no derrumbarse en mitad de aquel pasillo de hospital, y volvió a sus tareas con los demás pacientes.

...

Lejos de allí, Gerard empezaba un nuevo día con el ánimo por los suelos.

Después de hablar con su hermano, por millonésima vez en 5 días, sentía que las esperanzas de que Frank despertase iban desapareciendo segundo a segundo de su cuerpo.

Se sentía la peor basura del mundo por haberle dejado. Nunca debió irse de Nueva Jersey y la culpa, cada vez mayor, le comía por dentro.

Nunca se le pasó por la cabeza que pudiese a llegar a sentir algo tan fuerte con alguien, menos si repasamos su "vida sentimental", si es que puede llamarse así. Pero con Frank fue diferente.
Fue la primera persona de la que se enamoró y si no llegase a despertar nunca, él sería capaz de terminar con todo de una vez por todas, pues el sufrimiento no habría servido para nada.

Ese día fue a un par de clases pero no se sintió lo suficientemente concentrado para comprender nada, a pesar de tener a Sheila a su lado, traduciendo y ayudándole con todo lo necesario. Además de apoyándole y dándole ánimos totalmente sinceros. Apenas conocía al pelirrojo de unos días atrás, pero no soportaba verle sufrir de esa manera tan cruel.

Cuando se dio cuenta de que solo estaba perdiendo el tiempo, decidió irse e intentar despejarse un poco en cualquier otro lugar de la ciudad que no estuviese abarrotado de gente.
Recogió sus cosas, se despidió de Sheila y caminó sin un rumbo fijo.

El día, totalmente soleado y cálido, parecía burlarse de su estado depresivo.

Finalmente llegó hasta su residencia universitaria sin darse cuenta, así que subió a su cuarto, tiró las cosas al suelo, se tumbó en la cama mirando el techo y soltó un largo suspiro.

A su mente llegaban recuerdos de todo lo vivido con Frank. Cerró los ojos y sintió como si lo reviviese de nuevo.

*Flash back*

Sólo habían pasado un par de horas desde que Gerard y Frank habían hecho el amor por primera vez y aún podían sentir las recientes caricias y la tibieza y humedad de los besos compartidos.

Estaban en la cama del menor, aún desnudos, abrazados y con las piernas enredadas, sumidos en el mejor sueño de su vida.

Cuando Gerard despertó, lo primero que vio fueron unos ojos claros que lo miraban llenos de ternura, haciendo que una enorme sonrisa apareciera en los dos rostros cuando sus miradas chocaron.

G- Ojala despertase así todos los días. -Dijo con voz somnolienta aún, estirando sus labios para alcanzar los de Frank y rozarlos.

F- ¿Cómo? ¿Desnudo? -Bromeó y Gerard sonrió de lado.

G- Además de eso. Me gustaría que al despertar lo primero que viese fuese a ti, enano pervertido. -Le mordió la punta de la nariz y una risilla escapó de la boca de Frank.

F- Gracias por todo. Te amo. -Susurró.

G- Yo te amo más.

Y empezaron una discusión a ver cuál de los dos ganaba, que terminó con un enfrentamiento cuerpo a cuerpo bajo las sábanas, por segunda vez en el día.

*Fin del flash back*

Una lágrima escapó de su ojo derecho sin poder evitarlo y rodó por su mejilla hasta llegar a la almohada.

Le echaba mucho de menos y deseaba poder chasquear los dedos y aparecer al lado de Frank para decirle cuanto lo sentía y cuanto lo amaba, aunque éste no pudiese responderle.

Pero les había prometido a su madre y su hermano que se quedaría en Italia y solo regresaría si pasaba algo.

Los recuerdos seguían atormentándole.

*Flash back*

Al fin llegó el día en que cumplieron su primer mes juntos y Gerard tenía una sorpresa preparada para Frank.

El día de antes habló con Linda y acordaron que ella se iría de casa por la mañana para poder preparar su regalo.

Gerard se presentó allí a las 9 de la mañana, sabiendo que Frank no despertaría hasta, mínimo, una hora después.

Una vez allí, intentando hacer el menor ruido posible, dejó una serie de notas en la casa que Frank encontraría al levantarse y preparó un gran desayuno que sirvió en la mesa de la amplia cocina.

De repente, el teléfono de Frank comenzó a sonar y se despertó asustado por el ruido para buscar el aparato entre el desorden de su cuarto. Al final lo encontró en el suelo, cerca de la puerta. Era una llamada del propio Gerard, pero antes de cogerlo, se dio cuenta de que, pegada al teléfono, había una nota.

Buenos días, nene.
Espero que hayas dormido bien y hayas soñado conmigo.
Deberías vestirte antes de bajar, así que ve al armario.
Gerard.

Una gran sonrisa ocupó la cara de Frank y, como decía la nota, fue hasta el armario. Lo abrió y se encontró una cajita roja con chocolates y otra nota.

Espero que te gusten los chocolates.
Vístete y ve al salón.
XOXO

Frank eligió ropa de su armario, se lavó la cara y los dientes en el baño contiguo a su habitación, se vistió y fue donde le indicaba el papel.

Allí, sobre el sillón había un pequeño ramo de pensamientos (1) morados y amarillos y otra nota más. Olió las flores y leyó el papel.

Tardas demasiado.
Hace rato que te espero en la cocina y estoy
desesperado por besarte y desearte
un feliz primer mes juntos.

La sonrisa del chico creció si es que era posible y, literalmente, salió corriendo hacia la cocina, de donde salía un perfecto aroma a comida y café recién hecho.

Apoyado contra la encimera se encontraba Gerard, cruzado de brazos.

En cuanto Frank entró a la cocina, sus miradas se encontraron y se acercaron en milésimas de segundo para sellar sus labios en un hermoso beso.

Cuando se separaron, Frank se giró hacia la mesa y le dio las gracias a Gerard una y otra vez antes de sentarse los dos para comer. Gerard en la silla y el menor sobre sus piernas, compartiendo pedazos y bocados de todo lo que pillaban.

*Fin del flash back*

Nuevas gotas de agua salada corrieron por sus mejillas y se regañó a sí mismo por recordar esas cosas, pues sólo le hacían sufrir en momentos como ese.

Cuando estaba por quedarse dormido, su teléfono móvil comenzó a sonar y vibrar dentro de su bolsillo, asustándole.

Sin fijarse en quien llamaba, aún con los ojos cerrados, se llevó el móvil a la oreja y contestó.

G- ¿Quién llama?

Mikey- ¡Gerard! Soy yo, Mikey.

G- ¿Qué ocurre? -Preguntó sin ganas.

Mikey- ¡Se ha despertado! ¡¡Frank ha despertado!!

Los enrojecidos ojos de Gerard se abrieron completamente y se aguaron de alegría a la vez que la pesadez que sentía en su pecho desde días atrás disminuía al saber que su Frank había despertado por fin. Se sentó al borde de la cama y preguntó.

G- ¿Qué tal está? ¿Sigue habiendo peligro? ¡Háblame Michael! -Le gritó desesperado.

Mikey rió al otro lado del teléfono- Tranquilo, tranquilo. Él está bien. Los médicos dicen que ya está fuera de peligro.

G- ¿Le has visto? ¿Has hablado con él?

Mikey- Me estás volviendo loco con tantas preguntas. -Los dos hermanos rieron. Gerard sincero por primera vez desde la noticia de la hospitalización de Iero- Sólo nos han dejado verle 5 minutos. Pero de verdad, está bien.

Gerard suspiró aliviado y siguió hablando con su hermano otro rato sobre Frank para terminar hablando de cualquier cosa y bromeando de nuevo, cosa que ambos echaban de menos.

...

Y por fin, tras liberarse de esa presión que le había acechado durante casi una semana, los días en la universidad fueron mejorando poco a poco, haciendo nuevos amigos, comenzando proyectos y aprendiendo italiano gracias a Sheila, su profesora personal/psicóloga.

Guardando siempre una parte de su tiempo para hablar con su familia y sus amigos americanos y, sobre todo, para preguntarle a Mikey por Frank.






Continuará...






(1) Los pensamientos en inglés se llaman Pansay, así que imaginad por qué elegí esas flores.

lunes, 3 de octubre de 2011

Cap. 18 "Obsesionados con el sexo"



En el capítulo anterior...


Su teléfono móvil comenzó a sonar y vibrar sobre la mesilla de noche. Lo cogió y leyó en la pantalla que era Mikey quien llamaba.

G- Mikey, ¿qué ocurre?

Mikey- Es-Es Frank. Él... Él está... -Mikey no sabía cómo continuar y Gerard se sentó de golpe al escuchar su nombre, esperándose lo peor por esa angustia que aún sentía.

G- Joder, Mikey, ¡dime de una vez que ha pasado!

Mikey- Frank está en el hospital... Está sedado y le tienen en cuidados intensivos. Su madre le encontró en su habitación tirado en el suelo sin respiración.




Capítulo 18: Culpa y muerte.


Linda lucía cansada, agotada tanto física como emocionalmente tras haber pasado 3 días encerrada en una habitación de hospital, saliendo únicamente cuando su marido la arrastraba hasta la cafetería para comer algo, o a su casa para que se duchase y se cambiase de ropa.

Haber encontrado a su hijo en el suelo de su habitación en ese estado había sido lo peor por lo que había tenido que pasar en todos sus años de vida, y no encontraba ninguna situación que se asimilase a la que vivía actualmente, que la hubiese tenido tan desesperada y angustiada.
 
Tal como había hecho los últimos días, se encontraba en aquella habitación totalmente blanca, repleta de máquinas y con una vidriera que daba al pasillo, en ese momento estaba por una persiana del mismo color que el resto del cuarto.

Las máquinas sonaban y sus luces se encendían y se apagaban, recordándole donde estaba y por qué.

Como si fuese necesario recordárselo, como si no fuese suficiente con estar a los pies de la cama en la que su hijo dormía sin mostrar señales de vida, desde que lo médicos le sedaron y llevaron allí.

Frank no se movía, no hablaba, no abría sus hermosos ojos... Frank no hacía nada. No era nada en ese momento, sólo un cuerpo que vivía gracias a unas máquinas que le ayudaban a respirar y que bombeaban su sangre sin descanso.

Los ojos la mujer estaban enrojecidos por las largas horas que había pasado llorando, desde que encontró a su hijo y pensó que estaba muerto, hasta ahora que observaba la cantidad de tubos y cables conectados al frágil cuerpo de su pequeño. Su pelo se veía sucio y sin brillo y llevaba puesto lo primero que encontró en su armario la última vez que fue a su casa, un par de días antes.

Estaba absorta en sus pensamientos, recordando momentos de la niñez de Frank, cuando era un niño dulce y travieso, que no paraba quieto y no se callaba ni debajo del agua, cuando de repente, la máquina que medía los latidos de su corazón comenzó a pitar cada vez más rápido, haciendo un ruido que consiguió desquiciar del todo a la mujer.

Linda, muerta de miedo, salió de la habitación gritando y pidiendo ayuda, la cual no tardó en llegar, sin poder evitar que grandes lágrimas volvieran a escapar de sus ojos.

-Señora, quédese aquí mientras los doctores intentan reanimar a su hijo. -Le pidió una enfermera cuando intentó entrar en el cuarto de nuevo.

Linda se aferró a su marido, que esperaba fuera desde que ingresaron a Frank, sin poder contener el llanto, con un fortísimo dolor en el pecho y sintiendo que sus piernas dejarían de sostenerla en cualquier momento.

Transcurrieron unos minutos que a Linda y Frank padre se le hicieron los más largos de su vida, cuando una doctora de bata blanca se acercó a ellos a paso lento, alternando la vista seria de uno a otro.

Linda- ¿Cómo está mi hijo? -Preguntó desesperada.

Cheech- ¿Qué ha pasado? ¿Se encuentra bien?

-Lo lamento mucho. No hemos podido hacer nada por salvar a su hijo. -Informó con voz solemne.

Y entonces si, las piernas de Linda dejaron de funcionar y cayó al suelo llorando y gritando de impotencia a la vez que su marido se arrodillaba con ella y la abrazaba con todas sus fuerzas comenzando a llorar también.

Su pequeño hijo había muerto...

Cuando Cheech consiguió sacar a Linda del cuarto donde reposaba el cuerpo sin vida, después de vaciar su cuerpo lágrima tras lágrima, fueron en total silencio al coche, y con éste a casa.

Con pesadez entraron dentro de la casa, Linda ayudada por su marido, quien la sujetaba por la cintura intentando aparentar fortaleza, aunque por dentro estaba totalmente destrozado.

Al entrar, los recuerdos del que fue su hijo les golpearon al ver cada fotografía en la que aparecía, cada regalo que les había dado en fechas importantes... Y si eso fue difícil, fue peor cuando Linda, movida por alguna fuerza que desconocía, se dirigió a la habitación de su hijo y vio todas sus cosas, su ropa, sus discos, su amada guitarra que nadie más volvería a tocar, ya que Linda no lo permitiría.

Se sentó sobre la cara sollozando y la cara entre las manos mirando el piso cuando se dio cuenta del bolígrafo que había en el suelo, junto a un papel arrugado, como si después de escribirlo se hubiese arrepentido de ello.

Linda se agachó para coger el papel y con cuidado, y casi con miedo, lo abrió y comenzó a leerlo, reconociendo en él la letra desordenada de su pequeño.

Adiós.
Esto es lo único que puedo decir y hacer en estos momentos.
No tengo fuerza para seguir con mi vida si él no está conmigo.
Me prometiste no dañarme nunca, Gerard, y yo te creí.
Como el estúpido que soy creí cada palabra que me decía, cada "te amo" que me regalaste y cada sonrisa que me dedicaste.
Pero no debí de ser suficiente para ti, porque ni te pensaste lo de marcharte a otro país, a otro continente, y encima ni me lo dijiste, sólo te despediste de mi la noche de antes.
No puedes ni imaginarte lo mal que me hizo sentir que no confiases en mi.
Eso me ha hecho darme cuenta de que tal vez todo lo que pasó entre nosotros para ti no fue nada, que en realidad no sentías por mi todo lo que decías.
Cambié por ti, fallé a la promesa que me hice a mi mismo.
Y todo para que me dejes tirado.
Lo siento, lo superé una vez, pero no puedo hacerlo de nuevo, y menos si el causante eres tú.
Adiós.

Cuando terminó de leer la nota de suicidio que su hijo había escrito, solo pudo gritar con todas sus fuerzas deseando lo peor para ese pelirrojo que había sido el causante -directa o indirectamente- de la muerte de su hijo.
 
 
 

















 
 
G-¡NOOOOOOOO!

Un grito de verdadera desesperación llenó el cuarto donde Gerard dormía y éste se sentó de golpe en la cama.

Todo había sido una pesadilla. La peor pesadilla y la más real que había tenía en su vida.

Su corazón palpitaba intentando salir de su pecho, su frente estaba empapada de sudor, sus manos temblaban y sus ojos estaban empapados, igual que sus mejillas.

Justo en ese momento el despertador que anunciaba el comienzo de su tercer día en Italia empezó a sonar, retumbando en sus oídos.

No pudo evitar coger el teléfono y marcar el número de su hermano para preguntar por Frank, el cual le informó de que nada nuevo había pasado y seguía estable, aunque dormido aún. Nada de lo que vio en su pesadilla había ocurrido en realidad.

Gerard se levantó con pesadez de la cama, con un sentimiento de culpa mayor que antes y fue hasta el baño. Se observó en el espejo y no se reconoció en él.
Estaba más pálido de lo normal, tenía unas enormes ojeras moradas bajo sus ojos, sus labios estaba blanquecinos y resecos y su pelo totalmente despeinado y pegado a su piel.

Se deshizo de sus ropas y se metió en la ducha, sin poder evitar llorar de nuevo mientras dejaba que el agua caliente relajase los músculos de su espalda.
Se vistió con lo primero que encontró y cogió las cosas necesarias para su primer día de clases.

La residencia universitaria no estaba lejos de la universidad, así que no le costó demasiado trabajo llegar hasta ella, incluso en el estado ausente en el que caminaba por la calle.

Una vez allí, miró en sus papeles el número de su clase y fue hasta ella después de preguntar dónde se encontraba.

Entró y se sentó en la última fila de asientos, sin saludar a sus nuevos compañeros ni intentar entablar conversación con nadie, volviendo a hundirse en sus pensamientos mirando un punto fijo en la pared de la pizarra.

-¿Te encuentras bien? -Alguien pasó una mano por delante de su rostro haciéndole reaccionar.

G- ¿Eh? ¿Qué?

-¿Te ocurre algo? Tienes mala cara.

Una chica de pelo muy, muy corto y unos hermosos ojos verdes estaba sentada a su lado y él no se había dado cuenta.

G- Me ocurren muchas cosas, pero eso no te importa. -Respondió cortante.

-Oh, perdona, sólo quería saber si necesitabas ayuda. Se te ve distraído y estás tan pálido y ojeroso... -La chica habló con la cabeza gacha y se iba a levantar para irse, pero Gerard la detuvo.

G- Espera, no te vayas. Lo siento. Es que no he podido dormir. Me llamo Gerard.

-Yo soy Sheila. -Respondió ella con una gran sonrisa- ¿Eres nuevo, no?

G- Sí, llegué hace unos días pero no había venido aún. Hoy es mi primer día en la universidad. -Ella sólo asintió sin borrar esa sonrisa de su rostro- Por cierto, muchas gracias por preocuparte por mi.

Sheila- ¿Cómo no hacerlo? Alguien como tú no debería de sufrir. -Puso una mano sobre la que Gerard tenía sobre la mesa, pero al momento la quitó de ahí- Mm si necesitas una guía, una traductora, o simplemente alguien con quien hablar, avísame.

G- Muchas gracias. ¿Sabes italiano?

Sheila- Sí. Ya llevo viviendo aquí un par de años.

G- Pues la verdad es que no me vendrían nada mal unas clases de italiano, porque no tengo ni idea y no sé cómo voy a enterarme de lo que digan en clases. -Sonrió ligeramente.

Sheila- Oh, que linda sonrisa. Me gustaría verte sonreír más a menudo. -Hizo que Gerard se sonrojara, algo que no pasaba muy a menudo- Que tierno... En fin, que sí, cuando quieras empezamos con las clases. Y mientras, si no te separas de mi, será tu traductora personal. -Le tendió una mano.

G- Perfecto. -Estrechó su mano y justo en ese momento llegó el profesor, por lo que no pudieron seguir hablando.

El resto del día Sheila hizo lo que prometió y sirvió de traductora en las distintas clases que compartía con Gerard y en las horas libres, las cuales pasaron juntos.

Way poco a poco iba hablando más con ella, aunque en ningún momento soltó el móvil de sus manos, esperando cualquier llamada que le informase sobre Frank.

Sheila- ¿Esperas alguna llamada importante? -Cuestionó al ver que daba vueltas al aparato entre sus manos una y otra vez, mirando la pantalla cada poco.

G- Sí... Es que mi nov... mi mejor amigo está en el hospital y no saben si saldrá de ésta. -Sus ojos se aguaron de nuevo.

Sheila- Vaya, lo siento mucho. Puedes desahogarte conmigo, si quieres. -Le dijo pasando la mano por su espalda intentando calmarle.

Y sin poder evitarlo, Gerard se echó a sus brazos y comenzó a llorar por millonésima vez desde que Mikey le llamó en la noche.

Cuando consiguió reponerse un poco, le contó lo que había ocurrido en los últimos días y cómo había acabado Frank en ese hospital, obviando algunos detalles como el hecho de que fueron pareja.

Sheila- Lo tienes que estar pasando muy mal. -Le acarició el rostro- No quiero parecer entrometida ni nada de eso. Y tal vez me equivoque pero... ¿Frank era tu novio?

Gerard agachó la cabeza y asintió.

Sheila- Bueno, no te preocupes, seguro que todo termina bien.

G- Muchas gracias, Sheila. Me alegro mucho de haberte conocido. Si me disculpas, voy a llamar a mi hermano a ver si hay alguna novedad.

Sheila- Está bien. Yo me voy ya. ¿Nos vemos mañana?

G- Claro. -Sonrió- Ciao, Sheila.

El día acabó y Frank seguía igual. Nada había cambiado en su estado y la cuenta atrás llegaba a su fin...







Continuará...







 

sábado, 1 de octubre de 2011

Cap. 17 (segunda parte) "Obsesionados con el sexo"


Capítulo 17 (segunda parte):


Una sensación de vacío inundó el estómago de Gerard, quien se aferraba con todas sus fuerzas a la sábana de aquella que sería su cama por tres años.

Con sus ojos apretados y los puños igual, se retorcía en la cama intentando escapar de algo, de una sensación que se había clavado en su cuerpo y le provocaba una gran desesperación.

Cuando al fin consiguió abrir los ojos de aquella pesadilla, después de dormir un par de horas, se sintió desorientado y no comprendió dónde estaba.

Hasta que recordó que se hallaba en su habitación de su nueva residencia universitaria italiana.

Sentía un dolor extraño en su pecho y estaba sudando, con la sensación de que algo mala había ocurrido.
Se levantó sintiendo su cuerpo pesado y fue hasta el baño, donde abrió el grifo del lavabo para beber un poco y mojarse la cara, intentando despejarse de ese sentimiento tan oprimente.

Después volvió a su cama y se tumbó boca arriba con un brazo sobre los ojos, pero justo en ese momento, su teléfono móvil comenzó a sonar y vibrar sobre la mesilla de noche. Lo cogió y leyó en la pantalla que era Mikey quien llamaba.

G- Mikey, ¿qué ocurre?

Mikey- Es-Es Frank. Él... Él está... -Mikey no sabía cómo continuar y Gerard se sentó de golpe al escuchar su nombre, esperándose lo peor por esa angustia que aún sentía.

G- Joder, Mikey, ¡dime de una vez que ha pasado!

Mikey- Frank está en el hospital... Está sedado y le tienen en cuidados intensivos. Su madre le encontró en su habitación tirado en el suelo sin respiración.

G- ¿Qué? ¿Cómo está? ¿Qué le ha pasado?

Mikey- Ya te he dicho que está sedado. Ahora mismo solo duerme, no siente nada, ni puede hacer nada. Al parecer se bebió varias botellas de alcohol y lo mezcló con algunas pastillas antidepresivas. Cuando Linda volvió a casa llamó a su puerta y al ver que no abría, entró a ver si estaba y lo vio. Al llevarlo al hospital le hicieron un lavado de estómago pero sufrió un paro cardíaco y descubrieron que tenía algunos problemas internos, así que tuvieron que sedarle...

Gerard se había levantado de la cama y caminaba de un lado a otro sintiendo que su mundo se venía abajo.
Escuchaba cada palabra que su hermano le decía sin entender realmente, intentando apagar los sollozos desgarradores que luchaban por escapar de su garganta.

G- Es todo por mi culpa, joder. -Las lágrimas corrían por sus mejillas hasta chocar contra el suelo y su respiración estaba agitada.

Mikey- No, Gerard, ni se te ocurra decir eso. Tú no tienes la culpa.

G- Dime que se va a poner bien. Mikey, dime que no le pasará nada. -Se sentó en el suelo, abrazando sus rodillas y escondiendo su cabeza entre ellas.

El menor de los hermanos tardó un momento en contestar, pensando en la mejor forma de decirle las cosas a su hermano.

Mikey- Gerard... El médico ha dicho que si no despierta en un máximo de 5 días, lo más probable es que nunca lo haga.

Y en ese momento, Gerard sintió que todo en su vida había perdido sentido. No podía pensar en que nunca más volvería a ver a su Frankie. Y lo peor de todo, es que ni siquiera pudieron despedirse. Su última conversación había sido la peor pelea que pudo imaginar, peor incluso que cuando le partió el labio de un puñetazo.

Y estaba seguro de que, si no hubiese ido a Europa, Frank ahora mismo estaría tan feliz, probablemente entre sus brazos y no habría tomado ni alcohol ni antidepresivos.

G- T-Tengo que volver a Jersey.

Mikey- No, Gee. Si vuelves ahora perderás tu plaza. Solo llevas allí un día, no puedes dejar pasar esa oportunidad.

G- Pero se trata de Frank. Si muere y no lo veo, nunca me lo perdonaría... ¡Todo ha sido mi culpa!

Mikey- ¡Deja de decir eso! Tú no has hecho nada, ha sido él quien ha mezclado lo que no debía. -Dijo con enfado, pero en seguida volvió hablar de forma tranquila, intentando calmar al mayor- Tú quédate ahí. Si pasase algo te avisaríamos, y entonces podrás hacer lo que quieras. Pero, Gee, quédate. Te llamaré en cuanto haya la mínima novedad, ¿vale?

G- Está bien...

Mikey- Por favor, no hagas nada estúpido. Piensa en nosotros, en tu familia. Piensa en Frank. Él no querría que hicieses ninguna tontería. -Al no recibir respuesta, optó por despedirse- Te quiero, Gerard. Mañana te llamo.

G- Sí, adiós.

Gerard colgó el teléfono y cayó tendido boca abajo sobre el frío piso de madera, llorando desconsoladamente, pensando si hacer caso a su hermano o comprar un billete para el primer avión de vuelta a Jersey.

Al final, optó por hacer caso a su pequeño hermano, que siempre había sido el más sensato de los dos, quien pensaba las mejores soluciones para todo y en contadas ocasiones se equivocaba.
Además, sabía que solo pensaba en lo mejor para él.

Aún con la misma sensación que tenía cuando se despertó, terminó por caer dormido en medio del llanto y el dolor de su corazón, pues, aunque Mikey lo negase, sabía que él era el culpable de lo que había sucedido.





Continuará...